Encuentra noticias publicadas en el siguiente rango de fechas
y y
y y
y y
Limpiar
Euro
Arrow
55,2616
Dolar
Arrow
47,8314
Libra esterlina
Arrow
64,5657
Oro
Arrow
6725,6349
BIST 100
Arrow
14.132

Las guerras no comienzan en el campo de batalla

No dejes que el algoritmo elija tus noticias, decide tú qué leer. ¡Añade 12punto a tus fuentes preferidas!

Las guerras a menudo no comienzan en el momento en que se dispara la primera bala; por el contrario, son un indicador de que las tensiones acumuladas durante mucho tiempo se han vuelto visibles. 

La operación militar lanzada por Pakistán contra Afganistán el 27 de febrero, aunque a primera vista parece un nuevo reflejo de los problemas crónicos de seguridad entre ambos países, el momento de los acontecimientos exige observar esta intervención desde una perspectiva más amplia. Esta operación, que apunta directamente a la administración talibán, está lejos de ser un movimiento que pueda explicarse únicamente desde la perspectiva de la seguridad fronteriza o la lucha contra el terrorismo.

Leer el panorama actual solo a través del eje de la seguridad resulta insuficiente. Esto se debe a que la operación de Pakistán tuvo lugar apenas un día antes del ataque de Israel y Estados Unidos contra Irán. Esta llamativa coincidencia temporal sugiere que los acontecimientos en la región no son independientes entre sí, sino que, por el contrario, podrían ser piezas de un panorama estratégico mayor.

En línea con estos desarrollos, en un período en el que aumenta la presión militar sobre Irán, el hecho de que Pakistán abra un frente militar en la línea de Afganistán ha vuelto a poner sobre la mesa los debates sobre el "cerco a Irán". Mientras que el anuncio de la administración talibán en Afganistán de que apoya a Irán hace que los puntos de ruptura en la región sean aún más evidentes, la cooperación en defensa que Pakistán ha desarrollado con Arabia Saudita ofrece pistas sobre una posible confrontación regional.

Además, la política exterior multidimensional que Pakistán ha seguido en los últimos años también es notable. Islamabad, que por un lado mantiene sus relaciones económicas y estratégicas con China y, por otro, busca un acercamiento renovado con Estados Unidos, está tratando en realidad de establecer un equilibrio entre dos grandes potencias. Además, el hecho de que Estados Unidos se haya retirado de Afganistán no significa que haya abandonado la región; por el contrario, parece que Estados Unidos está tratando de establecer una nueva política de equilibrio a través de Pakistán.

En este marco, tres elementos fundamentales destacan en el trasfondo de dicha estrategia: limitar la influencia regional de China, equilibrar a Irán y mantener bajo control el acceso a los recursos energéticos y de tierras raras de Asia Central. Por lo tanto, la operación de Pakistán contra Afganistán debe leerse no solo como un movimiento de seguridad, sino también como uno económico y geopolítico.

Por otro lado, el hecho de que Afganistán haya reducido recientemente su dependencia económica de Pakistán y esté desarrollando rutas comerciales alternativas con Irán e India supone una grave pérdida estratégica para Islamabad. El movimiento de la India para abrirse a Asia Central a través del puerto de Chabahar tiene el potencial de excluir a Pakistán de la ecuación comercial regional. Esto demuestra claramente cuán entrelazados están los movimientos militares con la competencia económica.

Como resultado natural de estos acontecimientos, la tensión que se vive hoy entre Pakistán y Afganistán ha dejado de ser un problema fronterizo entre dos países. Esta línea, que conecta el sur de Asia, Asia Central y Oriente Medio, se está convirtiendo en uno de los nuevos frentes de la competencia de poder global.

De hecho, en un momento en que aumenta la presión militar sobre Irán y se están reconfigurando los corredores energéticos y comerciales, la posición geoestratégica de Afganistán se ha vuelto aún más crítica. Cualquier inestabilidad en esta geografía podría afectar no solo a los países de la región, sino a una amplia red económica y de seguridad que se extiende desde Rusia hasta Europa.

En conclusión, la operación de Pakistán contra Afganistán no puede evaluarse ni como un simple movimiento de seguridad fronteriza ni como un reflejo militar momentáneo. Este desarrollo es parte de una cadena de crisis geopolíticas que surge simultáneamente con la guerra de Irán y que se expande gradualmente.

Por lo tanto, el panorama que tenemos hoy ante nosotros es muy claro: Los conflictos que ocurren en diferentes frentes son, en realidad, diferentes movimientos del mismo juego estratégico. Y este juego ha crecido tanto que ya no solo reconfigurará los equilibrios de poder regionales, sino también los globales.