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¿Qué sucede si se rompe el contrato social entre la nación y el Estado?

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Si alguien le dijera que la única forma de ser libre es renunciar a sus libertades, se detendría a pensarlo, ¿verdad? Aunque esta frase, que parece contradictoria, señala una tensión paradójica, esta paradoja nos lleva, como individuos que han firmado un contrato social invisible, al punto de partida del mecanismo de funcionamiento social. Este contrato invisible, por supuesto, no es unilateral. Mientras que una de las partes de este contrato es el individuo, una personalidad jurídica, es decir, el ciudadano, la otra parte es el Estado, que es también una plantilla jurídica.

Este contrato, que no se encuentra escrito en ninguna parte, constituye la base de las relaciones modernas entre el Estado y el ciudadano. Este acuerdo silencioso, formado por la cesión de libertades y las garantías recibidas a cambio, afecta nuestra autonomía individual por un lado, mientras que por el otro, tiene como objetivo asegurar la continuidad de la funcionalidad estable de la sociedad. Al analizar este 'pacto de equilibrio', podemos comprender mejor cuán profunda es la relación entre las libertades personales y la seguridad colectiva, y por qué la gestión cuidadosa de esta relación es tan vital para el bienestar de cada ciudadano.

Mientras el individuo renuncia a muchas de sus libertades y transfiere sus facultades en el marco de este contrato social, el Estado asume todas estas facultades del ciudadano bajo garantía estatal. El Estado se compromete a administrar todas las facultades y derechos que recibe de los miembros de la comunidad de manera justa, pensando en el beneficio de la sociedad.

Cuando los diputados obtienen el derecho a ingresar al parlamento, prestan un juramento cuyo contenido se basa en su honor y dignidad. Este juramento, en esencia, está relacionado con el contrato social entre el Estado y los ciudadanos. Ojalá un encargo tan importante no hubiera quedado a merced de virtudes invisibles e imposibles de medir como el honor y la dignidad.

Por supuesto, el ciudadano no transfiere estos poderes de manera trivial. Además de internalizar la existencia y la integridad del Estado a través de un sentido de unidad, el ciudadano también apoya al Estado materialmente, es decir, con sus impuestos. A cambio, espera que el Estado represente y proteja a nivel institucional los derechos de sus ciudadanos, como el derecho a la vida, a la propiedad, a la educación, a la salud y a la seguridad. El Estado, a su vez, crea instituciones para cumplir adecuadamente con estas tareas que le han sido encomendadas por los ciudadanos.

Con las instituciones creadas en el marco de este contrato, el Estado garantiza a los individuos que viven bajo un techo estatal organizado servicios públicos colectivos que no podrían generar por sí mismos, como infraestructura, seguridad, salud y educación.

Además, el Estado crea leyes bajo su propia garantía, comprometiéndose a ser imparcial y justo con el pueblo. Ofrece a los individuos que viven dentro de la comunidad la garantía de que sus derechos serán protegidos por igual. Es decir, cuando un individuo sufre una injusticia, tiene la certeza de que sus derechos serán protegidos por el Estado.

De este modo, el individuo, que en una sociedad sin reglas donde todo es arbitrario se vería obligado a vivir bajo una amenaza constante, renuncia a parte de sus libertades y, mediante el contrato realizado con la superestructura, se siente seguro frente a todas las amenazas internas y externas gracias al poder y la garantía del Estado.

Es decir, al ceder sus libertades, espera recibir a cambio seguridad, justicia e igualdad...

Por lo tanto, la idea del contrato social, que afecta tan de cerca al ser humano civilizado, se ha convertido en uno de los conceptos más centrales de la filosofía política que examina la legitimidad de la autoridad estatal y los orígenes del orden social. 

"LEVIATÁN" Y "DOS TRATADOS SOBRE EL GOBIERNO CIVIL"

Thomas Hobbes, en su obra "Leviatán" escrita en 1651, afirma que si los seres humanos fueran dejados a su suerte sin una autoridad superior que establezca reglas, la sociedad se convertiría en una estructura donde "todos luchan contra todos". Según Hobbes, en esta estructura, al no existir industria, cultura o propiedades garantizadas, la vida humana sería "solitaria, pobre, desagradable, brutal y corta". Para escapar de esta situación caótica, los individuos aceptan un contrato social en el que transfieren sus libertades y poderes absolutos a una autoridad superior, un monarca soberano o un gobierno, a cambio de protección y orden social.

