El incendio ocurrido en el Grand Kartal Otel de Bolu, Kartalkaya, ha dejado profundas heridas en nuestros corazones. La pérdida de vidas de niños, familias y empleados del hotel, que se encontraban allí disfrutando de las vacaciones escolares, no es solo un incendio, sino también un reflejo de nuestras deficiencias sociales y problemas sistémicos. Expreso mis condolencias a los familiares de los fallecidos, les deseo paciencia, y espero una pronta recuperación para los heridos.
Los comportamientos inmorales y el incumplimiento de las normas éticas aumentan tanto la probabilidad de que ocurran riesgos como su impacto y los daños resultantes. Los desastres que hemos vivido recientemente han dejado profundas huellas en la memoria de todos nosotros: terremotos, accidentes ferroviarios, tragedias mineras y otros grandes siniestros. No basta con sentir profundamente el dolor de estos eventos; analizarlos y extraer lecciones es de vital importancia para evitar que vuelvan a ocurrir.
El incendio en Kartalkaya es, lamentablemente, el último eslabón de la cadena de "desastres evitables" que vemos con frecuencia en nuestro país. Este tipo de tragedias no pueden atribuirse únicamente a causas físicas; en su trasfondo existen problemas sociales y administrativos mucho más profundos. Nos duele el alma, pero perdemos más vidas cada día debido a un sistema que no cumple con sus responsabilidades, que solo persigue el beneficio personal y que ignora todo tipo de valor ético. Perder nuestro capital humano de una manera tan sencilla debería ser una gran vergüenza para nosotros. Porque todos somos responsables de los desastres que ocurren debido a causas como la negligencia, la falta de supervisión, la falta de mérito, el nepotismo, la corrupción y la impunidad de los culpables. Desafortunadamente, los desastres vividos se olvidan después de un tiempo. El sufrimiento queda para los fallecidos y sus seres queridos. Cada vez, el fuego quema donde cae...
CUANDO LOS DESASTRES SE VUELVEN INEVITABLES: PROBLEMAS SISTÉMICOS
En nuestro país, los procesos que siguen a los desastres suelen seguir el mismo ciclo: acusaciones, rumores de dimisión, regulaciones superficiales y, finalmente, el olvido. Sin embargo, reducir estos eventos únicamente a la responsabilidad de los individuos y no cuestionar el funcionamiento general del sistema y las debilidades de control en los procesos nos hace perder de vista el problema real. El hecho de que en el incendio de Kartalkaya los sistemas de alarma no funcionaran, las escaleras de emergencia no estuvieran utilizables y los sistemas automáticos de extinción no se activaran, son indicadores de un colapso sistémico debido a la falta de controles necesarios sobre muchos riesgos evitables.
La intervención tardía de las unidades de bomberos y el equipo insuficiente también jugaron un papel en la magnitud del desastre. Sin embargo, la base de todos estos problemas radica en la insuficiencia de los mecanismos de supervisión y en que las autoridades no cumplen con sus responsabilidades. La falta de supervisión, tanto en el sector público como en el privado, impide la prevención de este tipo de tragedias.
En este contexto, la pregunta que debe hacerse es: ¿Por qué las negligencias que convierten incluso los fenómenos naturales en desastres se repiten constantemente? Porque en nuestro país, los desastres no provienen solo de las condiciones físicas, sino de problemas morales, económicos y sociales. En un sistema donde la vida humana se desvaloriza y los intereses materiales se anteponen a la vida de las personas, este tipo de tragedias se vuelven inevitables.
EL PROBLEMA DEL MÉRITO, EL COLAPSO MORAL Y ECONÓMICO
El mérito es una de las piedras angulares del éxito y la confianza en cualquier ámbito. Sin embargo, lamentablemente, vemos que en nuestro país gana terreno un sistema basado en la lealtad y no en el mérito. Ignorar el principio de mérito provoca el colapso no solo de los individuos, sino también de las instituciones y del Estado. En el incendio del Grand Kartal Otel, el Sr. Nedim Türkmen, columnista del periódico Sözcü, cuyos artículos sigo de cerca, perdió la vida junto a su esposa y sus dos hijos. Türkmen, en su artículo titulado “El mérito es indispensable para el sistema presidencial”, publicado el 4 de junio de 2020, ya había explicado la importancia del “mérito”. Destacó que entre los elementos fundamentales que garantizan el mérito se encuentran la educación, la experiencia, el conocimiento, las habilidades, el desempeño, la adaptación a la cultura institucional y la comunicación.
La designación de personas sin mérito para puestos directivos provoca una disminución en la calidad de las decisiones tomadas y la interrupción de los procesos. Mientras que los individuos cualificados son expulsados del sistema, personas cercanas al poder pero sin la competencia necesaria son colocadas en roles críticos. Esta situación conduce a una ejecución ineficiente y de baja calidad del trabajo, tanto en el sector público como en el privado. La mentalidad de que “no dar el trabajo a quien lo merece es una injusticia para quien lo merece; dárselo a quien no lo merece es una injusticia para todos”, lamentablemente no se ha arraigado en nuestra sociedad.
