La economía puede deteriorarse, los equilibrios pueden tambalearse y la inflación puede aumentar. Con políticas correctas, un enfoque orientado a la producción y una gestión decidida, todo esto puede volver a encarrilarse con el tiempo. Sin embargo, cuando se pierde la confianza de una nación, restablecerla es mucho más difícil que corregir los indicadores económicos. Porque la economía se sostiene con números, pero la política se sostiene con confianza.
Hoy, la mayor necesidad de Turquía no es solo la estabilidad económica. La verdadera necesidad es un enfoque político honesto, basado en principios y que inspire confianza. La nación busca primero la moralidad, luego el mérito y después la visión en los cuadros a los que confiará su futuro. Donde se daña el sentimiento de confianza, no queda inversión, ni producción, ni paz social.
No debe olvidarse que aquellos nombres que han tocado fondo en la corrupción, sin importar el discurso que utilicen, no pueden ser una esperanza para esta nación. No es posible que enfoques condenados por la conciencia pública prometan un futuro limpio. Las promesas de prosperidad económica de políticos que han perdido su credibilidad tampoco encuentran eco en la nación. Porque no se puede construir un futuro limpio con manos que no están limpias.
El futuro de Turquía no reside en discursos populistas que salvan el día, sino en una visión nacional que prioriza la producción y el desarrollo planificado. Es posible una Turquía que sea autosuficiente en agricultura, que produzca alto valor añadido en la industria, que reduzca la dependencia externa en tecnología y que coloque la ciencia y la educación en el centro del desarrollo. El camino hacia esto pasa por un enfoque de desarrollo nacional.
El modelo de desarrollo nacional que defendemos se basa en un enfoque estatal que reúne en un mismo crisol la economía productiva, una industria fuerte, la planificación estratégica, la tecnología nacional, la educación cualificada y la justicia social. El Estado debe dirigir sus recursos a la inversión y no al despilfarro; debe fomentar la producción en lugar de la renta, las exportaciones en lugar de las importaciones y las inversiones que generan valor añadido en lugar del consumo.
El camino hacia una Turquía grande y fuerte pasa por una política fiable, un enfoque de gobierno nacional y un poder nacional formado por cuadros patriotas. Porque solo un enfoque de gestión que sitúe los intereses de la nación por encima de cualquier cálculo personal puede hacer que la independencia económica y la estabilidad política sean permanentes.
La economía mejorará sin duda. La producción aumentará, las inversiones llegarán y los mercados volverán a equilibrarse. Sin embargo, la condición previa para ello es la construcción de un clima político en el que la nación confíe. Donde hay confianza, hay inversión; donde hay inversión, hay producción; donde hay producción, hay empleo; y donde hay empleo, hay prosperidad.
La clave de una Turquía próspera son la política limpia, el desarrollo nacional y cuadros fiables que sitúen el amor a la patria por encima de todo. Porque la historia nos ha demostrado que las políticas que inspiran confianza hacen crecer a los Estados, mientras que las políticas que han perdido la confianza solo consumen las esperanzas de la nación.
Prof. Dr. Duran Bülbül
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