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La República y la economía pública

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El ministro del Tesoro y Finanzas, Mehmet Şimşek, al afirmar que se necesita al menos un año para ver los resultados de la política monetaria, declaró: “Queremos salir del sistema de depósitos protegidos por el tipo de cambio”. De este modo, se vislumbra el fin de uno de los proyectos más importantes del anterior ministro, Nurettin Nebati. Estas políticas, diametralmente opuestas entre sí, aplicadas por dos ministros que sirvieron uno tras otro bajo el mismo partido y el mismo gobierno, han demostrado una vez más que no existe coherencia ni estabilidad en las políticas económicas.

Lo sabemos; en Turquía, el déficit por cuenta corriente es alto. El déficit comercial exterior es alto. El déficit presupuestario es alto. La inflación es alta. La deuda externa es alta. El desempleo es alto. El tipo de cambio es alto. Turquía ha quedado atrapada en la trampa de los ingresos medios.

Lo sabemos; Turquía necesita urgentemente la entrada de recursos externos y capital extranjero. Por supuesto, la naturaleza del capital extranjero que llega también es importante. ¿Viene para la privatización? ¿Viene para ganar dinero a través del dinero? ¿Viene para comprar bienes raíces? ¿Viene para establecer fábricas y producir?

También debemos debatir lo siguiente: ¿En qué se gastan principalmente los impuestos, que constituyen la mayor partida de ingresos del Estado? ¿Hasta qué punto son productivas las inversiones realizadas? ¿Qué tan eficientes son?

Las respuestas a todas estas preguntas, especialmente el interés que muestre el capital extranjero, están estrechamente relacionadas con la reputación de nuestro país en el mundo. Porque hay dos elementos principales que demuestran la reputación política y simbólica de un Estado: uno es la fortaleza de su moneda y el otro es la fortaleza de su pasaporte. Tanto el bajo valor de nuestra moneda como el hecho de que nuestro pasaporte se encuentre en los puestos intermedios de la lista de los pasaportes más respetados del mundo es una amarga realidad de nuestro país.

¿CUÁL ES LA SOLUCIÓN?

Para resolver los problemas enumerados anteriormente, es necesario, en primer lugar, orientarse hacia una estrategia de desarrollo integral y una economía de producción. Esto es una necesidad para nuestra República, cuyo centenario celebramos. La República, entre otras cualidades, significa interés público y planificación. Para un desarrollo republicano, lo que hay que hacer ya está claro.

Para ello, primero se deben identificar los problemas sobre la base de la razón y la ciencia, clasificar las prioridades, abordar las propuestas de solución y determinar las estrategias nacionales. A escala social, se deben seguir políticas que protejan y prioricen a los trabajadores, los oprimidos, los comerciantes, los campesinos, los agricultores y los funcionarios públicos. Turquía debe centrarse en la producción, la inversión, el empleo y las exportaciones.

Para que la distribución de la economía sea justa, se requiere, ante todo y especialmente, claridad ideológica. Solo si esto ocurre, los recursos podrán utilizarse teniendo en cuenta las necesidades, los intereses y las demandas de amplios sectores de la población. Esta elección es, por supuesto, ideológica. Porque el problema no es financiero, es principalmente político. Porque las preferencias económicas determinan las preferencias políticas. La economía no es independiente de la política, están entrelazadas.

Turquía no debe orientarse hacia las recetas del FMI y el Banco Mundial, sino hacia la planificación. Debe planificar sus ciudades, su población, su industria, su agricultura, sus recursos subterráneos y superficiales. Para utilizar sus recursos de la manera más eficiente, junto con la planificación, debe seguir políticas económicas populares, estatistas y de interés público.