Turquía, como sociedad, atraviesa un difícil cuello de botella. El crimen, la violencia, el suicidio y los asesinatos se están convirtiendo en sucesos cotidianos de la vida diaria. No pasa un día sin que los medios de comunicación informen sobre un incidente violento. Cada día nos vemos sacudidos por noticias de violencia brutal, mucho más escalofriantes que las ocurridas en el pasado.
Las mujeres y los niños están expuestos a un intenso odio, resentimiento y violencia masculina. Los estallidos de ira terminan en muertes. En la calle, en el tráfico, en casa, en el lugar de trabajo, las armas se disparan por motivos triviales. La presión patriarcal y la violencia contra la mujer, tanto dentro como fuera del ámbito familiar, continúan a toda velocidad. El autor que descuida y abusa suele ser siempre un hombre. Tal como ocurrió con los perpetradores de nuestras jóvenes Özgecan, Narin y Ayşenur.
Entonces, ¿cómo hemos llegado a este punto? ¿Qué hay detrás del hecho de que la violencia domine todos los sectores de la sociedad y se adopte como un método de resolución de problemas? ¿Cómo debemos interpretar los comportamientos esquizofrénicos que se observan en la sociedad? ¿Cómo saldremos de esta situación patológica?
En mi opinión, la sociedad turca está atravesando la crisis caótica que las sociedades de Europa Occidental vivieron en el siglo XVIII; lo que Durkheim y Merton conceptualizaron como 'anomia' y Marx como 'alienación'. Según estos sociólogos, las sociedades que no pueden experimentar procesos saludables de migración, urbanización e industrialización, y que se ven trastornadas por profundas crisis económicas, atraviesan un proceso de 'regresión social' anómica.
En los periodos de transición, la falta de normas (anomia), el desorden, la falta de sentido, la desesperanza, el colapso y el caos dominan la formación social. En los individuos y las familias se generalizan el colapso mental, el síndrome de agotamiento y el sentimiento de indefensión aprendida. Se vive una gran anomia. Se observa un retroceso significativo en el funcionamiento institucional. El ethos de convivencia en sociedad y los lazos tradicionales se erosionan. Las reglas, las instituciones y los valores entran en un proceso de disolución.
Las 'investigaciones sociales' que se realizan en nuestro país señalan que la ansiedad por la seguridad, el miedo, la inquietud y la desesperanza han echado raíces en el mundo psicológico de la gente común. En los códigos mentales, los patrones de pensamiento y el sistema simbólico colectivo de la sociedad, la 'ansiedad por el futuro' y la 'percepción del riesgo' tienden a aumentar de manera constante. El sociólogo alemán Ulrich Beck define a la sociedad posmoderna como una 'sociedad del riesgo' y utiliza el 'riesgo' en el sentido de estar en una relación sistemática con los peligros y la inseguridad provocados por la modernización. Amin Maalouf, en su famosa novela “El desajuste del mundo”, habla de que nuestra civilización tiende al agotamiento. Escribe que la era de la Ilustración está tambaleándose y debilitándose; y que es testigo de una era en la que el fanatismo, la violencia, la exclusión y la desesperanza están en aumento.
Las cifras del TÜİK y de los índices mundiales de felicidad muestran que somos una sociedad infeliz. El informe de la Organización Mundial de la Salud indica que el 4,5% de la población de Turquía sufre depresión. Según los datos del Ministerio de Salud, el uso de antidepresivos aumentó un 27% entre 2013 y 2017. Por supuesto, el deterioro de nuestra salud mental colectiva está estrechamente relacionado con factores como la crisis económica, las dificultades para ganarse la vida y la depresión.
A pesar de todas estas negatividades, la administración y las instituciones actuales tienen dificultades para cumplir con sus deberes y responsabilidades. Los servicios sociales y públicos no se ofrecen lo suficiente a la población para garantizar la paz social.
Es necesario replanificar los servicios sociales y de seguridad destinados a las familias y a los individuos que se quedan solos y desamparados. Se debe construir un Estado social fuerte y redes de solidaridad social. Deben ponerse en marcha trabajos que eliminen la presión multidimensional sobre las mujeres. Se debe garantizar que la conciencia social contra la violencia aumente y que, a través de una movilización educativa total, se difunda en la sociedad que la violencia no es un 'método de resolución de problemas'.
Para comprender las causas actuales de los incidentes violentos, es de vital importancia recopilar los datos necesarios mediante investigaciones periódicas y poner en práctica políticas de solución a la luz de estos datos. Se deben realizar análisis de impacto de los proyectos que han estado vigentes hasta hoy pero que no funcionan, y replanificarlos. En la lucha contra la violencia, que es un problema colectivo de la sociedad, el gobierno central, las administraciones locales, la sociedad civil y las universidades deben trabajar necesariamente en cooperación y coordinación.
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