El tema del aumento de las pensiones de los jubilados ha estado en la agenda pública durante mucho tiempo. En las condiciones actuales, incluso si la pensión mínima de jubilación se fijara en 20.000 TL, no sería posible sacar a los jubilados del umbral de hambre y pobreza.
Por esta razón, es necesario revisar la tasa de cálculo de la pensión y elevarla del 27,7% actual al 70%, como lo era en el pasado. Solo entonces tendrá sentido aumentar los salarios y aplicar ajustes.
La ley de seguridad social debe ser modificada de inmediato. La ley de seguridad social es una ley colonial. Es deber de todos los partidos políticos, sindicatos y organizaciones profesionales, empezando por el poder político, transformar la jubilación de una obligación a un derecho fundamental, de acuerdo con las normas de nuestra Constitución, para garantizar que todos los jubilados y trabajadores vivan dignamente.
La seguridad social y la jubilación son, junto con el desarrollo económico, una de las necesidades más básicas para proteger y mantener el nivel de bienestar social en una sociedad.
¿Es el sistema de seguridad social y jubilación un derecho en línea con el concepto social? ¿O se considera una obligación acorde con el proceso de liquidación del concepto de Estado social?
La diferencia fundamental entre estos dos enfoques es que, mientras que en el concepto de Estado social la seguridad social y la jubilación son un derecho fundamental y un servicio público, en el concepto de Estado policial se ven como una obligación y un bien o servicio privado.
Mientras que en nuestra Constitución la jubilación y la seguridad social son un derecho, en la Ley de Seguridad Social N.º 5502 del 26 de mayo de 2006 se han regulado como una obligación. Precisamente este enfoque es el que hoy ha privado a los jubilados de su derecho a una vida digna, a la seguridad social y a la jubilación, condenándolos a la pobreza y al hambre.
Las políticas neoliberales del poder político han transformado la jubilación y la seguridad social de un derecho a una obligación bajo el nombre de transformación en salud. Como resultado, por un lado, se ha extendido la edad de jubilación, promoviendo la idea de una "jubilación en la tumba", y por otro, las primas de jubilación, las indemnizaciones y la tasa de cálculo de las pensiones han provocado graves pérdidas de bienestar, trayendo consigo hambre y pobreza en lugar de un nivel de vida digno.
Hoy en día, los jubilados viven por debajo del umbral de pobreza y hambre. El poder político debe elevar la tasa de cálculo de la pensión al 70%, como antes del año 2000, y aumentar el tope de la indemnización por despido a 7,5 veces el salario mínimo. Mientras que un trabajador que se jubiló en 2002 recibía un mínimo de 1.750.000 TL como indemnización por despido, el mismo trabajador recibe 500.000 TL en 2023. En 2002, un trabajador recibía 838.000 dólares con su indemnización, mientras que hoy un trabajador que se jubila recibe solo 25.000 dólares.
Mientras que la tasa de cálculo de la pensión para todos los trabajadores era del 70% de su salario hasta el año 2000, esta tasa se redujo al 55% entre 2000 y 2008, al 35% hoy en día, y al 27,7% si el número de días de cotización es de 5000.
Suponiendo que un trabajador que se jubiló en el año 2000 ganaba 1000 TL, su pensión en ese momento era de 700 liras. Una persona que ganaba 1000 liras después del año 2000 recibiría 550 liras si se jubilara antes de 2008, y 350 liras si se jubilara hoy. Además, si el número de días de cotización es de 5000, la pensión disminuiría aún más hasta las 277 liras.
Como se puede ver, el problema fundamental de los jubilados es la ley de seguridad social creada por el poder político. Esta ley debe ser modificada urgentemente y, junto con una ley de ajuste, se deben reorganizar la tasa de cálculo de la pensión y la indemnización por despido.
Como resultado de las políticas neoliberales y conservadoras del gobierno del AKP, la seguridad social y la jubilación han dejado de ser un derecho humano fundamental y un servicio público.
Según el primer párrafo del artículo 49 de nuestra Constitución, el trabajo es un derecho y un deber de todos. El artículo 56 de nuestra Constitución establece que todos tienen derecho a vivir en un entorno saludable y equilibrado, y el primer párrafo del artículo 60 establece que "todos tienen derecho a la seguridad social".
En línea con el principio de Estado social de la Constitución, es necesario desarrollar el derecho a la seguridad social, a la jubilación y a una vida saludable de acuerdo con los avances en el campo de los derechos y libertades humanas del mundo contemporáneo, y establecer una estructura organizativa básica de la que todos los ciudadanos puedan beneficiarse independientemente de sus deseos y poder financiero.
En una decisión del Tribunal Constitucional se establece: "La protección de la persona, que es el objetivo del Estado de derecho, puede lograrse mediante la garantía de la seguridad social y la justicia social en la sociedad". Desde una perspectiva constitucional, el servicio de seguridad social es un bien y servicio público.
Según la técnica del seguro social, la relación activo/pasivo debe ser de al menos 4/1. En otras palabras, al menos 4 trabajadores deben financiar a 1 jubilado.
Esta proporción es de 6/1 en los países de la OCDE. La relación activo/pasivo en nuestro país, que era de 2,29 en el año 2000, ha caído a 1,10 hoy. Como se puede ver, es evidente que las regulaciones legales realizadas bajo el pretexto de que la relación activo/pasivo es baja y el aumento de la edad de jubilación no han tenido ningún efecto en esta situación.
Es necesario encontrar soluciones al desempleo mediante reformas estructurales y, por otro lado, garantizar sin demora que los trabajadores reciban una pensión y una indemnización adecuadas a las condiciones actuales durante su jubilación, que es uno de sus derechos más fundamentales.
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