La Flota Global Sumud, con cerca de 500 voluntarios y activistas de 46 países, planeaba romper el bloqueo y entregar suministros de primera necesidad a los palestinos tras un viaje que duró semanas.
La acción no logró el resultado previsto debido a la intervención de la ocupante Israel. La intervención contra la flota fue seguida en directo. La ayuda, una vez más, no pudo llegar a los niños de Gaza. La opinión pública mundial organizó manifestaciones de apoyo a la flota y a Palestina en muchas partes del mundo. Los activistas de la flota fueron enviados a la famosa prisión de Katziyot, donde fueron detenidos y sometidos a malos tratos. En la actualidad, la mayoría de los activistas, incluida Greta Thunberg, la activista de 21 años nominada tres veces al Premio Nobel de la Paz, han regresado a sus países. Los voluntarios y activistas fueron recibidos con gran interés y apoyo en sus países de origen.
Algunos de los activistas turcos que participaron en la Flota Global Sumud llamaron la atención con las declaraciones que hicieron en las redes sociales a su regreso. El hecho de que algunos influencers mediáticos activistas compartieran con entusiasmo las dificultades que vivieron, tales como "pasamos hambre, estuvimos bajo el sol", convirtió sus experiencias de "activismo" en historias personales. Sus declaraciones tomaron más la forma de una inversión emocional digital que de una solidaridad política. El concepto de capitalismo emocional fue desarrollado por la socióloga Eva Illouz para definir la estructura social en la que las emociones se convierten en parte de la economía de mercado y las experiencias emocionales se ponen en circulación como una forma de capital. Las personas adaptan sus formas de expresar sus emociones a la lógica del mercado; así, incluso la "exhibición del dolor" se transforma en una forma de valor. En el caso de los influencers mediáticos turcos en la Flota Sumud, la reducción de los contenidos relacionados con la crisis humanitaria en Palestina a experiencias emocionales individuales es un ejemplo típico de este proceso.
Según el concepto de capitalismo emocional, el estilo dramático pero "excesivamente alegre y quejumbroso" de los influencers convirtió una tragedia humana en una experiencia individual y en material de contenido. En este sentido, "sufrir por Palestina" se convirtió en una actuación en las redes sociales. Las prácticas de los influencers de compartir sus momentos de dolor y angustia, en realidad, maximizaron sus tasas de interacción (me gusta, compartidos, comentarios). En el mercado emocional, mientras los individuos expresaban sus emociones públicas, generaban un valor económico (interacción, visibilidad e imagen de marca) sin que se notara. Así, el dolor se transformó en un capital visualizable, y la solidaridad en un bien de consumo visual.
Presentar el dolor como una experiencia auténtica convierte la acción política en un objeto de consumo emocional. Los usuarios de las redes sociales se unen a través de emociones comunes, pero estas emociones a menudo alimentan el consumo emocional, no la conciencia política. Las historias de los influencers proporcionan una micro-segmentación emocional al borrar el contexto político del dolor. Sus contenidos dejan de ser expresiones individuales y se transforman en actuaciones emocionales adecuadas para la circulación algorítmica. Las emociones son arrancadas de la realidad política y "optimizadas para la interacción" por los algoritmos. Esto es coherente con la tesis de Papacharissi de que las redes sociales crean públicos emocionales y que los individuos no se reúnen en torno a un objetivo político común, sino en torno a emociones compartidas. Esto puede fortalecer una solidaridad superficial en torno a las emociones, pero a menudo conduce a la superficialidad de las demandas políticas. Las publicaciones de los influencers son un producto típico de estos públicos emocionales. Es decir, los usuarios comparten el dolor, pero no pueden producir una solución política.
El discurso de Greta Thunberg: Resistencia al capitalismo emocional
El contenido del discurso que la mundialmente famosa activista Greta Thunberg dirigió a los líderes mundiales en Grecia, tras salir de la prisión israelí, rechaza el capitalismo emocional y los públicos emocionales. Thunberg no estaba nada alegre durante sus declaraciones, en las que afirmó: "la cuestión no es lo que me hicieron en la prisión israelí, el tema es el genocidio deliberado de Israel y el intento de aniquilar a toda una población en Gaza ante nuestros ojos". Con su declaración, puso de relieve la claridad moral y la responsabilidad política en lugar de una narrativa de trauma personal. Fue una forma de comportamiento que, a diferencia del capitalismo emocional, pretendía transformar la emoción pública en responsabilidad colectiva. En el discurso de Thunberg hay un llamado a la conciencia y un sentido de justicia colectiva. De esta manera, intenta resistirse a la mercantilización de la emoción tratando de convertir la acción en conciencia política. Con el lenguaje que utilizó, Thunberg defendió una obligación moral, oponiéndose en cierto modo a la mercantilización del dolor. Al anteponer la responsabilidad política y un llamado a la acción moral, evitó la escenificación de la emoción. De esta forma, la emoción es rescatada del mercado y devuelta al campo de la ética política y la resistencia. Entre ambos discursos, se vuelve evidente la diferencia entre el uso de la emoción como objeto de consumo y la subjetivación política.
En conclusión, mientras que el activismo de los influencers contiene dramatización de la experiencia personal, visibilidad, lealtad de los seguidores, fatiga de la empatía, solidaridad superficial y capital emocional (likes, visualizaciones, patrocinios); el activismo político crea politización de la ira moral colectiva, esfuerzos de presión internacional, conciencia política y movilización crítica, y capital simbólico (autoridad moral, conciencia colectiva). En resumen, el dolor no debe convertirse en un contenido de redes sociales, la solidaridad en una actuación mediática, ni la política en una "forma de contar historias"; la empatía no debe separarse del impacto político. La flota de la humanidad no debe ser ensombrecida por la mediocridad mediática.
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