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¿Cómo fortalecer el sistema inmunológico del bebé?

La importancia de la nutrición y el ejercicio es fundamental en el proceso de fortalecimiento del sistema inmunológico, tanto en niños como en adultos. Sin embargo, cuando se trata del sistema inmunológico de los bebés, las cosas pueden volverse confusas. La leche materna juega un papel crucial en el fortalecimiento de la inmunidad del bebé, un tema que genera gran interés entre los padres. Aquí presentamos los pasos para fortalecer la inmunidad del bebé...

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¿Cómo fortalecer el sistema inmunológico del bebé?

Los padres hacen todo lo posible para evitar que sus bebés enfermen, consultando a los médicos sobre una amplia variedad de temas, desde suplementos vitamínicos hasta programas de alimentación.

Existen muchas formas de fortalecer la inmunidad del bebé y garantizar su protección contra las enfermedades.

Estas formas se pueden enumerar de la siguiente manera:

Leche materna: Los soldados del sistema de defensa, llamados anticuerpos, pasan de las madres a los bebés a través de la placenta y protegen a los bebés contra diversas enfermedades hasta que tienen aproximadamente 6 meses de edad. La protección posterior es proporcionada por los anticuerpos que los bebés reciben a través de la leche materna.

La “inmunoglobulina A” presente en la leche materna es importante para la inmunidad y la protección contra enfermedades. Además, otro componente de la leche materna llamado “lactoferrina” evita la proliferación de bacterias que necesitan hierro para desarrollarse, al unirse a este mineral. Otro componente importante es el contenido prebiótico de la leche materna.

Los prebióticos en la leche materna favorecen el desarrollo de bacterias beneficiosas presentes en el intestino del bebé, llamadas “Bifidobacterium bifidum”. De esta manera, al establecerse en el intestino del bebé, se previenen posibles bacterias causantes de enfermedades. La información sobre la leche materna es tan extensa que podría escribirse solo sobre su impacto en la inmunidad. Aún se siguen realizando muchos estudios científicos al respecto. Es necesario alimentar a los bebés con leche materna tanto como sea posible durante los primeros 6 meses.

Los padres no deben fumar: El humo del cigarrillo contiene más de 4000 componentes químicos. De estos químicos, especialmente la nicotina y el monóxido de carbono, provocan el estrechamiento de los vasos sanguíneos del útero, la sangre y el cordón umbilical donde reside el bebé durante el embarazo.

En esta situación, que resulta en una disminución del intercambio de nutrientes y gases entre el bebé y la madre, el feto no recibe suficiente nutrición, lo que puede derivar en retraso del crecimiento, alergias, asma, otitis media y problemas en el sistema inmunológico en etapas posteriores de la vida.

La ingesta de probióticos debe aumentarse en la alimentación del lactante: Los probióticos pueden definirse brevemente como “microorganismos que afectan positivamente la salud cuando se toman en cantidades determinadas”. Los probióticos que podemos utilizar en niños se encuentran principalmente en yogures, queso, kéfir y encurtidos. Estos alimentos fermentados contienen lactobacilos, bifidobacterias y muchos otros microorganismos con propiedades probióticas.

Además de los probióticos, es necesario incluir alimentos prebióticos en la dieta: Aunque su nombre suena similar, a diferencia de los probióticos, los prebióticos son grupos de componentes alimentarios de carbohidratos no digeribles y fermentables que afectan positivamente la salud humana al favorecer el aumento de bacterias beneficiosas con propiedades probióticas que viven en el intestino grueso.

Existen cuatro grupos principales de prebióticos:

Inulina, fructooligosacáridos (FOS), lactulosa (LOZ) y galactooligosacáridos (GOS). Los alimentos con propiedades prebióticas que podemos incluir principalmente en la dieta de nuestros hijos son la cebolla, el ajo, el plátano, la alcachofa, el puerro, los espárragos y las legumbres.

Hipótesis de la higiene: Las investigaciones han demostrado que los factores ambientales que pueden cambiar el curso de la vida de un niño en relación con su sistema inmunológico son las infecciones que padece, las vacunas, las condiciones nutricionales y la diversidad de la microbiota intestinal. Un tema importante que debe mencionarse en este punto es la “hipótesis de la higiene”.

En términos sencillos: “Mientras que nuestros niños que juegan en el campo, en la tierra, y cuyas manos no se limpian con desinfectante cada vez que se caen, enferman menos; aquellos niños a los que criamos entre algodones pero que están confinados dentro de un apartamento, que siempre tienen una tableta en la mano y apenas conocen los juegos callejeros, enferman mucho más a menudo...”

Según la hipótesis de la higiene, alejarse gradualmente de la vida natural en paralelo con el desarrollo económico y social provoca que nuestro sistema inmunológico se comporte de manera diferente. La transición de la vida en familia extendida a la familia nuclear, el aumento de la exposición al humo del tabaco y al aire contaminado en las ciudades, y el aumento inevitable del consumo de alimentos modificados genéticamente y alimentos envasados, sientan las bases para el aumento de las enfermedades alérgicas.

A medida que este proceso se prolonga, se producen diferencias en las respuestas que nuestro sistema inmunológico debe dar ante sustancias extrañas, y se comienzan a producir anticuerpos llamados inmunoglobulina E incluso contra sustancias extrañas que no son dañinas para nuestro cuerpo. Es por esta razón que ahora vemos con frecuencia diagnósticos de “niño alérgico” en las ciudades concurridas.


Fuente de la noticia: 12punto

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