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La incultura de los influencers: De la rueda de prensa al casino

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En las primeras filas de las ruedas de prensa ahora hay un tipo familiar: el influencer. No llegan a ser periodistas de pleno derecho, pero tampoco tienen el peso de una celebridad. Esta indefinición, que podría describirse como de "talla de camarero", se refleja también en sus formas de comportamiento. Carecen de la disciplina de la prensa y están lejos de la dignidad de una celebridad. El resultado: una masa que se abalanza groseramente a las primeras filas, que no piensa en que los que están detrás puedan grabar y que cree que todo el mundo está allí para verles a ellos.

El precio de la incultura: Masas de zombis sin cerebro

Detrás de este comportamiento hay una decadencia más amplia. Recordemos la moda de "manosear la comida" que se ha extendido en las redes sociales. Fenómenos que golpean masas, aprietan carnes o juegan con batidoras... No solo con la comida; es una actitud que también se ve al presentar coches, acariciando el volante y cargando cada objeto con una "connotación erótica". El mecanismo aquí es muy simple: atraer la atención instantáneamente apelando al cerebro primitivo. Este método, utilizado en aras de las visualizaciones, puede funcionar a corto plazo, pero a largo plazo se paga otro precio. Porque estos contenidos crean masas de zombis sin cerebro que no piensan, no cuestionan y se dejan arrastrar tras placeres instantáneos.

La metáfora del casino

La relación de los fenómenos con las visualizaciones y los «me gusta» es similar a la de un jugador que entra en un casino. Con la primera moneda se encienden las luces, suena la música y llega un pequeño premio. Nace la sensación de "entonces, puedo hacerlo". Luego, para volver a experimentar la misma emoción, hay que asumir mayores riesgos. Los «me gusta» y los seguidores son estos pequeños premios. Al principio parecen atractivos, pero la regla del juego es clara: al final, siempre gana la casa. El cuerpo y el alma del fenómeno son como las fichas dejadas en la mesa; se pierden sin siquiera darse cuenta.

La entrega del cuerpo

Porque en estos contenidos, el cuerpo se ha convertido en parte del contenido. Para poder atraer el foco, debe reformarse constantemente, debe dar siempre más. El cuerpo ya no está sujeto a su propia voluntad, sino a las expectativas de terceros. Es más, no puedes decir "pueden apoderarse de mi cuerpo, pero nunca de mi alma". Al cabo de un tiempo, estos contenidos se convierten en la razón de ser del fenómeno. Lo que queda es una repetición sin alma y sin cultura.

Conclusión: Decadencia

Existe un vínculo directo entre la grosería en las ruedas de prensa y el manoseo de comida en las redes sociales. Ambos son manifestaciones diferentes de la incultura. No queda ni la seriedad del periodismo ni la productividad del arte. Solo queda una decadencia que se agota, que no tiene otra razón de ser que venderse a sí misma y que, al final, ha convertido incluso su propia existencia en contenido.

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Nota: Aldous Huxley dice: "El intelectual es alguien que ha encontrado algo más interesante que el sexo". Mi consejo para los influencers es este: si realmente quieren una audiencia seria y decente, tengan en cuenta esta frase.

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Fiasco del 95% en IA: La realidad advertida por el MIT

El nuevo informe de la iniciativa NANDA del MIT ha tenido un efecto de ducha fría para el mundo empresarial. El estudio, que incluyó una encuesta a 350 empleados, entrevistas con 150 líderes y el examen de 300 proyectos públicos de IA, revela que los pilotos de inteligencia artificial fracasan en el 95% de las empresas. Además, el problema no es la calidad de los modelos ni la regulación; el verdadero problema es la falta de aprendizaje e integración de las instituciones.

Anatomía del fracaso

La inteligencia artificial se adopta rápidamente gracias a su flexibilidad en el uso individual. Sin embargo, a escala corporativa, esa misma flexibilidad se convierte en un hándicap. Las herramientas de "propósito general" que no pueden adaptarse a los procesos de trabajo no pueden contribuir a las tablas de P&L (pérdidas y ganancias). Aunque la mayoría de los ejecutivos culpan a factores externos, los datos del MIT sugieren que el problema real son las propias deficiencias estructurales de las instituciones.

De hecho, este hallazgo confirma un punto que destaqué en el artículo que escribí hace aproximadamente una o dos semanas: el uso de la inteligencia artificial no cobra sentido al "pulsar todos el mismo botón", sino con el contexto y la estrategia adecuados. Como expresé en aquel artículo, "una tecnología cuyo propósito de uso es incierto, por muy poderosa que sea, es inútil".

Uso incorrecto de los recursos

Uno de los hallazgos más llamativos es la distribución del presupuesto. Las empresas invierten más de la mitad de sus gastos en IA en herramientas de ventas y marketing. Sin embargo, el mayor retorno de la inversión se observa en la automatización del back-office: reducción de la externalización, recorte de gastos de agencias y simplificación de operaciones. En otras palabras, mientras las empresas desean brillar ante los ojos de todos, descuidan los procesos fundamentales que proporcionarían eficiencia.

¿Quiénes tienen éxito?

Curiosamente, las historias de éxito más brillantes provienen de jóvenes emprendedores. Fundadores de apenas 19 o 20 años pueden alcanzar ingresos millonarios desde cero centrándose en un solo "punto de dolor" y con las asociaciones adecuadas. Los gigantes corporativos, en cambio, suelen caer en el error de "construirlo todo ellos mismos". Sin embargo, según el informe del MIT, mientras que las soluciones compradas externamente e integradas profundamente en los procesos de trabajo alcanzan un éxito del 67%, dos tercios de los proyectos construidos desde cero internamente fracasan.

