Tras un largo paréntesis, Turquía está intentando normalizar sus relaciones con Irak mediante los pasos que ha dado recientemente. Con este fin, Turquía también ha puesto sobre la mesa el proyecto denominado Ruta de Desarrollo, subrayando la gran contribución que este proyecto supondrá para la economía iraquí. Aunque estos pasos llegan tarde, son positivos. Sin embargo, los pasos reales que Turquía espera de Irak están relacionados con la cooperación contra el terrorismo. Para ello, no hay que fijarse en las promesas, sino en la implementación.
Fue un error que Turquía, durante muchos años, ignorara al gobierno central de Bagdad, dejándolo de lado y tratando directamente con la administración regional del norte de Irak, desarrollando sus relaciones con ella. Priorizar a Barzani frente a Talabani, alentarlo prácticamente hacia la independencia, desarrollar relaciones comerciales con él —especialmente en energía— y luego, cuando Barzani celebró el referéndum de independencia, criticarlo con palabras duras pero limitándose a condenarlo sin tomar medidas disuasorias, no le reportó beneficios a Turquía.
En aquel entonces, lo enfatizamos a menudo: es tan contradictorio apoyar abiertamente a Barzani en Irak y decir que se defiende la integridad territorial de Irak, como lo es decir que se defiende la integridad territorial de Siria y apoyar a quienes quieren derrocar a Assad. Apoyar a la región autónoma kurda en Irak y oponerse a la región autónoma kurda en Siria es, a la vez, una inconsistencia y algo ni realista ni sostenible.
La administración regional kurda del norte de Irak nunca ocultó su demanda de independencia, ni tampoco su intención de ampliar el Estado kurdo junto con la división de otros países de la región por parte de Estados Unidos. Barzani nunca ocultó que tenía un consenso con las organizaciones kurdas en Siria en línea con este objetivo.
Todo el mundo sabe que Estados Unidos también quiere dividir a los cuatro países de la región y que los cuatro luchan contra organizaciones terroristas apoyadas por Estados Unidos. Se sabe que el Estado kurdo que se establecería con la división de los cuatro países de la región —es decir, el Estado títere, el Estado guarnición— es muy deseado no solo por Estados Unidos, sino también por Israel. Ante esta situación, se comprende mejor ahora que el apoyo de Turquía a los opositores al régimen en Irak (por ejemplo, Tariq al-Hashimi) y a los opositores al régimen en Siria no fortaleció la mano de Turquía, sino que, por el contrario, la debilitó.
Por eso, no hay que olvidar que, en el pasado, el gobierno central de Bagdad incluyó en una lista negra a las empresas turcas que operaban en el norte de Irak pero cuya sede no estaba en Bagdad, dificultó los pagos que se les realizaban, declaró que los acuerdos petroleros realizados por la administración regional del norte eran ilegales y que Turquía tuvo que pagar 1.400 millones de dólares a Irak tras perder el caso presentado en el marco del arbitraje.
En resumen, para Turquía, que desea normalizar las relaciones con Irak, es imprescindible aprender primero de los errores que hemos intentado enumerar anteriormente y comprender qué problemas genera desviarse de la política exterior centrada en la región de nuestro gran líder Gazi Mustafa Kemal Atatürk.
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