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La historiografía es una cosa y el cuentacuentos otra

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Cuando hablamos de "historiografía" en un sentido científico, sin duda nos vienen a la mente las cátedras de historia de las universidades y las investigaciones y estudios realizados en el mundo académico. Las películas, series y programas de televisión históricos, por otro lado, son temas de la historia popular que contienen elementos de entretenimiento. El interés del público por la historia se dirige principalmente hacia este ámbito popular. La intensidad de las series históricas en los canales de televisión privados, empezando por la TRT, refleja la dinámica de oferta y demanda en este sentido.

Algunos historiadores prefieren ser celebridades temporales de la cultura popular en lugar de realizar trabajos científicos que requieren un esfuerzo intenso, como el estudio de los archivos otomanos, fuentes extranjeras e investigaciones de campo. La fama efímera, como el rocío de la mañana, se antepone al prestigio académico, y la cientificidad y la seriedad académica ceden su lugar al cuentacuentos televisivo.

El "meddah" (cuentacuentos), uno de nuestros espectáculos tradicionales, es una representación unipersonal basada en la interpretación de diferentes personajes mediante la voz y la mímica.

La maestría del actor reside en su capacidad para dar vida a decenas de personajes manteniendo vivo el interés del público dentro de la fluidez de la historia que narra. Münir Özkul y Erol Günaydın fueron los últimos maestros de la tradición del meddah. El meddah era un arte propio de nuestra cultura, con raíces en el teatro de sombras y el teatro tradicional turco (ortaoyunu).

Lo que se critica aquí es que, cuando la historiografía y el cuentacuentos intercambian sus roles, además de la evaporación de la historicidad y la cientificidad, el arte del meddah tampoco se honra, sino que se diluye. Asimismo, se critica que algunos programas se conviertan en un intercambio de pullas entre Kavuklu y Pişekar, los personajes principales del teatro tradicional.

Parece que la historiografía televisiva, exhibida por historiadores con etiqueta académica e historiadores de dinastía sin ella, quienes actúan a veces como Kavuklu y Pişekar, a veces como Meddah y otras como comparsas, continuará durante mucho tiempo. En otras palabras, tendremos que soportar por un buen tiempo el reinado en la pequeña pantalla de estas celebridades televisivas que se han desconectado del mundo académico y han olvidado hace mucho que la historia es una disciplina científica seria que no admite invenciones.

Después de todo, mientras haya audiencia, ¡inventa todo lo que puedas, vende todo lo que puedas, engaña todo lo que puedas!

Esta anestesia administrada a través de la pantalla afecta a amplios sectores de la sociedad y genera dependencia. Las demandas de la audiencia adicta a la pantalla se vuelven a ofrecer al consumo público en forma de nuevos productos y programas. Una superficialidad y falta de nivel cultural en cadena se siguen produciendo una y otra vez, perdiendo altura constantemente.

En la TRT y otros canales, con series dinásticas que distorsionan la historia y un cuentacuentos histórico que embota la conciencia pública, se inyecta mañana y noche a través de las pantallas una percepción de la historia virtual, fantástica y sintética, que nunca existió en el pasado, como si fuera nuestro glorioso pasado.

La misión asumida por estos cuentacuentos en la atrofia del sentido común, la conciencia colectiva y la sensibilidad nacional de un pueblo desconectado del mundo real por la hipnosis de la pantalla, se comprenderá mejor en el futuro.

Terminemos nuestro artículo con uno de los ejemplos más actuales, dolorosos y reflexivos de la erosión en la conciencia nacional, en el compromiso con los valores representados por el 29 de octubre de 1923, y en el sentimiento de unidad en el dolor, la tristeza y la alegría. La puesta en escena de la boda dinástica celebrada en el centenario de la República, los guardias dinásticos con trajes de serie, los testigos historiadores y políticos de la boda, y el elogio a la dinastía y el insulto a la República en el teatro exhibido, ¡son una fotografía ejemplar del lugar hacia donde está siendo arrastrada la República de Turquía!