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Consejos para quienes comienzan a estudiar Derecho

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Al cruzar las puertas de la facultad de Derecho, se encontrarán en un laberinto lleno de miles de artículos de leyes, jurisprudencia de cientos de años y términos arcaicos. Sus profesores les darán los mapas básicos (libros de texto) para orientarse en este laberinto. Yo, por mi parte, quiero centrarme en estrategias que les permitan leer mejor esos mapas, crear su propia brújula y, lo más importante, encontrar su propia voz auténtica como juristas. Veamos juntos qué deben poner en su maletín de abogado para este largo y arduo viaje.

1. Ir más allá del texto legal: Leer para comprender, leer para interpretar

El Derecho es lectura. Pero no toda lectura es igual. Quizás debido al efecto del hábito de los exámenes en la educación secundaria, como muestran los resultados de PISA, tenemos serias deficiencias en la comprensión y la interpretación profunda de un texto. El resultado de una interpretación errónea al leer un texto literario puede ser, a lo sumo, un desacuerdo amistoso con un amigo. Sin embargo, el precio de malinterpretar un contrato, un artículo de ley o una sentencia judicial puede ser la libertad de una persona o el futuro de una empresa.

Por eso es esencial desarrollar sus músculos interpretativos. El camino para ello pasa por textos que les adviertan cuando "no han entendido". Los textos sólidos escritos en campos como la filosofía, la historia y la economía se delatan inmediatamente cuando no se comprenden. No pueden seguir el argumento ni llegar a una conclusión. Estas áreas les enseñan a desmantelar la estructura del texto, a entender la intención del autor y a leer entre líneas.

2. Su pluma es su espada: Escribir para pensar, escribir para persuadir

El arma más poderosa de un jurista son las palabras que utiliza. Demandas, alegatos, contratos... Su profesión se basa en la capacidad de presentar sus pensamientos de manera persuasiva por escrito. Sin embargo, la educación orientada a los exámenes está atrofiando nuestra capacidad de escribir, que es nuestra herramienta de pensamiento más fundamental.

Escribir es la forma más disciplinada de pensar. Cuando plasman una afirmación en papel, ven claramente los vacíos en su argumento, los saltos lógicos y los eslabones débiles. Esperar comentarios personalizados de su profesor en un aula con cientos de estudiantes es una ilusión. La solución está en sus manos: creen su propio "mecanismo de retroalimentación". Formen un grupo de escritura con amigos que sufran el mismo problema y critiquen despiadadamente los escritos y artículos de los demás. Participen en talleres en línea. Recuerden, ser un buen escritor es un requisito previo para ser un buen jurista.

3. Se acabó la excusa de "soy de letras": Hablen el lenguaje de la ciencia y la tecnología

La frase "soy de letras, no de ciencias" no es una excusa válida para el jurista del siglo XXI. Desde los delitos informáticos hasta el derecho médico, desde la propiedad intelectual hasta los litigios ambientales, las áreas más modernas y complejas del derecho requieren una alfabetización científica y tecnológica básica. ¿Qué tan efectivos pueden ser sin entender qué significa una dirección IP en un caso de ciberacoso o cómo funciona un algoritmo en un caso de patentes? Sin comprender el método del pensamiento científico, ¿cómo pueden pasar un informe pericial por un filtro crítico? En lugar de "diluir" estos temas o "huir" de ellos, afróntenlos.

4. No teman a los números: No pueden entender el Derecho plenamente sin entender el mercado

Derecho mercantil, derecho de obligaciones, derecho de la competencia, derecho bancario... El corazón del derecho moderno late en las relaciones económicas y financieras. Mantenerse alejado de estas áreas es limitar su propio campo de acción como juristas. Sin embargo, tengo una advertencia: la mayoría de los libros de economía populares están escritos bajo la lente de una ideología específica (generalmente el neoliberalismo). Por lo tanto, lean tanto los textos convencionales que explican cómo funciona el mercado como aquellos que los miran con una distancia crítica.

5. Sean conscientes de sus propias gafas: Derecho e ideología

El Derecho nunca es un campo neutral y estéril; es político de principio a fin. Quien escribe la ley, quien la interpreta y quien la aplica es un ser humano. Cada persona tiene una ventana a través de la cual mira al mundo, una serie de presuposiciones, una ideología. La cuestión no es ser "sin ideología" (lo cual es imposible), sino ser consciente de su propia ideología, sus expectativas políticas y sus filtros. De lo contrario, se convertirán en prisioneros de sus propias tendencias y no buscarán la justicia, sino solo el eco de sus propias opiniones. Conozcan la política y sean despiadadamente críticos con su propia postura política.

Aun así, hay algunos textos que no puedo dejar de mencionar y que todo jurista debe leer sin falta:

El último día de un condenado a muerte, de Victor Hugo

Memorias de un abogado penalista, de Faruk Erem

Los derechos humanos no bastan en un mundo desigual, de Samuel Moyn, traído a nuestro idioma con la impecable traducción de Seza Özdemir

Los libros Mis memorias y Método en el derecho práctico, de Ernst Von Hirsch, no deben pasarse por alto.

En nuestro país, la educación jurídica no se imparte adecuadamente en muchas universidades que se han dejado llevar por la facilidad de abrir facultades de Derecho. Que esto no les desanime. Afortunadamente, existe YouTube. Hay series de videos maravillosas de los Colegios de Abogados, diversas comunidades jurídicas y bufetes de abogados. No huyan de estos videos basándose en la dificultad o el aburrimiento de las clases escolares. Véanlos sin falta. Y si son sensibles a su entorno y conocen abogados, trabajen como aprendices con ellos. El aprendizaje es la clave de la maestría. Disfruten del aprendizaje. No lleguen tarde a esto como yo.

Recuerden, la facultad de Derecho les enseña las leyes, pero el ser jurista lo aprenden ustedes mismos. Ser jurista no es memorizar un montón de textos, sino dominar el arte de pensar, razonar y construir argumentos de una manera determinada. Disfruten de este viaje, lean mucho, escriban aún más y, lo más importante, nunca dejen de preguntar y cuestionar la justicia.

¡Buen camino!