En la era digital, el miedo se ha convertido no en una noticia, sino en una estrategia algorítmica.
Estoy seguro de que usted también se ha dado cuenta: los algoritmos, más que informarnos, provocan nuestros miedos; pero entonces, ¿cómo protegeremos nuestra inmunidad mediática frente a este estado de alerta constante?
Los medios digitales actuales ya no son solo un canal que transmite noticias. Nuestros feeds de redes sociales, los titulares de los sitios de noticias y las recomendaciones de YouTube se han transformado gradualmente en un sistema centrado en el miedo. Terremotos, epidemias, crisis económicas, problemas ambientales, violencia contra niños, mujeres y animales, peleas políticas, imágenes de muerte y guerra... A medida que los algoritmos destacan este tipo de contenido, se logra que los usuarios hagan más clics y, por lo tanto, mientras el flujo de información continúa, también se alimenta un régimen de ansiedad colectiva.
En realidad, este mecanismo no es nuevo. El hecho de que el miedo sea destacado en los medios es una realidad conocida desde hace muchos años. Por ejemplo, Orson Welles, uno de los nombres más famosos de la era de la radio, creó un gran pánico el 30 de octubre de 1938 en el radioteatro "La guerra de los mundos", emitido por la CBS, al influir en los oyentes como si estuviera realizando una transmisión de noticias real sobre la invasión de la Tierra por parte de los marcianos. Este evento demostró lo poderosa que era la radiodifusión en aquel entonces y cuánta confianza tenían los oyentes en los medios.
Sin embargo, en nuestra era, donde los algoritmos han entrado tan intensamente en nuestras vidas, es difícil decir que la gente confía tanto en los medios. Pero somos testigos de que el miedo se reproduce de manera desmedida y establece una especie de ciclo emocional con el consumidor.
Hoy, una noticia sobre un terremoto que se vuelve tendencia en X llega a cientos de miles de personas en cuestión de minutos. Los videos titulados "escenarios de catástrofe" en YouTube entran rápidamente en la lista de recomendaciones. A los usuarios jóvenes en TikTok se les muestra constantemente contenido distópico como "las vacunas contra el COVID-19 causan ataques cardíacos", "el próximo gran terremoto" o "la inteligencia artificial destruyendo a la humanidad". De esta manera, los algoritmos procesan el miedo y la ansiedad casi como una estrategia de marketing. Cuanto más hace clic el usuario, más contenido que genera ansiedad aparece frente a él; y a medida que aumenta la ansiedad, crece la necesidad de hacer clic. Este círculo vicioso refuerza, de hecho, que los individuos estén constantemente en alerta y vivan inquietos ante la expectativa de un nuevo desastre en cualquier momento.
En este entorno, vemos que los individuos intentan desarrollar una especie de "inmunidad mediática". Una noticia que al principio genera una intensa ansiedad comienza a volverse ordinaria a medida que se repite. Durante el período de la pandemia, las cifras de casos y muertes anunciadas cada noche en televisión crearon un gran pánico al principio. Sin embargo, después de un tiempo, la sociedad se volvió indiferente, incluso insensible, a estas cifras. Hoy se observa un proceso similar en las noticias sobre la crisis climática. Los incendios forestales o las inundaciones sacuden la agenda, se habla de ellos durante unos días y luego dan paso a otro miedo. Esto crea un extraño equilibrio entre la producción constante de miedo por parte de los medios y el desarrollo de inmunidad por parte de la sociedad: no podemos permanecer completamente sensibles, pero tampoco podemos volvernos completamente indiferentes.
Este proceso no se limita solo a las ansiedades individuales; también tiene consecuencias políticas y culturales. No hace falta ir muy lejos para ver cómo el miedo algorítmico es utilizado por los políticos. Los líderes, que se vuelven más visibles en las redes sociales durante los momentos de crisis, pueden presentarse como figuras "salvadoras". Así, el miedo se convierte en una oportunidad en la comunicación política. En el lado cultural, por ejemplo, las populares series distópicas de Netflix refuerzan esta atmósfera. Cada nuevo episodio de "Black Mirror" asegura que el espectador permanezca familiarizado con las tecnologías digitales y, al mismo tiempo, inquieto por ellas. Es decir, el miedo se reproduce no solo en las noticias, sino en todas las áreas de la industria cultural.
Ante todos estos desarrollos, la pregunta principal es: ¿qué podemos hacer contra este estado de alerta constante? En primer lugar, es necesario reconocer la circulación mediática del miedo. Cuestionar el contenido de origen incierto y ver hacia qué emociones nos arrastra el algoritmo es un comienzo importante. En segundo lugar, es necesario fortalecer nuevamente los canales de comunicación cara a cara. Podemos gestionar el miedo de manera más saludable cuando lo hablamos dentro de una comunidad, no solos. Por esta razón, la importancia de la solidaridad vecinal, las prácticas de producción conjunta o los pequeños encuentros culturales ha aumentado en el período posterior a la pandemia. Porque el miedo consumido individualmente frente a la pantalla crea fácilmente un efecto paralizante, mientras que, cuando se comparte y se discute en conjunto, puede volverse más manejable.
En resumen, los algoritmos han convertido el miedo en una especie de "motor de interacción". Más ansiedad significa más clics y más consumo de contenido. Sin embargo, permanecer constantemente en alerta debilita nuestros lazos sociales y desgasta nuestra salud individual. La solución no reside en eliminar el miedo, sino en entenderlo, ver sus límites y desarrollar conscientemente nuestra inmunidad mediática. Porque un individuo que reconoce el miedo y percibe los mecanismos que lo instrumentalizan puede volverse más resistente frente al clima de ansiedad impuesto por el orden algorítmico.
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