En estos días, miles de jóvenes están eligiendo universidad. Algunos intentan completar sus solicitudes para programas de grado, otros para másteres o doctorados. Las universidades organizan jornadas de puertas abiertas, los académicos explican sus departamentos y los estudiantes recorren los campus. La pregunta en la mente de todos es la misma: ¿Cómo puedo tomar la decisión más acertada?
En realidad, esta pregunta no solo tiene que ver con la educación. Nos hacemos la misma pregunta al elegir un trabajo, al comprar una casa, al invertir e incluso al elegir a nuestra pareja. Queremos evitar equivocarnos.
La estadística, sin embargo, nos recuerda una verdad interesante: en la vida no es posible tomar decisiones con un margen de error cero.
Las expresiones "nivel de confianza del 95 por ciento" y "margen de error de más menos 1,5 por ciento", que escuchamos a menudo en las encuestas de opinión, explican precisamente esto. Los investigadores dicen que el resultado que obtienen está muy cerca de la realidad, pero nunca afirman que sea cien por cien exacto. Porque la ciencia es más el arte de gestionar la incertidumbre que el de la certeza.
Además, existe otra situación interesante: a medida que aumenta el nivel de confianza, también crece el margen de error.
Esta frase puede sonar contradictoria a primera vista. Después de todo, uno espera que el margen de error disminuya cuando se tiene más confianza. Sin embargo, las matemáticas dicen exactamente lo contrario. Porque si quieres estar seguro al 99%, debes tener en cuenta una parte más amplia de los posibles resultados. Y como cubres más posibilidades, tu intervalo de confianza se amplía.
En la vida, la situación no es diferente.
Si un estudiante, al elegir universidad, solo se fija en la pregunta "¿sus graduados encuentran trabajo inmediatamente?", le resulta más fácil decidir. Pero cuando empieza a pensar en "¿cómo es su cuerpo docente?, ¿son suficientes sus laboratorios?, ¿tiene programas de intercambio internacional?, ¿cuál es el coste de vida en la ciudad?, ¿es fuerte su red de graduados?, ¿cómo son las oportunidades de posgrado?", su campo de evaluación se amplía. Recopila más información, toma una decisión más consciente, pero al mismo tiempo le resulta más difícil tomar una decisión definitiva. Se aleja de la certeza. Mientras aumenta el nivel de confianza, también crece la sensación de incertidumbre.
Una situación similar ocurre en las solicitudes de máster y doctorado. Algunos candidatos solicitan el primer programa que ven y toman su decisión rápidamente. Otros, en cambio, examinan decenas de universidades, leen las publicaciones de los asesores, comparan los laboratorios, investigan las oportunidades de becas y analizan las carreras de los graduados. Es evidente que el segundo grupo posee más información. Pero, al mismo tiempo, tardan más en decidir. Porque ha aumentado el número de posibilidades que evalúan.
Incluso al hacer compras en la vida cotidiana nos encontramos con una situación similar. Piense que va a comprar un teléfono nuevo. Si solo mira el precio, su decisión se forma en pocos minutos. Sin embargo, cuando empieza a examinar uno a uno criterios como el rendimiento de la cámara, el procesador, la duración de la batería, el soporte de actualizaciones, la red de servicio, las opiniones de los usuarios y la durabilidad a largo plazo, las opciones se multiplican. Y si además lo que dicen las personas que le importan sobre ese teléfono contradice lo que muestran estos criterios, mientras se acerca a tomar una decisión más correcta, la incertidumbre en su mente también crece.
Hay una lección importante que extraer de aquí: la incertidumbre no siempre es el resultado de la falta de información. A veces, por el contrario, es el resultado natural de poseer más información. Porque a medida que aumenta la información, no solo aumentan las respuestas, sino también las variables que deben tenerse en cuenta. Esto es lo que vivimos en los medios multicanal de hoy en día. Estamos expuestos a tanta información que nos resulta difícil tomar decisiones.
La estadística no solo nos enseña los números, sino también la naturaleza de la toma de decisiones. Al igual que cada investigación tiene un margen de error, las decisiones en nuestra vida tienen un margen de error invisible. Esperar la decisión perfecta a menudo retrasa la toma de decisiones. Ser capaz de dar un paso tras haber alcanzado suficiente información, aceptando la incertidumbre restante, es una de las características más importantes tanto del pensamiento científico como de la toma de decisiones saludable.
Lo que debemos hacer no es intentar eliminar por completo el margen de error, sino intentar vivir conociéndolo, entendiéndolo y aprendiendo a tolerarlo. Porque ni en la estadística ni en la vida existe una certeza del cien por cien. A pesar de ello, ser capaz de tomar decisiones racionales dentro de la incertidumbre es lo que hace posible tomar las decisiones correctas.
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