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Competencia justa en el turismo digital

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Publicado: 11.10.2026 06:00

Uno de los temas más importantes de la agenda turística de esta semana ha sido la propuesta de ley que busca regular las actividades de las plataformas digitales extranjeras en Turquía. La normativa, aprobada en la Comisión de Obras Públicas, Reconstrucción, Transporte y Turismo de la Gran Asamblea Nacional de Turquía (TBMM), no solo afecta las operaciones de plataformas globales como Booking, Airbnb y similares, sino que también conlleva un debate más amplio sobre cómo se definirá la competencia en el proceso de digitalización del turismo en Turquía.

Una de las transformaciones más importantes que ha experimentado el sector turístico en las últimas dos décadas ha ocurrido no tanto en el viaje en sí, sino en la forma en que se adquiere el viaje. Desde la reserva de hoteles hasta los billetes de avión, pasando por los traslados y la venta de experiencias, el consumidor ya no se encuentra directamente con una agencia de viajes, sino con plataformas digitales que operan a escala global.

Esta transformación, sin duda, ha proporcionado importantes facilidades. El consumidor puede acceder a más opciones, comparaciones de precios y productos turísticos en diferentes puntos del mundo en cuestión de minutos. Sin embargo, esta eficiencia que aporta la digitalización plantea una pregunta fundamental: ¿Están todos los actores que operan en la economía digital sujetos a las mismas reglas?

La normativa en la agenda del Parlamento se articula precisamente en torno a esta cuestión. La propuesta, al tiempo que impone diversas obligaciones a las plataformas digitales extranjeras, como permisos de operación, la necesidad de contar con un representante en Turquía, impuestos y contribuciones al turismo, prevé que ciertos servicios que entran en el ámbito de las agencias de viajes sean ofrecidos a través de agencias de viajes autorizadas.

Sería incompleto evaluar esta regulación únicamente desde la perspectiva de "proteger a las agencias locales". La esencia del asunto radica en que la competencia se lleve a cabo en condiciones justas.

Una agencia de viajes que opera en Turquía funciona dentro de un marco regulatorio amplio que abarca desde la legislación del consumidor hasta las obligaciones fiscales, pasando por las responsabilidades profesionales y los mecanismos de certificación y auditoría. Si una plataforma digital entra en el mismo mercado con obligaciones diferentes, el problema que surge no es solo económico, sino también jurídico y estructural.

El punto a tener en cuenta aquí no debería ser impedir la existencia o el crecimiento de las plataformas digitales. No es posible, ni deseable, revertir la digitalización. El verdadero problema es lograr el equilibrio adecuado entre la innovación que aportan las plataformas digitales y la protección del ecosistema económico local.

Porque el turismo no es solo un sector donde se venden habitaciones y billetes de avión. La economía turística de un destino constituye una amplia cadena de valor que va desde guías hasta agencias de viajes, desde restaurantes hasta empresas de traslados, y desde museos hasta productores locales. A medida que crece la cuota de las plataformas digitales en esta cadena, es necesario plantearse no solo el volumen de reservas, sino también la pregunta de dónde se crea el valor y dónde se queda el ingreso.

Aquí es donde cobran sentido las principales objeciones destacadas en las recientes declaraciones de TÜRSAB. Se argumenta que el hecho de que las plataformas extranjeras operen sin establecer una empresa en Turquía o sin estar sujetas a las mismas obligaciones que las agencias locales puede crear una desigualdad en términos de competencia. Este enfoque tiene un aspecto importante sobre el que reflexionar: Las obligaciones exigidas a las empresas locales no deberían desaparecer por completo cuando se trata de empresas globales.

Por otro lado, tampoco sería correcto que la regulación se convirtiera únicamente en un enfoque proteccionista. La tecnología, la experiencia de usuario, el acceso y el poder de marketing internacional que ofrecen las plataformas globales también crean oportunidades importantes para el turismo turco. Lo que Turquía necesita no es luchar contra las plataformas digitales, sino determinar bajo qué condiciones y dentro de qué marco de reglas trabajar con ellas.

A más largo plazo, se necesita una Turquía que no solo regule las actividades de las plataformas extranjeras en el país, sino que también desarrolle su propio ecosistema de tecnología de viajes. No es posible crear una ventaja competitiva duradera solo a través de la legislación sin apoyar la digitalización de las empresas de viajes locales, el uso de análisis de datos e inteligencia artificial, la capacidad de llegar directamente al consumidor y el acceso a los mercados internacionales.

Por lo tanto, la pregunta que debe debatirse en el próximo periodo no debería ser "¿plataformas o agencias?".

La verdadera pregunta es:

¿Dentro de qué reglas y entre quiénes se compartirá el valor económico creado por la digitalización en el turismo?

Una regulación bien preparada no debería obstaculizar a las plataformas digitales ni permitir que el sector local quede en condiciones de competencia desigual. Mientras se protege la libertad de elección del consumidor, también se deben garantizar la justicia fiscal, la seguridad del consumidor, la transparencia y la igualdad de competencia.

Porque el futuro del turismo no pasa solo por digitalizarse más.

El verdadero problema es poder seguir siendo justos mientras nos digitalizamos.

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