China decide tomar represalias contra las restricciones comerciales de EE. UU.
El gobierno de Pekín ha respondido a las sanciones y prohibiciones de Estados Unidos contra drones y empresas chinas con duras medidas económicas, imponiendo nuevas restricciones a las empresas estadounidenses.
La disputa comercial y tecnológica que ha aumentado en los últimos meses entre China y EE. UU. ha entrado en una nueva fase. El gobierno chino ha respondido a la prohibición de importación de drones de origen chino por parte de EE. UU. y a la inclusión de 43 empresas chinas en una lista negra con medidas de represalia integrales. En este contexto, se han aplicado sanciones a seis organizaciones estadounidenses, se ha limitado el papel de las empresas de certificación con sede en EE. UU. en el mercado chino y se han endurecido los controles de exportación.
En el marco de las medidas adoptadas por Pekín, se ha prohibido a seis empresas y organizaciones estadounidenses, entre ellas Applied DNA Sciences Inc. y Human Rights in China, realizar actividades comerciales en China y hacer negocios con entidades locales. Por su parte, todas las actividades de la firma Compliance Testing LLC en el país han sido suspendidas bajo el argumento de que realizaba actividades en contra de la soberanía y la seguridad de China.
En un comunicado del Ministerio de Comercio de China, se subrayó que los últimos pasos son una respuesta a las nuevas decisiones de sanción implementadas por EE. UU. y se incluyeron las siguientes declaraciones: "China no ha tenido más remedio que tomar las contramedidas necesarias". El ministerio también instó a EE. UU. a levantar dichas restricciones y a no tensar más las relaciones, señalando que, de lo contrario, podrían ponerse sobre la mesa nuevas medidas.
Los últimos acontecimientos han ensombrecido la atmósfera de consenso alcanzada anteriormente entre los líderes de ambos países. Tras la última reunión entre el presidente chino, Xi Jinping, y el presidente estadounidense, Donald Trump, las expectativas de una distensión en las relaciones habían aumentado. Sin embargo, la guerra comercial se ha reavivado antes de la visita prevista de Xi a EE. UU. en septiembre.
La parte estadounidense ha impuesto una prohibición temporal a la exportación de "masa negra" obtenida del reciclaje de baterías y de chatarra de tungsteno utilizada en la industria de defensa hacia China. Haciendo hincapié en las preocupaciones de seguridad nacional, la administración estadounidense ha desarrollado nuevas medidas para reducir la dependencia de China en el suministro de metales críticos. La semana pasada, el presidente estadounidense, Donald Trump, declaró que la escasez de suministro de ciertos metales constituye un riesgo nacional y dio instrucciones al Departamento de Comercio para que prepare medidas adicionales.
China, por su parte, ha introducido la obligatoriedad de inspección y aprobación caso por caso para la exportación de vehículos aéreos no tripulados utilizados con fines militares y civiles. Se informó que la exportación de vehículos aéreos no tripulados a EE. UU. estará sujeta a controles más estrictos a partir de ahora. Además, se señaló que el software de impresión y los equipos de oficina importados también están siendo sometidos a evaluaciones por motivos de seguridad nacional.
Se ha realizado un cambio importante en el proceso de Certificación Obligatoria de China (CCC), donde se determinan los estándares de seguridad de los productos electrónicos. A partir de ahora, las empresas de auditoría con sede en EE. UU. no podrán realizar auditorías de fábrica para empresas chinas; esto obligará a los fabricantes estadounidenses a trabajar con entidades no chinas en los procesos de certificación.
Estos pasos mutuos afectan directamente tanto a los equilibrios comerciales como a la atmósfera política entre ambos países, mientras se sabe que la Comisión Federal de Comunicaciones de EE. UU. también anunció la semana pasada nuevas prohibiciones a la importación de robots humanoides y convertidores de potencia de origen chino.
En conclusión, la disputa comercial y tecnológica entre Pekín y Washington continúa escalando con nuevos movimientos de sanciones; los expertos prevén que esta tensión podría tener efectos profundos en las cadenas de suministro y los mercados globales.
Fuente de la noticia: 12punto
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