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¡Ejercicio de guerra en un país sísmico! ¡Demostración de fuerza en el cielo, silencio bajo tierra!

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Anoche se produjo un terremoto de magnitud 6.2 frente a las costas del Mediterráneo. La tensión sísmica sigue acumulándose a lo largo del arco helénico. Los expertos llevan mucho tiempo advirtiendo sobre los grandes terremotos que se esperan en el Egeo y el Mediterráneo. El peligro crece, el subsuelo está activo. Cada nuevo temblor podría ser el presagio de uno mayor.

Y esta mañana… los cielos de Antalya retumbaron con el zumbido de los helicópteros Sikorsky. Las Fuerzas Armadas Turcas estaban recreando escenarios de guerra en el marco del ejercicio Denizkurdu-II/2025. Mientras los helicópteros militares hacían una demostración en el cielo, la gente levantaba la vista para observar. Sin embargo, la verdadera amenaza no viene de arriba, sino de debajo de nuestros pies.

Aún no han pasado ni dos años desde los terremotos del 6 de febrero. Enterramos a decenas de miles de personas. Los gritos silenciosos de los niños bajo los escombros todavía resuenan en nuestros oídos. ¿Qué estamos haciendo? Un ejercicio de guerra. Un ejercicio de guerra en lugar de un simulacro de terremoto.

Frente a las costas de Antalya, un helicóptero realizó un aterrizaje de emergencia en el mar debido a una avería. Afortunadamente, la tripulación fue rescatada. Pero, ¿qué habría pasado si hubiera ocurrido un gran terremoto al mismo tiempo?

Turquía es un país sísmico. Esto no es una excepción, es una realidad. En cualquier momento y en cualquier lugar, puede ocurrir una gran destrucción. Un simulacro de terremoto puede salvar muchas más vidas que un ejercicio de guerra. Pero nuestras prioridades parecen como si el enemigo fuera a venir de otro lugar.

Las demostraciones en los cielos pueden ser deslumbrantes. Pero el peligro silencioso bajo tierra es más mortal. Actualmente no estamos siendo amenazados por una guerra; pero cada día somos puestos a prueba por los terremotos. La prioridad de este país no debería ser la seguridad militar, sino la seguridad humana. No se debe construir hormigón, sino conciencia.

Y ahora debemos preguntarnos:

¿Para qué nos estamos preparando? ¿Para la probabilidad real o para una amenaza imaginaria?