Euro
Arrow
56,3261
Dolar
Arrow
50,0194
Libra esterlina
Arrow
67,4677
Oro
Arrow
6522,5404
BIST 100
Arrow
11.347
Inicio > Autores > Prof. Dr. Duran Bülbül > Lealtad y fidelidad

Lealtad y fidelidad

X Facebook WhatsApp Mail SUSCRIBIRSE Google News
Publicado: 04.11.2026 10:29

El ser humano, al atravesar las diversas pruebas de la vida, cuenta con dos valores fundamentales que le sirven de guía: la lealtad y la fidelidad. Uno mantiene vivo el recuerdo del pasado, mientras que el otro respalda la palabra dada al futuro. La lealtad es el recuerdo silencioso de un favor que no se olvida; la fidelidad es el nombre de una postura que no se abandona a pesar de todas las tormentas. Sin embargo, hoy atravesamos un clima político en el que estos dos valores ancestrales son cada vez más despreciados, e incluso, a veces, castigados como si fueran un defecto.

La política debería ser el ámbito de la palabra dada entre personas, del respeto a la voluntad de la nación y del compromiso con un ideal común. Sin embargo, en ciertos círculos, la fidelidad solo es aceptable cuando se muestra ante quien ostenta el poder; la lealtad solo es valiosa cuando no trasciende los límites del interés propio. Quienes ayer caminaban hombro con hombro, hoy pueden volverse extraños a la sombra de un cargo. Mientras que aquellos que dedicaron años a una causa son dejados fuera de la puerta un buen día, quienes no cargaron con el peso de ayer pueden compartir los beneficios de hoy.

Aquí es donde comienza el verdadero malestar.

En un orden político donde se castiga la lealtad, se cuestiona la fidelidad y se presenta la traición como una habilidad, no solo se hiere a las personas; también se erosionan los estándares morales. Porque si en una sociedad la traición genera ganancias y la fidelidad pérdidas, allí no solo hay un error de elección, sino una crisis de valores que amenaza el futuro.

No debe olvidarse que los cargos son temporales, los títulos son prestados y el poder no pertenece a su dueño para siempre. Las puertas que hoy se abren ante algunos pueden cerrarse mañana con el mismo silencio. El verdadero valor de las personas no se mide por la mesa en la que se sientan, sino por la moral con la que llegan a esa mesa.

La lealtad no es esperar una recompensa. La fidelidad no es, en absoluto, entregar la razón y la conciencia a otro. La lealtad es no sacrificar el recuerdo de ayer por el cálculo de hoy. La fidelidad es el coraje de poder mantenerse al lado de la verdad. Por eso, no toda fidelidad es una virtud; ni todo compromiso se considera lealtad. La verdadera fidelidad es no callar ante lo incorrecto; la verdadera lealtad es no renunciar a lo que uno sabe que es justo.

En los oscuros pasillos de la política, algunos nombres pueden ser olvidados, algunos esfuerzos pueden ser ignorados. Pero la memoria del tiempo es más profunda que la memoria humana. ¿Quién puede saber qué silencio les espera mañana a los que hoy son aplaudidos, o en qué verdad se convertirán los que hoy son silenciados?

A veces, el cierre de una puerta es la apertura de otro camino. A veces, que una persona sea dejada sola es la señal más clara de que no está parada en el lugar equivocado. Y a veces, la mayor respuesta es poder mantenerse erguido sin decir nada.

Porque la historia no siempre escribe sobre los que ganan, sino también sobre aquellos que logran mantenerse en lo justo.

Quienes consideran la lealtad una carga y la fidelidad una debilidad deben saber esto: el ser humano puede olvidar algún día las escaleras que lo elevaron, pero las huellas que dejó en los peldaños de esas escaleras no se borran. Cada uno hace sus propias cuentas, mientras que el tiempo dicta su propio veredicto.

Y cuando llega el momento, se vuelve a formular esa vieja pregunta que ningún cargo puede silenciar:

¿Quién estuvo al lado de quién; quién cambió su dirección según el viento?

No tenemos que dar la respuesta hoy. Pues algunas verdades no esperan para ser dichas, sino para ser comprendidas cuando llegue el momento.

La lealtad y la fidelidad son el mayor legado que una persona se deja a sí misma. Quienes logran proteger este legado han obtenido, en realidad, la mayor ganancia allí donde pensaban que habían perdido.

Porque algunas personas pierden sus cargos, pero conservan su reputación. Otros, en cambio, mientras conservan sus cargos, no se dan cuenta de lo que queda de ellos mismos.

Y la mayor derrota del ser humano es perder su propia conciencia mientras hace que otros ganen.

Ultimos articulos del autor Todos los articulos