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¿No ha llegado el momento de hacer brillar la República que hemos dejado marchitar?

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¡Celebrar el centenario de nuestra República no consiste solo en colgar banderas, sino en saber afrontar la realidad!

Como descendientes de un líder que arriesgó su vida para expulsar de estas tierras a italianos, franceses, griegos, ingleses y a las potencias imperialistas, y para crear una administración laica, una nación totalmente independiente, libre de mandatos, fanatismos y del islamismo dogmático, donde las mujeres y el pueblo fueran libres,

¿Cuánto hemos defendido nuestra República?

¡El coraje es el paso que se da a pesar del miedo! Su coraje superó sus miedos. Inició nuestra lucha de liberación arriesgándose a ser declarado traidor a la patria.

¿Y nuestro coraje?

Desde el momento en que la mentalidad de "o estás conmigo o serás eliminado" comenzó a inyectarse en las venas vitales del país, ¿quién de nosotros se atrevió a dejar sus cargos? ¿Quién de nosotros prefirió caminar con su conciencia? ¿Quién de nosotros eligió el coraje?

Como ciudadanos de un país donde nos han polarizado como si fuera un sistema de castas —religiosos y laicos, partidarios y opositores, ricos y pobres—, somos moralmente responsables por haber permitido esto.

Celebrar el centenario de nuestra República no comienza con colgar banderas, sino con ser la República misma.

Porque la República no es solo una forma de gobierno, ¡es nuestra lucha de liberación ganada contra los ocupantes!

Porque la República es la lealtad a las palabras de nuestros abuelos: "O independencia o muerte". Es sacrificar la vida sin pestañear.

Porque la República es una revolución para las mujeres de este país.

Porque la República es el derecho a la educación igualitaria para cada individuo.

Porque la República es la igualdad de oportunidades.

Porque la República es la garantía de una distribución equitativa y justa de la riqueza.

Porque la República es la paz y la armonía social.

Porque la República es no doblegarse ante la autoridad.

Porque la República es la base de una justicia imparcial.

Porque la República es la libertad de decir, escribir y difundir lo que uno piensa...

Porque la República es la autosuficiencia en la agricultura.

Porque la República es ser un individuo, no alguien que se somete.

Al entrar en el centenario de nuestra República, debemos afrontar la realidad y preguntarnos lo siguiente:

¿Por qué no pudimos ser tan valientes como tú, Atam?

Mientras entramos en nuestro segundo siglo con la cabeza baja y vergüenza ante nuestro Padre, sueño con una Turquía donde vivamos nuestra República con nuestra esencia y la interioricemos. ¿Es necesario que pasen otros 100 años para esto?

¿No ha llegado el momento de hacer brillar la República que hemos dejado marchitar?