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Los jeques de Kurtuluş y la religión escrita por mano humana

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“Si abrogamos un versículo o hacemos que se olvide, traemos uno mejor o similar. ¿No sabes que Alá es capaz de todo?” (Al-Baqarah, 106)

Como señala claramente el versículo, Dios modifica los preceptos de vez en cuando durante el proceso de construcción de la religión; de este modo, el rumbo de la religión puede adquirir una nueva dirección.

Entonces, ¿pueden los seres humanos hacer esto? ¿Puede la religión ser reconstruida con lo que trae la vida?

Las preguntas pueden parecer contrarias a primera vista. Sin embargo, la historia nos muestra que esto ha sucedido muchas veces. Las relaciones de poder, las luchas de influencia, los actores económicos y políticos han reinterpretado la religión a lo largo de los siglos; a veces, la han moldeado según sus propias necesidades. Las sectas, las cofradías y diversas estructuras religiosas han sido los portadores de este proceso.

Incluso hoy, vemos que las interpretaciones de la religión representadas por diferentes grupos chocan entre sí. La interpretación adoptada por una parte puede considerarse una desviación según la otra. Incluso, a veces, mientras las partes declaran sus propias interpretaciones como la verdad absoluta, pueden acusar a la otra parte de “caer en la incredulidad”.

El discurso frecuentemente expresado de “la religión que vivimos hoy es la religión omeya” se presenta ante nosotros como uno de los ejemplos más llamativos de este debate.

Precisamente, los jeques en la película Kurtuluş, escrita y dirigida por Emin Alper, ponen de manifiesto este proceso de reconstrucción de la religión de una manera impactante.

Ferit Şeyh, uno de los jeques de la película, interpretado por Feyyaz Duman, adopta una postura más cautelosa y pacífica ante los problemas que surgen. Sin embargo, al mismo tiempo, piensa en el futuro y el poder de la cofradía (dergâh). Habla con su hermano, Mesut Şeyh, sobre el crecimiento de la cofradía y la expansión de su esfera de poder, y defiende que no se debe intervenir directamente en el conflicto social. En su visión, lo que está en el centro es el poder, la fuerza y la continuidad de la autoridad religiosa.

Por el contrario, Mesut Şeyh, interpretado por Caner Cindoruk, sigue un camino completamente diferente bajo la dirección de la tribu Bezari. En poco tiempo, recurre a la violencia para tomar el poder y convierte a la religión en el lenguaje legitimador de esta violencia. Así, la ruta que sigue la religión cambia drásticamente; el proceso abre la puerta a masacres y matanzas colectivas.

La autoridad religiosa cambia de manos. Mesut Şeyh, como nueva autoridad, se convierte en representante tanto de la tribu como de la religión. Aunque las razones sean discutibles, se ve claramente que las dinámicas de la vida son determinantes en la forma en que se interpreta y aplica la religión. Los problemas políticos, sociales y regionales transforman el discurso religioso. Ahora, los preceptos hablan como si fueran armas; la maldad absoluta se considera legítima y el lenguaje de la brutalidad se reproduce en nombre de la religión.

Los jeques de Kurtuluş ofrecen una narrativa poderosa que muestra cómo se reproduce la religión bajo la influencia de muchas dinámicas psicológicas, culturales y sociales; y por qué caminos puede pasar y hacia qué puntos puede desviarse. En este sentido, la película no solo recuerda un evento escalofriante ocurrido en un período determinado, sino una realidad a la que la historia de la humanidad se ha enfrentado una y otra vez.

Esa realidad es la siguiente: la religión ha sido moldeada por las manos del ser humano y de la vida a lo largo de la historia; a veces se endureció bajo la sombra del poder, a veces se suavizó con interpretaciones más humanas. Pero había algo que no cambiaba: el ser humano no solo vive lo que cree; al mismo tiempo, lo reconstruye.