¿Qué es la política? La respuesta más sencilla a esta pregunta es la siguiente: la política es todo lo que concierne a la sociedad. Abarca un amplio espectro que va desde los procesos de toma de decisiones sociales hasta las prácticas de la vida cotidiana, y todo es político. Se manifiesta en todos los ámbitos de la vida social determinados por las relaciones de producción, en las relaciones cotidianas y en los procesos de producción cultural, desde las huelgas obreras hasta los movimientos de mujeres, desde la lucha por el derecho a la educación hasta la resistencia medioambiental.
Entonces, ¿tiene la política un tiempo y un lugar? Algunos gobernantes quieren confinar el escenario político a un espacio estrecho. Una política limitada a los discursos pronunciados en el Parlamento, en la tribuna, en los mítines electorales... Sin embargo, la realidad es muy distinta. La política está en la sopa que hierve en la olla de la cocina, en el trabajador que camina por la calle, en la educación que reciben los niños en la escuela, en la violencia que sufren las mujeres, en los sueños de los jóvenes, en la pobreza de un niño. El parque del barrio, el precio en el estante del supermercado, la libertad académica en la universidad, el acoso laboral en el trabajo, la violencia en el hogar... Todo es objeto de la política. Porque todo es resultado de una decisión, de una preferencia, de un orden. Porque la política es la expresión de los conflictos de intereses entre las clases.
La presencia de la oposición social en el mundo digital ha creado una nueva práctica de formación de sujetos políticos y de opinión pública. Por ello, se están redibujando los límites del concepto de “lugar donde hacer política”, definiéndose ya no solo por espacios físicos, sino también por ámbitos digitales y culturales. En Turquía, las protestas del Parque Gezi (2013) pusieron de manifiesto el poder de los medios digitales en la movilización masiva y en la creación de agendas. Porque la cuestión no era solo la tala de unos pocos árboles, sino la defensa del espacio público, del derecho a la ciudad y de la libertad de expresión. Es decir, era la esencia misma de la política.
Las redes sociales son ahora una plataforma donde los conflictos de clase ganan visibilidad y, al mismo tiempo, se reproducen. Sin embargo, los poderes dominantes también utilizan estos espacios como herramientas de control hegemónico, tratando de silenciar las voces disidentes mediante la censura y la manipulación. Las agendas moldeadas por algoritmos, las masas dirigidas por la desinformación y las voces opositoras restringidas por la censura ponen de relieve las contradicciones de este ámbito. De este modo, se crea una “espiral del silencio”, bloqueando el camino a un debate público real. En este contexto, el discurso de “este no es el lugar para hacer política” se ha convertido a menudo en un escudo ideológico utilizado para reprimir la oposición social, las luchas de clases y la búsqueda de derechos. Por ello, utilizar eficazmente los medios digitales y las plataformas sociales es de vital importancia para romper la espiral del silencio y lograr una transformación social mediante la creación de una verdadera opinión pública.
Podemos entender cuándo, dónde y por qué debe hacerse política observando los temas que han estado en la agenda de los medios digitales en los últimos años y en los últimos días.
¿POR QUÉ EL TERREMOTO ES POLÍTICO?
Los terremotos que vivimos en Turquía son un fenómeno natural, pero la destrucción es el resultado de una forma de gestión. Las amnistías de zonificación concedidas a las empresas constructoras, la urbanización sin control, las relaciones de renta... Un terremoto no es solo un fenómeno natural; la destrucción es la historia de quién se llenó los bolsillos, quién miró hacia otro lado y quién no alzó la voz. Todo esto es político. Para que el pueblo en la zona del terremoto no pregunte “¿A dónde fue a parar mi impuesto?”, se dice que “ahora no es momento de política”. Es precisamente en ese momento cuando debe hacerse política: ¿A dónde fueron los impuestos? ¿Para quién se hizo la transformación urbana? ¿Quién se enriqueció y quiénes quedaron bajo los escombros y la destrucción? Sin hacer estas preguntas, el verdadero cambio no es posible. Porque si no se hacen esas preguntas, los nuevos edificios volverán a levantarse con la renta y volverán a derrumbarse.
¿POR QUÉ LOS INCENDIOS SON POLÍTICOS?
Los incendios forestales también son políticos. En los grandes incendios ocurridos en Turquía, la falta de una flota de aviones, la destrucción de los medios de subsistencia de los habitantes de los bosques, la legitimación del saqueo ecológico en nombre del turismo y la renta... Un incendio forestal no es una coincidencia; es el resultado de proyectos turísticos sin control, de la política de licitaciones, de las decisiones de “reducción de áreas forestales”. Mientras un pueblo transporta agua con sus propios cubos porque no hay aviones para el incendio, se dice “no hagan política con el incendio”. Sin embargo, el responsable es evidente. Son las decisiones políticas las que crean este orden y este resultado. Por eso, es precisamente en este momento cuando debe hacerse política: ¿Por qué no se tomaron precauciones? ¿Quién es el responsable? ¿Por qué intereses se está destruyendo la naturaleza? Sin hacer estas preguntas, no se revelará la verdad ni los responsables.
LA CEREMONIA DE GRADUACIÓN ES POLÍTICA
En los últimos años, se ha impedido que los estudiantes desplieguen pancartas, expresen sus opiniones o manifiesten sus demandas contra los nombramientos de rectores o a favor de la libertad de expresión en las ceremonias de graduación. Las reacciones en las ceremonias de graduación intentan ser silenciadas con frases como “este no es el lugar para hacer política”. Sin embargo, valores como la autonomía académica, el libre pensamiento y el mérito son objeto de la política. Quienes dicen “este no es lugar para la política” incluso en la tribuna de graduación, no pueden tolerar la palabra, la demanda y la resistencia de los jóvenes. Porque saben que la búsqueda de un nuevo orden y una nueva política por parte de una sociedad que cuestiona es muy peligrosa para ellos.
LA COCINA TAMBIÉN TIENE POLÍTICA
Si la olla no hierve en la cocina, esto también es político. Las políticas salariales, la inflación, las políticas agrícolas... Todo es resultado de las relaciones de producción. La pobreza no es una coincidencia, es una relación de clase, una preferencia de la clase dominante. Por eso, las cocinas donde no hierven las ollas son un tema de política. Cuando se levanta la tapa de la olla y se mira dentro, primero se ven los precios del campo y del estante, la factura del gas natural y, después, las privatizaciones, la agricultura y las políticas económicas. Que la bolsa de la compra sea cada vez más ligera es un tema de política. Todo es producto de una preferencia, de un interés. ¿Quién gana y quién pierde? Los responsables son aquellos cuyas fortunas crecen mientras los salarios se erosionan, aquellos cuyos beneficios se disparan mientras el trabajo se abarata. En resumen, existe un conflicto de clases evidente.
Hoy en día, que la olla de la cocina hierva o no, los controvertidos datos de inflación del TÜİK, los precios de las etiquetas en el supermercado, el poder adquisitivo del salario mínimo, todo está determinado por la política. Es decir, tanto los productos que faltan en la bolsa de la compra de una madre como los precios en la cantina escolar del niño son el resultado de decisiones políticas. La política no tiene lugar ni tiempo; porque la política está en todas partes; la política está en el terremoto, en el incendio, en la ceremonia de graduación, en el mercado, en la cocina. Por lo tanto, cada momento en que hay opresión, injusticia o corrupción es el momento justo para hacer política. Es precisamente aquí y precisamente ahora el lugar y el momento de hacer política. Porque todo lo que tiene que ver con la vida humana es político.
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