Últimamente tengo innumerables preguntas en mente sobre la justicia en Turquía.
Tanto es así que tuve la oportunidad de hacerle la más dolorosa de estas preguntas a la presidenta del Colegio de Abogados de Estambul, Filiz Saraç, en el estudio de 12punto.
Le pregunté cómo es posible que muchos delitos, desde asesinatos hasta crímenes menores, queden impunes y que quienes matan a personas sean liberados en poco tiempo.
La respuesta de la presidenta del Colegio de Abogados, Filiz Saraç, fue: "La incapacidad de gestionar, no establecer correctamente el régimen de ejecución penal, no realizar un seguimiento adecuado de las personas con potencial delictivo, cometer errores con ciertas leyes o prácticas de amnistía promulgadas de forma inapropiada, y el hecho de que no llevar ante la justicia a quienes deberían ser juzgados genera impunidad".
Unos días después, un amigo que vino a mi casa a dejarme una invitación de boda me contó que estaba preocupado por el barrio donde iba a vivir, mencionando a dos asesinos que residían en la zona donde había alquilado su casa.
Me explicó que no podía entender cómo estas personas seguían en libertad a pesar de haber cometido asesinatos.
Es decir, las preguntas que nadie puede comprender y para las que nadie encuentra respuesta también carcomían su mente.
Vivir con asesinos impunes... O vivir con personas 'ávidas de cometer delitos' que saben que, hagan lo que hagan, no se enfrentarán a sanciones graves, y que a veces cuentan con el respaldo del poder judicial y otras con el de barones del dinero y del crimen...
Digamos que evaluamos esta situación como un fallo o un funcionamiento defectuoso del engranaje del sistema judicial y lo atribuimos a diversas razones.
Entonces, ¿qué diremos de las injusticias cometidas a plena vista?
El 30 de diciembre de 2022, el ex presidente de los Hogares Idealistas (Ülkü Ocakları) y académico Sinan Ateş fue asesinado a tiros. Su asesino fue capturado. Han pasado 17 meses. Se ha preparado la acusación por el caso de Sinan Ateş.
Sin embargo, en la acusación de 145 páginas ni siquiera se menciona que Ateş fue presidente de los Ülkü Ocakları. Tampoco se escribe por qué fue asesinado. No obstante, todo el mundo sabe que, tras destituir a Ateş de su cargo, la dirección del MHP lo acusó de cercanía al partido İYİ y de vínculos con FETÖ, y que Ateş fue amenazado y señalado como objetivo.
Tras el asesinato de Ateş, su familia sufrió un gran dolor.
Su padre falleció recientemente tras sufrir un infarto. Se hicieron llamamientos a los niveles más altos de la política, incluido el presidente Erdoğan, para que se esclareciera el asesinato de Ateş. El crimen se mantuvo en la agenda tanto como fue posible. Sin embargo, no se ha dado ni un solo paso.
Cuando todo está tan claro, y mientras los periodistas que escriben abiertamente los detalles del suceso se enfrentan al riesgo de ser arrestados, la justicia no se hace realidad.
Quizás el día que comprendamos que el ser humano no puede encontrar paz donde no hay conciencia ni justicia, podamos dar un pequeño paso hacia la construcción de una Turquía justa...
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