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¿Quién financia la violencia?

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Vivimos una época en la que los niños en edad escolar se encuentran con la violencia a una edad tan temprana, la edad de consumo de drogas ha bajado hasta los 12 años y la palabra del profesor ha perdido su peso.  Las familias no pueden controlar a sus hijos. La escuela se aleja de ser un espacio que genera disciplina y sentido. 

Explicar este panorama simplemente como “los jóvenes de hoy en día” sería una simplificación excesiva. “La educación es la base de todo”puede sonar como una frase muy clásica, pero es la pura realidad...

La fecha de las masacres escolares en Şanlıurfa y Kahramanmaraş también es interesante. El 17 de abril es el aniversario de la fundación de los Institutos de Pueblo, uno de los pilares fundamentales de las Revoluciones de la Ilustración de Turquía.  Los Institutos de Pueblo, fundados el 17 de abril de 1940, no eran solo escuelas; eran centros donde la producción, el arte y la población rural se familiarizaban con los valores republicanos y se transformaban en individuos libres. El desgaste comenzó primero dentro del CHP durante el periodo de partido único, impulsado por terratenientes, comerciantes, clérigos y la burocracia civil y militar; con la llegada al poder del Partido Demócrata en 1950, la campaña de desprestigio se intensificó hasta su cierre en 1954. 

Quienes apagaron esa luz aquel día sentaron las bases de la oscuridad actual. El cierre de los Institutos de Pueblo puede considerarse una de las causas fundamentales de muchos de los problemas estructurales que vivimos hoy. 

Con las políticas aplicadas desde entonces, el sistema educativo se alejó de la formación de individuos cualificados. Tras el golpe de Estado de 1980, el plan de estudios se basó en la Síntesis Turco-Islámica. En los últimos años, incluso esta síntesis ha perdido su vigencia. Ha ganado fuerza un modelo basado en supersticiones que ignora la ciencia y debilita el pensamiento crítico.

Un sistema educativo que se aleja de la razón, la ciencia y el pensamiento analítico para priorizar las supersticiones representa, al mismo tiempo, un costo enorme que erosiona el capital social; en otras palabras, es una pérdida generacional, una destrucción. Es la aniquilación del futuro de un país. 

A los jóvenes les han robado sus sueños. Cerca del 30% de la población joven no estudia ni trabaja. Una gran parte de ellos piensa en encontrar una oportunidad para establecerse en el extranjero. Si una sociedad no puede ofrecer un futuro a sus jóvenes, estos buscarán el sentido de la vida en otros lugares. A veces en la ira, a veces en la violencia.

No podemos despachar el asunto diciendo que son "los jóvenes de hoy". El gobierno tiene responsabilidad, pero el problema no se limita a eso. Nos enfrentamos a una ingeniería política centrada en colapsar la estructura social en todos los ámbitos, incluida la educación. Miremos las pantallas de televisión.

¿Esta violencia surge solo por las deficiencias del sistema educativo o es producida deliberadamente? Hagamos la pregunta aún más inquietante: ¿tenemos nosotros también responsabilidad en esta estructura que genera violencia?

En las series que millones de personas ven cada noche, la violencia ya no es un "elemento secundario", sino que se ha convertido en el lenguaje principal de la historia. Armas, ejecuciones, escenas de venganza... La violencia no solo se muestra. Se normaliza como si fuera el flujo natural de la vida cotidiana, e incluso, a veces, se glorifica.

No es fácil entender al RTÜK. Mientras que las escenas de tabaco y alcohol se censuran con gran sensibilidad, las armas, las ejecuciones y las escenas que generan traumas psicológicos y fomentan la violencia pueden llevarse a la pantalla sin restricciones.

El tabaco es perjudicial para la salud... Es cierto, ¿pero acaso una bala no lo es? 

Aquí citaré el artículo de Salim Kadıbeşegil en la edición de enero-febrero de 2026 de la revista Brand Map. Salim Kadıbeşegil es mi amigo y compañero desde hace casi 45 años. Es un experto en comunicación, uno de los nombres más influyentes en Turquía en la gestión de la reputación, especialmente para empresas y marcas... Kadıbeşegil tiene una observación muy clara:

“Los anunciantes no solo compran pantalla; también se vuelven cómplices de la cultura que esa pantalla produce”.

Porque estas series no son solo contenido. Son, al mismo tiempo, un mecanismo de producción cultural... Y este mecanismo no funciona solo. ¿Quién financia estas series que corrompen la cultura social y la paz, y que alimentan la violencia y el terror?

La respuesta es muy clara: las marcas, los anunciantes, los patrocinadores, la colocación de productos... Hoy, detrás de una serie con altos índices de audiencia no solo están los guionistas y los actores. También están las marcas que, con su presupuesto, mantienen a flote esa serie. Salim Kadıbeşegil aborda un concepto muy importante en su artículo y ofrece ejemplos. Ceguera ética.

Por un lado, las marcas que realizan campañas por el “Día de la Mujer”...

Por otro lado, las mismas marcas que se anuncian en series donde se comete violencia contra las mujeres de forma intensa.

Durante el día el mensaje de "valor a la mujer", por la noche escenas de "violencia contra la mujer". Esto no es solo una contradicción. Es una inconsistencia sistemática y, lo que es más importante, es un

riesgo reputacional... riesgo reputacional...

¿Pero son solo las marcas? Este sistema también tiene una mayoría silenciosa. Los espectadores. Los que no reaccionan. Los que dicen: "¿Qué podemos hacer? Es así en todas partes".

Dejemos las soluciones sobre educación y seguridad pública como tema para otro artículo. Veamos la parte de la televisión. La solución no está en más prohibiciones ni en castigos más severos. La solución, está en redefinir la responsabilidad.

Para las marcas esto es muy claro: no poner publicidad en contenidos que contienen violencia no es un "sacrificio",

es una inversión en reputación. Le otorga estrellas a la marca. Como señala Kadıbeşegil, las marcas que hacen esto voluntariamente no solo hacen lo correcto; al mismo tiempo, ganan confianza ante el consumidor. Salim Kadıbeşegil utiliza la siguiente expresión en su último párrafo:

"¡Yo, por ejemplo, ya les di las primeras estrellas a Samsung y MediaMarkt, que tomaron la decisión de no poner publicidad, no patrocinar y no realizar emplazamiento de productos en series y programas cuyo tema principal es la violencia contra la mujer y los niños!"

Yo también le doy la misma estrella a Yapı Kredi Bankası, que ha tomado la decisión de no poner publicidad en emisiones con contenido violento. 

La violencia que hoy financian en las pantallas en nombre del rating, mañana regresa a nosotros en la calle, en la escuela o en las relaciones vecinales como una bala o un acto de violencia. No olviden que con su presupuesto publicitario no solo están comercializando su producto, sino que también están financiando esa cultura y esa violencia.