El factor humano

La integración de la inteligencia artificial no es solo una cuestión de tecnología. En las instituciones donde no se empodera a los mandos intermedios y se obliga a los empleados a utilizar una "IA en la sombra", no se crea una cultura de cambio. La transformación de la fuerza laboral también es notable: en lugar de realizar despidos masivos, las empresas no vuelven a cubrir los puestos administrativos y de apoyo que quedan vacantes. Esto crea una contracción invisible pero permanente de la fuerza laboral.

¿Qué aprendemos?

El mensaje del MIT es claro: quienes dejen la revolución de la inteligencia artificial solo en manos de la tecnología perderán. Lo que marca la diferencia real es la adaptación a los procesos y a la cultura. Las empresas deberían invertir en áreas invisibles pero que reducen costes, en lugar de en "lanzamientos deslumbrantes". Aquí es necesario añadir algo crítico: la tasa de éxito de las instituciones que, en lugar de preguntar a la IA, dan forma a sus proyectos de IA con estructuras de consultoría y procesos de planificación adecuados, es mucho mayor. Porque la tecnología no es un salvador por sí sola; lo que la hará significativa es la estrategia y la visión propias del ser humano.

Visión algorítmica limitada

Otra razón del fracaso es que los informáticos siguen pensando con una mentalidad algorítmica, es decir, la mentalidad clásica del programador. Sin embargo, la inteligencia artificial no es así; tiene una estructura más dispersa que requiere una perspectiva más amplia. Los árboles de decisión y los algoritmos rígidos no funcionan aquí. La concentración principal debe estar en la seguridad. Cuando conectamos nuestro sistema de centro de llamadas a la inteligencia artificial en una de nuestras empresas, experimentamos claramente que lo que debía controlarse no eran los flujos de trabajo, sino la seguridad.

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LA ÚNICA FÓRMULA PARA LA CIFRA DE CRECIMIENTO DEL 11% EN TURQUÍA: INVERSIÓN EN INTELIGENCIA ARTIFICIAL

El Informe sobre el Comercio Mundial 2025 de la Organización Mundial del Comercio (OMC) señala que la inteligencia artificial podría contribuir entre un 12% y un 13% al PIB mundial para 2040. Para los países de ingresos medios, la expectativa de crecimiento es del 11%. La tasa de crecimiento de Turquía el año pasado fue del 3,2%. Estamos atrapados en lo que se denomina clásicamente la "trampa de los ingresos medios". Es decir, aunque parece que nuestros ingresos per cápita aumentan, la brecha entre nosotros y los países desarrollados no se cierra, sino que, al contrario, se abre.

La nueva sustancia dopante del comercio

Según el informe de la OMC, la inteligencia artificial podría aumentar el comercio de bienes y servicios hasta en un 40%. Este aumento es casi un tanque de oxígeno para los países en una economía global marcada por tensiones geopolíticas y fragilidades en la cadena de suministro. Los países ricos no tardarán en utilizar este tanque. La verdadera cuestión es si las economías de ingresos medios se quedarán sin aliento.

El abismo no es el destino

Las proyecciones muestran un panorama claro: mientras que los países de altos ingresos pueden obtener ganancias del 14%, los países de ingresos medios se quedan en el 11% y los de bajos ingresos se estancan en el 8%. Sin embargo, si los países de bajos ingresos invierten en infraestructura, pueden elevar esta tasa hasta el 15%. El abismo se puede cerrar. Para Turquía, la pregunta es: ¿de qué lado caeremos?

Hielo fino en el frente laboral

La inteligencia artificial ya ha comenzado a transformar la fuerza laboral. La OMC prevé que la diferencia salarial entre los trabajos de alta y baja cualificación se reducirá entre un 3% y un 4%. Este efecto, que parece igualador en la superficie, significa en realidad la desaparición de muchas profesiones. Muchos sectores, desde los centros de llamadas hasta la traducción, se desvanecerán. Sin educación y reentrenamiento, la fuerza laboral de Turquía podría quedar a la deriva en esta transformación.

Riesgos y oportunidades específicos para Turquía

El mayor riesgo de Turquía es quedarse atrapado en la trampa de los ingresos medios. El año pasado, la economía creció solo un 3,2%; esta tasa es débil en comparación con el potencial de crecimiento de los países de altos ingresos. Sin un aumento de la productividad, un modelo que se entretiene con una producción de bajo valor añadido y la dependencia de la demanda interna no es sostenible. Mientras la estructura de las exportaciones no cambie, la competencia en el mercado exterior empeorará, la presión del déficit por cuenta corriente aumentará y los costes de financiación subirán.

La oportunidad reside en la inteligencia artificial. Turquía puede aumentar la productividad con soluciones basadas en IA en sectores como la salud, la logística y la agricultura; puede integrarse más arriba en la cadena de valor de las exportaciones. Las inversiones estratégicas en áreas como centros de datos, infraestructura de IA y eficiencia energética no crean ganancias a corto plazo, sino una ventaja competitiva sostenible. Si reformamos la educación centrándola en la programación, la alfabetización en IA y el pensamiento crítico, nuestra joven población no será la perdedora, sino la ganadora de esta transformación.

Nuestro único camino es la inteligencia artificial

Las opciones para Turquía son limitadas. O nos quedamos en la trampa de los ingresos medios y observamos el objetivo del 11% desde lejos, o aceleramos las inversiones en inteligencia artificial y salimos de esta trampa. Debemos renovar el sistema educativo centrándolo en la programación y el pensamiento crítico, regular las políticas de datos para proteger la competencia leal y fortalecer la infraestructura digital mediante la cooperación público-privada.

La inteligencia artificial no es solo una tecnología, es el único camino que redibujará la ruta de crecimiento de Turquía. Si se pospone este camino, los muros de la trampa se volverán aún más gruesos.