Por su parte, John Locke analiza la necesidad del contrato social desde una perspectiva algo más optimista. En su obra "Dos tratados sobre el gobierno civil", escrita en 1690, Locke define a la sociedad sujeta al contrato social como un estado donde existen libertades pero no libertinaje. Locke explica el contrato social basándose en el principio del consentimiento de los gobernados. Las personas renuncian a algunos de sus derechos para proteger sus vidas, sus libertades y sus propiedades. Sin embargo, para Locke, la condición previa para esta renuncia es que el gobierno ejerza su poder de manera justa y en beneficio del interés público.

¿QUÉ SUCEDE SI APARECEN GRIETAS EN ESTE CONTRATO ENTRE EL ESTADO Y LA NACIÓN? 

¿Qué ocurre si el individuo, al renunciar a su libertad, se aliena de la superestructura a la que confió su vida, propiedad, seguridad, salud y el futuro de las próximas generaciones, si pierde la confianza en las instituciones que representan estos conceptos y, en consecuencia, se rompe el vínculo contractual entre ambas partes?

Lo que hace que el individuo sea visible y comprensible dentro de la sociedad es, tanto como su propia existencia, el sentimiento de 'sentirse seguro' que le proporciona la estructura ordenada en la que vive. Si un individuo experimenta una especie de caos existencial en términos físicos, financieros y espirituales, y se siente amenazado desde todos los ángulos, ¿qué le sucede a ese individuo? Y lo que es más importante, ¿en qué se convierte una sociedad formada por estos individuos?

¿Se suicida un individuo que vive con ansiedad existencial, que no se siente seguro y que se enfrenta a peligros básicos como la falta de vivienda y el hambre debido a una crisis económica, cuando no puede soportar todas estas presiones? Si las tasas de suicidio en la sociedad aumentan por esta razón, ¿debe atribuirse esto a la psicología humana o al Estado, que es la fuente de la erosión sociológica y no cumple con sus deberes como debería?

EL NOMBRE DE LA TEORÍA DE ÉMILE DURKHEIM QUE ARROJA LUZ SOBRE ESTE TEMA ES ANOMIA 

Según Durkheim, la anomia es un estado de carencia de normas. En tiempos de cambios sociales rápidos o crisis económicas graves, las personas llegan a una situación en la que ya no pueden predecir qué esperar de las instituciones y de la sociedad, o qué se espera de ellas mismas. Esta situación significa que los individuos pierden las normas a las que están acostumbrados, lo que crea un estado de carencia de normas, es decir, anomia. La pérdida de las normas sociales genera incertidumbre y conduce a la falta de reglas de conducta claras.

DISCREPANCIA ENTRE LOS MEDIOS INSTITUCIONALES Y EL PUEBLO 

Robert Merton, al analizar las teorías de Durkheim con mayor detalle, arroja luz sobre este aspecto de la anomia. Merton afirma que la única forma legítima de acceso del pueblo a objetivos culturales como la seguridad y la riqueza es a través de la educación y las oportunidades laborales. Si los medios institucionales del pueblo, como la educación y el empleo, no son suficientes para alcanzar sus objetivos culturales como la riqueza y la seguridad, es decir, si existe una discrepancia entre los objetivos culturales y los medios institucionales, se espera que en este punto se produzca una pérdida de normas. Cuando las personas se dan cuenta de que las vías legítimas para alcanzar el éxito están bloqueadas, pueden mostrar una tendencia a recurrir a métodos ilegales, actos de violencia o a tomar la justicia por su propia mano para lograr sus objetivos o defender sus derechos.

ALGUNAS DE LAS SITUACIONES QUE LA ANOMIA, ES DECIR, LA PÉRDIDA DE NORMAS, PUEDE PROVOCAR EN LA SOCIEDAD SON LAS SIGUIENTES:

• Se observa un aumento en las tasas de criminalidad y en los comportamientos desviados. Esta situación eleva los niveles de estrés, ansiedad y paranoia en la sociedad. 