Lo importante es poder tomar decisiones que generen beneficio social de manera racional, justa, moral y consciente, sin empeorar la situación de nadie. En una sociedad donde los morales, conocedores y experimentados NO TIENEN AUTORIDAD, y los que TIENEN AUTORIDAD son todo lo contrario, los problemas continúan en un círculo vicioso. En una sociedad donde se pierden los valores morales y se ignora el mérito, el entorno de confianza se debilita y la lealtad de los individuos hacia el Estado se tambalea. Esta situación prepara el terreno no solo para problemas individuales, sino también para disturbios sociales.
Más importante que el colapso económico es luchar contra el colapso moral. La polarización política, la corrupción y la degeneración, que también afectan al sistema legal, político y socioeconómico del país, provocan un colapso moral institucional. La base de la estructuración de los problemas en la administración estatal, que comienzan con la corrupción y terminan en la degeneración como un colapso moral institucional, radica en que tanto los políticos como los funcionarios públicos no son seleccionados según el principio de mérito.
MERCANTILIZACIÓN SIN REGLAS, DISTORSIÓN ECONÓMICA Y CRECIMIENTO INMORAL
La economía es una estructura que debe ser moldeada no solo por la producción y el consumo, sino también por valores éticos. En el centro de los problemas económicos, sociales, políticos y sociales que vive Turquía hoy, se encuentra el fenómeno de la mercantilización, acelerado especialmente después de la década de 1980. En nuestro país, en lugar de la industrialización, la urbanización planificada y el trabajo orientado a la producción, como ocurre en los países desarrollados de Occidente, se ha vuelto habitual enriquecerse mediante actividades orientadas al beneficio y la renta, buscando el camino fácil. Este proceso ha sido apoyado por políticas económicas neoliberales como la privatización, la financiarización y la desregulación en las políticas públicas. Este cambio de mentalidad ha traído consigo el nepotismo, la cultura del saqueo y el esfuerzo por obtener dinero y posición sin basarse en reglas ni responsabilidad, en las relaciones entre el individuo, la sociedad y el Estado, que no se construyen sobre la división del trabajo y la formación profesional.
Esta distorsión daña tanto la moral social como la individual. La tragedia en Kartalkaya es el resultado de un sistema donde las prioridades económicas se anteponen a la vida humana. Las rentas del suelo, los proyectos con garantía del tesoro, las irregularidades y la corrupción impiden la distribución justa de los recursos y profundizan la desigualdad social. Este sistema fomenta que los individuos antepongan sus intereses al beneficio social y legitima los comportamientos poco éticos. En un entorno así, mientras disminuye el valor dado a la vida humana, se ignora el bienestar general de la sociedad.
Debido a que la inmoralidad se ha convertido en parte de la estructura cultural, social y económica, siendo primero internalizada y luego legitimada tanto en la vida laboral como en nuestra vida cotidiana, además de la presión de factores externos, el daño a las relaciones de beneficio mutuo y la insostenibilidad de las negatividades creadas por el sistema, nos enfrentamos inevitablemente a una economía que CRECE DE MANERA INMORAL y que probablemente colapsará.
Todos piensan que serán engañados o sufrirán una competencia desleal en una coyuntura impredecible que genera desconfianza. Las personas, incluso si ellas mismas no lo hacen, normalizan los comportamientos inmorales y poco éticos pensando que otros realizarán actividades, transacciones y comportamientos fuera de las reglas o poco éticos que les impedirán obtener lo que merecen. Sin embargo, en nuestro país, los límites morales se han vuelto cada vez más borrosos y los intereses individuales han pasado por delante del beneficio social.
GESTIÓN DE CRISIS, RENDICIÓN DE CUENTAS Y FALTA DE MEDIDAS PREVENTIVAS
Existe una mentalidad que intenta intervenir solo después de que ocurre la crisis o cuando los riesgos se materializan, en lugar de prepararse para las crisis y prever los riesgos de antemano. Este enfoque convierte los desastres en algo regular y sistemático, en lugar de eventos aislados. Es necesario establecer mecanismos de auditoría independientes, luchar contra la corrupción y establecer una cultura de rendición de cuentas.
También existen graves problemas en nuestro país en cuanto a la gestión de crisis. Las medidas que deben tomarse para desastres como incendios, inundaciones y terremotos suelen ser descuidadas, lo que provoca que los eventos se conviertan en desastres. Como ocurrió en el incendio de Kartalkaya, cuando no se toman medidas preventivas, las intervenciones realizadas en el momento de la crisis también son insuficientes.
