La educación en Turquía ya no es gratuita.
Desde el preescolar, los padres se ven obligados a pagar cuotas de inscripción que comienzan en 20 mil liras al matricular a sus hijos en la escuela.
Sin embargo, la educación es un derecho constitucional. Es un servicio que el Estado debe proporcionar de forma gratuita.
No obstante, a pesar de que los ciudadanos pagan sus impuestos hasta el último centavo y contribuyen en todo lo que pueden, se les obliga a pagar dinero bajo el nombre de 'donación', equivalente a un salario mínimo, para poder escolarizar a sus hijos.
Además, el problema no se limita únicamente a la cuota de inscripción.
En las escuelas, los baños no se pueden limpiar y no hay acceso a productos de limpieza. En muchos lugares, los profesores y los padres intentan garantizar la higiene de las escuelas por su cuenta.
A los padres se les entrega una lista enorme que incluye desde papel higiénico hasta papel A4, pasando por detergentes y esponjas; todo tipo de artículos de primera necesidad…
Como es natural, surgen preguntas inevitables: ¿Por qué el Ministerio de Educación Nacional, que cuenta con un presupuesto gigantesco, no puede proporcionar ni siquiera los artículos de limpieza más básicos?
Y, ¿cómo se puede esperar una educación de calidad de los profesores que son sometidos a tales cargas?
La preocupación en la mente de los padres es aún más profunda: “Si no pagamos este dinero, ¿se verá afectada negativamente la educación de nuestro hijo? ¿Adoptarán los profesores o la dirección de la escuela una actitud diferente?”
Tanto es así que incluso las preguntas más buscadas hoy en Google son prueba de este colapso…
“¿Es legal la cuota de inscripción escolar?”
“¿Es obligatoria la cuota escolar?”
“¿Qué pasa si no se paga la cuota de inscripción escolar?”
“¿Cuánto cuesta la cuota de inscripción de primer grado?”
“¿Se puede recuperar el dinero de la escuela?”
Cada año, el Ministerio de Educación Nacional hace la misma declaración: “En ninguna escuela de la República de Turquía hay cuotas de inscripción, no se pueden exigir donaciones obligatorias.”
Pero no ha cambiado nada.
Las administraciones escolares siguen insistiendo en exigir cuotas de inscripción.
Las palabras del presidente de Veli-Der, Ömer Yılmaz, resumen la situación:
“Estas cuotas no son legales. Si se solicitan, infórmenlo sin falta al Ministerio de Educación Nacional, al CİMER o a nosotros. No se debe pagar este dinero.”
La realidad es cruda: el sistema educativo en Turquía se ha colapsado.
El ciudadano no puede acceder a la educación gratuita, que es su derecho más fundamental.
Y este panorama se presenta ante nosotros como el indicador más llamativo del colapso que se vive no solo en la educación, sino en muchas áreas del país.
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