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Una evaluación sociológica sobre los vídeos de bebés creados con IA

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La producción cultural en las redes sociales impulsada por la tecnología de inteligencia artificial (IA) sigue influyendo en las sociedades con nuevas tendencias cada día. Los vídeos de bebés creados con IA, que se han extendido rápidamente por las plataformas de redes sociales en los últimos dos años, son contenidos producidos mediante animación facial y síntesis de voz. La tendencia de los "bebés que hablan con IA" (AI Talking Babies) se ha vuelto viral y está atrayendo un gran interés. Aunque superficialmente esta tendencia parece basarse en la ternura o el humor, en el fondo subyacen la soledad social, el escapismo y las formas emocionales de la economía del espectáculo.

Actualmente, este fenómeno aún no ha sido conceptualizado. Al relacionar los vídeos de bebés con IA con los conceptos de los sociólogos, nos viene a la mente la observación de Guy Debord (1967) en "La sociedad del espectáculo", donde señala que en las sociedades capitalistas "la vida se convierte en espectáculo". Los vídeos de bebés con IA son el producto de un ecosistema mediático en el que las emociones también han evolucionado hacia una forma de espectáculo y la comunicación humano-máquina ha entrado en una nueva fase. Y en la sociedad del espectáculo con IA, ni siquiera es necesario que los bebés nazcan para subir al escenario.

La teoría del trabajo emocional de Arlie Hochschild (1983) también es importante en este contexto.

En palabras de Hochschild, los sentimientos de simpatía hacia los bebés operan dentro del mercado. La transformación de los sentimientos de ternura y humor en contenido mediante la IA es una forma de generar interacción e ingresos.

El concepto de "simulacro" de Jean Baudrillard (1981) nos permite cuestionar el nivel de realidad de estos vídeos. La imagen del bebé es una simulación artificial de los conceptos de familia, inocencia y amor. No hay un bebé real, pero existe la "imagen de la ternura". El sentimiento de familia, inocencia y amor se escenifica digitalmente y se reproduce mediante la IA. El sentimiento de "dulzura" que subyace en estos vídeos es, en realidad, un reflejo biológico de nuestro cerebro. Porque el Kindchenschema definido por el etólogo Konrad Lorenz, es decir, los ojos grandes y las caras redondas de los bebés, crea en nosotros un instinto de protección automático.

Los bebés de IA son tan adorables que nuestro cerebro libera oxitocina al verlos. El deseo de protección que sentimos por reflejo biológico se convierte en una herramienta para ganar "me gusta" e ingresos en el orden algorítmico.

El auge de esta tendencia podría ser una reacción sociopsicológica resultante de las condiciones de vida determinadas por la economía política. Ante el aumento de la incertidumbre económica, la polarización social, las desigualdades y las ansiedades cotidianas en el mundo, las personas se refugian en este tipo de contenidos, es decir, en un "mundo ligero". En este contexto, la industria del entretenimiento distrae al público alejándolo de la conciencia crítica. Los vídeos de bebés con IA son una herramienta de escape cultural que, con toda su ternura, enmascara el peso de la realidad. Desde una perspectiva sociológica, estos contenidos funcionan como una especie de "terapia de humor representativa"; es decir, expresando la presión del sistema a través de la risa y una cara con filtros. La forma del humor localiza este escape. En la difusión global de esta tendencia, las variaciones culturales muestran diferencias significativas. Mientras que en Estados Unidos los bebés de IA presentan podcasts y en Inglaterra hacen chistes políticos, en Turquía, la India y el mundo árabe destaca la "representación de roles familiares". Por ejemplo, en los contenidos en turco, hacer que los bebés hablen con apelativos como "madre", "tía" o "abuelo" es una reproducción de las pertenencias culturales. Que los bebés hablen diciendo cosas como "así es, tío" o "abuelo, pon un té" es una versión miniaturizada de las relaciones cotidianas. Las normas culturales locales y los hábitos emocionales se trasladan al entorno digital. Sin embargo, esta "estética familiar digital" también incluye la caricaturización de la autoridad y los roles tradicionales. En este sentido, los bebés de IA son portadores del humor social. Con esta práctica de escape dulce, se prefiere ver una simulación adorable en lugar de enfrentarse a problemas reales: desempleo, crisis económica, desigualdad social, falta de futuro e inseguridad, presión política y tensión. El concepto de "hiperrealidad" de Baudrillard cobra aquí un nuevo significado: la gente no está viendo la realidad, sino una versión más dulce y tolerable de la misma.

Sherry Turkle (2011) afirma que la tecnología ofrece a los individuos una "conexión en la soledad".

Los vídeos de bebés con IA son la forma actual de esta paradoja: mientras las personas se conectan con bebés digitales sonrientes, en realidad intentan llenar sus propios vacíos emocionales. En la soledad digital de Turkle, la calidez de los bebés es producida por algoritmos. En este contexto, los divertidos bebés de IA son un reflejo digital de una necesidad social, el deseo de ser tocado y amado.

El concepto de Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman (2000) abarca la transitoriedad de los reflejos emocionales en el mundo digital. Mientras los vínculos, las relaciones y las emociones se vuelven cada vez más temporales y fluidos,

los bebés de IA ofrecen unos segundos de "dopamina de ternura" sin vínculos permanentes, para luego perderse en el flujo infinito de desplazamiento (scroll).

A medida que el mundo real se vuelve más pesado, la gente construye mundos más ligeros, y los bebés de IA son los habitantes más seguros de ese mundo ligero. Nunca lloran, nunca se rebelan, siempre sonríen. En este sentido, los vídeos de bebés con IA son también un espejo de la estructura emocional social.

De una manera divertida, en realidad muestran un gran vacío, la huida de la gente de la realidad, del cuello de botella político o económico.

En resumen, estos contenidos son lindos, pero al mismo tiempo son un "silenciador", alivian la tensión social y producen una sensación de felicidad en la superficie.

En conclusión, esta tendencia no trata solo de "bebés de IA que hablan". Es un punto de intersección de la economía de la ternura, la ideología del escape y la cultura del simulacro de la era digital. Es una señal cultural que describe el estado emocional de nuestra época, la forma de escape y la crisis de la realidad. Es una poderosa señal sociológica que muestra cómo se transforman las emociones sociales, la soledad y la percepción de la realidad. Qué otras tendencias generará la IA en la producción cultural y cuáles serán sus resultados seguirá siendo un tema de investigación. Me pregunto, por ejemplo: ¿cuánto pueden artificializarse la realidad, las emociones y nuestra imagen de la familia, y hacia dónde llevará esta tecnología la autenticidad del vínculo emocional en los próximos años? E incluso, si nos convirtiéramos en una sociedad que sonríe gracias a un sistema económico y político verdaderamente igualitario y justo, ¿tendríamos necesidad de ver bebés de IA?