Para prevenir este tipo de tragedias, es esencial que las administraciones centrales y locales trabajen juntas. Sin embargo, en un entorno donde las autoridades y responsabilidades no están claramente definidas y los mecanismos de control no funcionan, la falta de coordinación se vuelve inevitable. Las regulaciones superficiales hechas después de la crisis en lugar de la gestión de crisis no sirven para nada más que para sacudir la confianza de la sociedad. En este sentido, que el poder judicial independiente, el pueblo, la prensa y la opinión pública exijan cuentas de manera imparcial, y que los titulares de la autoridad rindan cuentas honestamente, como en los países desarrollados, y vean la dimisión como una virtud cuando sea necesario, contribuirá a la prevención de tales desastres.
CONCIENCIA SOCIAL Y EDUCACIÓN
Calificamos incluso los fenómenos naturales como desastres. En realidad, lo que los convierte en desastres es nuestra negligencia. En este y otros eventos similares, lamentablemente ha quedado dolorosamente claro que los desastres eran evitables, que existen lagunas en la legislación, que las autoridades y responsabilidades entre las instituciones y organizaciones públicas no están claramente definidas, y que no se ha establecido un mecanismo de supervisión y control eficaz, transparente y responsable. ¿Habría ocurrido el siguiente si hubiéramos aprendido de los anteriores? ¿O habrían ocurrido estos, o habrían sido sus efectos tan grandes, si se hubieran establecido los mecanismos de control legal y técnico necesarios para minimizar o eliminar los riesgos?
La prevención de desastres como los incendios no es solo responsabilidad del Estado. La sociedad también debe ser consciente de este tema. La educación de la población en temas de conciencia sobre desastres, gestión de crisis y solidaridad social puede reducir el impacto de tales eventos.
Por lo tanto, para desarrollar la conciencia sobre los desastres, estos temas deben incluirse en los planes de estudio escolares y se debe inculcar a los niños desde una edad temprana la gestión de crisis, los valores éticos y el sentido de la responsabilidad. Porque la internalización de los valores morales por parte de los individuos afecta directamente la estructura general de la sociedad.
CONCLUSIÓN: UN FUTURO CENTRADO EN EL MÉRITO, LA MORAL Y LA JUSTICIA
El incendio de Kartalkaya quedó grabado en nuestra memoria como resultado de una cadena de negligencias y un colapso sistémico. Esta tragedia no es solo un accidente; es también un reflejo de los problemas morales, administrativos y económicos de nuestro país. Por alguna razón, vivimos sufrimientos constantes sin interrupción. Nuestros dolores crecen y, antes de que se apaguen, vivimos otro gran dolor. En lugar de discutir sobre las lagunas y los riesgos en los procesos, cada vez se exige el castigo de los culpables y la dimisión de los responsables, lo que lleva a ocuparse solo de los resultados en lugar de llegar a la raíz del problema. Nos limitamos a analizar el evento caso por caso en lugar de verlo en general. Sin embargo, ignoramos cada vez el hecho de que existe un problema sistémico en que tantos dolores ocurran uno tras otro, y que debemos cuestionar los procesos que mostrarán la fuente de los problemas en lugar de centrarnos solo en los resultados.
Para prevenir tales desastres, primero es necesario cambiar radicalmente el sistema y volver a poner los valores morales y el concepto de mérito en el centro. El Estado tiene el deber de garantizar la justicia, establecer el estado de derecho y poner la vida humana por encima de todo. Solo así podremos construir una sociedad justa, pacífica y segura.
Aunque las administraciones centrales y locales tienen diferentes prioridades periódicamente, apuntar a elevar el nivel de bienestar y la calidad de vida de sus ciudadanos debe estar entre las principales prioridades. De hecho, adoptar que las administraciones centrales y locales no son opuestas, rivales o alternativas entre sí, sino complementarias, minimizará los riesgos y garantizará que los procesos se lleven a cabo de manera más efectiva.
También es importante que los individuos defiendan internamente los valores morales y apliquen estos valores en su vida diaria. La moral es la conciencia fundamental de ser humano y seguir siéndolo. Con esta comprensión, se pueden prevenir eventos trágicos y construir una sociedad más justa y pacífica. Es importante aumentar las inspecciones, tomar medidas y asumir responsabilidades después de los eventos; sin embargo, el verdadero problema es que el ser humano viva una vida correcta y virtuosa en su esencia. Es que los individuos creen sus propios valores morales, los internalicen y los pongan en el centro de la vida.
Aprender de este evento y actuar es responsabilidad no solo de los administradores, sino de cada individuo. Lamentablemente, todos somos testigos de qué tipo de tragedias provoca preferir la lealtad en lugar del mérito y violar los valores morales y éticos. Si como sociedad no aprendemos de estas tragedias, será inevitable que ocurran desastres similares en el futuro. No debe olvidarse que, donde no hay mérito, moral y justicia, tampoco hay paz ni seguridad. Como sociedad, debemos asumir la responsabilidad de construir un futuro más justo y seguro.
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