La historia es instructiva. No es indulgente. No perdona. Por eso, Gazi Mustafa Kemal Atatürk advirtió con estas palabras: “La historia es despiadada con los imprudentes”.
Nuestra Fiesta de la Victoria del 30 de agosto, que celebramos ayer, al igual que todas nuestras fiestas nacionales, está llena de lecciones. Es instructiva.
La primera lección que nos da es que el imperialismo puede ser derrotado. Por eso, el líder fundador de la India, Gandhi, dijo: “Hasta que los turcos derrotaron a los británicos en la Guerra de Independencia, pensábamos que Dios era inglés”. Enseñó al mundo lo que una nación organizada, con un programa correcto y un líder fuerte, puede lograr.
La segunda lección es el honor del deber. Por eso, el coronel Reşat (Çiğiltepe), quien se suicidó durante la Gran Ofensiva al no poder cumplir a tiempo su promesa al bajá Mustafa Kemal, es uno de los monumentos al honor y héroes más dignos de nuestra historia. El heroico Mehmetçik tomaría la colina 45 minutos después del suicidio del coronel Reşat. La nota que dejó el coronel Reşat, quien hizo llorar a Atatürk con este suicidio de honor, dice lo siguiente: “Mi comandante, dado que no he podido cumplir mi palabra de tomar esta colina en media hora, ya no puedo seguir viviendo”.
La tercera lección es el sacrificio y el heroísmo. Nazım Hikmet resume esta situación de la manera más sencilla en su Epopeya de las Fuerzas Nacionales (Kuvayı Milliye Destanı): “En una aventura terrible y sagrada, en la primera fila, en la vanguardia, uno sentía el deseo de lanzarse y morir”.
La cuarta lección es el coraje. Gazi Mustafa Kemal Atatürk, en el libro titulado Conversación con el Oficial y el Comandante, escrito durante su periodo como agregado militar en Sofía (1913-1914), dice: “La lluvia de balas que cae en combate hace menos daño a quienes no se amedrentan ante ella que a quienes sí lo hacen”. Un proverbio japonés dice: El soldado que lucha para morir en la guerra vive, mientras que el soldado que lucha para no morir, muere. El 30 de agosto es la victoria de quienes no temieron a la lluvia de balas ni a los proyectiles de artillería.
La quinta lección es la determinación. Bajo el liderazgo de Atatürk, la nación turca construyó un Estado basado en la plena independencia y la soberanía nacional a partir de las cenizas del Imperio Otomano, al que el zar ruso Nicolás I definió como el “hombre enfermo de Europa”. Durante la Guerra de Independencia, la nación se convirtió en Estado mientras se consolidaba como nación, y se consolidó como nación mientras se convertía en Estado. Se convirtió en un ejemplo para las naciones oprimidas y los pueblos subyugados.
Por eso, es necesario conocer la historia, valorar a Atatürk y a la República, y ser inteligente. Porque aquellos que no conocen su historia permiten que otros dibujen su geografía.
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