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Pesadilla de guerra

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En horas de la mañana, se inició un ataque contra Irán por parte de Israel con el apoyo de Estados Unidos. Los nombres de la operación, “Furia Épica” por parte de EE. UU. y “León Rugiente” por parte de Israel, resumen también el objetivo del ataque: mientras que EE. UU. busca influir en el pueblo iraní demostrando determinación estratégica, Israel tiene como objetivo proteger su existencia y enviar un mensaje de disuasión.

Esta vez, a diferencia de operaciones anteriores, los ataques se llevan a cabo con una estrategia de ataques de precisión. Los objetivos se han concentrado tanto en las estructuras centrales de Irán como en su infraestructura estratégica. Se han atacado la oficina del Líder Supremo Alí Jamenei, el centro de la Guardia Revolucionaria, los edificios del Estado Mayor y de inteligencia, rampas de misiles, depósitos e instalaciones subterráneas, así como las ciudades de Kermanshah, Qom, Isfahán y Tabriz.

Además, también se han tomado como blanco los mares y puertos. Los buques de guerra en el Golfo Pérsico y el Mar de Omán, así como las ciudades portuarias estratégicas de Bandar Abbas, Bushehr y Chabahar, han sido puntos atacados.

Un día antes del ataque, se produjeron explosiones en Teherán y algunas otras ciudades, pero no se realizó ninguna declaración al respecto. Estos actos, que podrían haber sido organizados desde el interior, fueron llevados a cabo por una unidad u organización desconocida y podrían constituir una actividad dirigida contra el gobierno.

Las explosiones ocurridas y las acciones dirigidas contra el gobierno muestran que el ataque no solo apunta a la infraestructura, sino también al cuadro de liderazgo. En este contexto, la dimensión política del ataque demuestra que está directamente relacionada con la seguridad y la libertad de movimiento de Jamenei.

No está claro dónde se encuentra Jamenei; se anuncia que está en un lugar seguro, e incluso se baraja la posibilidad de que esté en Rusia.

Entre los objetivos de la operación también se encuentran, según se alega, el presidente Masoud Pezeshkian, el jefe del Estado Mayor Seyed Mousavi, el secretario del Consejo de Defensa Ali Shamkhani y el secretario del Consejo de Seguridad Nacional de Irán, Ali Larijani. En este contexto, el llamado del presidente estadounidense Trump al pueblo iraní subraya que la operación militar por sí sola no logrará el éxito, enfatizando la importancia del apoyo popular y las dinámicas internas.

Estas dinámicas también se han reflejado en la forma en que el pueblo expresa sus reacciones. Aunque la gente no sale a la calle por motivos de seguridad, han mostrado su rechazo desde los balcones con consignas como “Muerte a Jamenei”.

Al evaluar la posibilidad de una guerra civil, es probable que la postura de los kurdos y los baluchis desempeñe un papel importante en la determinación del curso del proceso. Sin embargo, al observar las declaraciones hechas por turcos, baluchis y kurdos en los primeros días de las protestas, se ve que estos grupos están en gran medida a favor de una estructura estatal federal.

Al observar las dinámicas internas de Irán, podría producirse una movilización de los opositores al régimen. Por ejemplo, la liberación de presos políticos y sus intentos de tomar el control de la administración podrían considerarse un escenario posible. Estos desarrollos podrían preparar el terreno para que, en caso de que las tropas estadounidenses ingresen desde las fronteras de Irak, Turkmenistán y Azerbaiyán, la confusión interna crezca rápidamente y se brinde apoyo para el establecimiento de un nuevo gobierno.

Aunque la guerra terrestre se considera arriesgada, EE. UU. e Israel podrían apuntar a tomar el control tanto de la zona costera como de sus alrededores mediante una operación de desembarco aéreo en las ciudades estratégicas de la costa del Golfo Pérsico.

El ataque de Pakistán contra Afganistán el 27 de febrero también es importante en este contexto, porque Pakistán conoce bien la región y puede influir directamente en las dinámicas estratégicas en la frontera. La provincia de Sistán y Baluchistán, situada en el sureste de Irán y donde convive la población chií y suní, limita con Pakistán y Afganistán. La región de Baluchistán, dividida entre diferentes países, tiene la característica de poder afectar la integridad territorial de Irán y Pakistán.

La región de Baluchistán tiene una importancia estratégica debido a los proyectos de oleoductos y gasoductos, y ocupa una posición especial al ser el único punto que domina el Mar de Omán. Además, tiene una posición para controlar el transporte de energía a través del Golfo Pérsico. Por lo tanto, el caos o la guerra civil que pueda ocurrir en la región podría afectar la seguridad energética.

Mirar la guerra entre Pakistán y Afganistán solo a través del argumento del ataque de Pakistán sería engañoso. La expectativa de EE. UU. e Israel podría ser que Pakistán neutralice a las organizaciones radicales en la frontera con Irán y mantenga así la frontera bajo control, creando de esta manera un Irán bajo su propio control frente a Rusia y China.

De manera similar, el despliegue de tropas por parte de Israel en la frontera con el Líbano y el ataque a la infraestructura de Hezbolá también pueden leerse como parte de un plan más amplio. Estos movimientos estratégicos muestran que la operación ha sido planificada de antemano y es multidimensional.

El hecho de que la operación haya sido planificada con semanas de antelación demuestra que los procesos de negociación eran simbólicos y que el ataque se llevaría a cabo con determinación. El hecho de que se continuara con el plan de ataque previendo que las negociaciones no darían resultados, indica que los estados de la región han sido incluidos en el proceso relacionado con el ataque y han sido convencidos.

La dirección y la forma de los ataques revelarán qué países de la región desempeñan un papel activo en el proceso venidero.

En conclusión, esta operación no es solo una acción militar, sino que tiene el carácter de una prueba estratégica, política y regional. Lo que determinará la dirección y el resultado de la guerra no son los nombres de las operaciones, sino el contexto histórico y las decisiones estratégicas que se tomen. Las experiencias pasadas demuestran que la planificación estratégica es decisiva en este tipo de conflictos.

Con el ataque coordinado de EE. UU. e Israel, ya no solo se están atacando las ramas de los árboles, sino la raíz del árbol. Esta situación, mientras debilita la infraestructura y la capacidad militar de Irán, también desencadena disturbios internos y desequilibrios regionales.

El resultado de la guerra parece depender no solo del uso de la fuerza, sino de las decisiones que se tomen en un contexto estratégico e histórico.