• La falta de igualdad en el acceso a derechos fundamentales como la educación, la salud y la justicia, aumenta la alienación social, lo que provoca una disminución de la solidaridad y una profundización de la división de clases.

• El distanciamiento de la población respecto al Estado y la búsqueda de métodos ilegales alternativos para protegerse, o el intento de obtener ingresos mediante procedimientos ilícitos, aumenta la carga sobre las instituciones estatales y el gobierno, dificultando el control de los recursos y provocando disfunciones en el funcionamiento institucional.

• Dado que la inseguridad económica dentro del país aumenta el nivel de riesgo para los inversores, los inversores locales trasladan su capital al extranjero, mientras que los inversores extranjeros desisten de invertir en el país.

• La evaluación de la creciente inestabilidad política y social como un factor de riesgo en el ámbito internacional perjudica la calificación crediticia del país; esto aumenta los costos de adquisición de nueva deuda, lo que provoca que el país se endeude más, dificultando su acceso a los mercados financieros internacionales y limitando su margen de maniobra financiera.

TRAMPAS DE NORMAS ALTERNATIVAS 

Como resultado, debido a la degeneración de las normas, el pueblo, al perder la confianza en las instituciones, se siente desamparado y amenazado en todos los sentidos. Por lo tanto, impulsado por una ansiedad existencial instintiva, comienza a buscar soluciones alternativas para protegerse a sí mismo, a su familia y a sus bienes. 

Los individuos que experimentan desviaciones o retrasos en materia de seguridad y justicia, especialmente aquellos con recursos económicos que se dedican al comercio, recurren a grupos mafiosos armados en busca de protección en lugar de acudir al Estado. Esto significa que el dinero sale de la circulación estatal oficial y se convierte en dinero no registrado que se transfiere a la economía delictiva.

La desconfianza en las instituciones de salud lleva a la población hacia la medicina alternativa o hacia corrientes de tratamiento irracionales o espirituales, lo que causa daños irreversibles en la salud física y mental de las personas. El dinero que debería destinarse a las instituciones de salud termina en los bolsillos de charlatanes, pasando nuevamente a la economía sumergida.

La población, al romper sus vínculos con el sistema educativo, opta por escuelas privadas en lugar de escuelas públicas, asumiendo así una carga económica considerable. El hecho de que los jóvenes, al pensar que no podrán alcanzar el nivel de bienestar cultural al que aspiran estudiando y trabajando en su propio país, emigren al extranjero, provoca una erosión irreparable en el nivel intelectual de la nación.

LAS VERDADES A VECES SON CLICHÉS: "TODOS ESTAMOS EN EL MISMO BARCO"

Las verdades a veces son amargas, sí, pero a veces también son clichés. Lamentablemente, expresándolo de la forma más  cliché posible, todos estamos en el mismo barco, y hace mucho tiempo que las velas que desplegamos en contra del viento se hicieron pedazos. La sala de máquinas del barco parece estar dañada y sin combustible. Nuestros físicos e ingenieros, capaces de reparar el barco, trabajan en otros países del mundo en laboratorios asignados para ellos, recibiendo premios internacionales. Por alguna razón, no se consulta adecuadamente a los científicos que quedan en el barco, y no hemos enseñado evolución ni cálculo a los jóvenes. El contrato entre los pasajeros y la tripulación veterana se lo ha llevado el viento, y además, la brújula se ha perdido. Si no tienes alas, y no tienes un avión o helicóptero privado que te saque de la cubierta de este barco que hace aguas para llevarte a volar, es hora de tomar aguja e hilo y, usando nuestra propia ropa, coser una vela remendada. Es hora de enviar a nuestros escolares a laboratorios de física en lugar de a santuarios y tumbas de santos, enseñándoles cálculo, matemáticas, biología, química y astronomía, para así producir nuestro propio astrolabio.Como bien sabrá, no hace falta ser un erudito para predecir el destino de un barco que hace aguas, que no tiene brújula y que carece de velas.