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El imperialismo estadounidense, la situación de Venezuela y la humanidad

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El presidente de EE. UU., Donald Trump, en una entrevista concedida al periódico New York Times (NYT) en el Despacho Oval (9 de enero de 2026), declaró lo siguiente sobre los límites de las facultades de Estados Unidos en el sistema internacional: “No necesito el derecho internacional. Lo único que puede detenerme es mi propia moral, mi propia mente”. Un día antes de esta entrevista, Estados Unidos, bajo la firma de Trump, se había retirado de 66 organizaciones internacionales, entre ellas 31 organismos de las Naciones Unidas. A principios de febrero, Trump también afirmó: “No vamos a invadir Groenlandia, la vamos a comprar. Nunca quise convertir a Groenlandia en el estado número 51. Quiero que Canadá sea el estado número 51. Groenlandia será el estado número 52 y Venezuela podría ser el 53”.

Si se tiene en cuenta que Estados Unidos atacó y bombardeó Venezuela el 3 de enero, y que secuestró al líder legítimo y elegido del país junto a su esposa, arrastrándolos de sus camas en mitad de la noche, se observa que el imperialismo estadounidense ha elevado aún más el nivel de su agresividad, barbarie, bandidaje, piratería, pillaje y tiranía. De hecho, mientras Trump decía “nosotros gobernaremos Venezuela”, sus ministros declararon que Estados Unidos extraerá, procesará y venderá indefinidamente el petróleo de Venezuela, que posee las reservas más ricas del mundo. Estados Unidos, además del petróleo, se apodera de los minerales preciosos y elementos raros de Venezuela, y ni siquiera siente la necesidad de ocultarlo. Es más, Venezuela realizará a partir de ahora todas sus importaciones desde Estados Unidos. 

Sabemos lo que provocan los embargos (incluidos los de suministros médicos, medicamentos, alimentos y leche de fórmula) y las sanciones económicas que Estados Unidos aplica a los países que tiene en el punto de mira. Lo hemos visto y lo estamos viendo en Cuba, Venezuela, Irán y Siria. También sabemos que Estados Unidos no siente la menor vergüenza ni remordimiento por ello. 

Tanto es así que Trump amenaza a Cuba, México, Colombia y Panamá, y citando la Doctrina Monroe de 1823 (la doctrina que dice que América es para los americanos), amenaza al mundo. No se conforma con eso, dice que atacará a Irán. Y eso no es todo, quiere que Canadá, miembro de la OTAN, se una a Estados Unidos y se convierta en un estado estadounidense. Tampoco es suficiente. Dice que se apoderará de Groenlandia, que es territorio de Dinamarca, país miembro tanto de la OTAN como de la UE. Primero propone comprarla con dinero, y subraya que, si no es posible, enviará soldados para ocuparla y tomar Groenlandia.  

Al amenazar a Irán, Trump subraya lo importante que es la seguridad de Israel para Estados Unidos. Junto con Israel, el Reino Unido, uno de los dos aliados estratégicos de Estados Unidos, apoya todo tipo de bandidaje estadounidense. De hecho, inmediatamente se apoderó del dinero de Venezuela en los bancos británicos. Suiza hizo lo mismo. 

También conocemos el apoyo que Estados Unidos brinda a las organizaciones terroristas PKK – PYD – YPG – SDG y FETÖ. 

Estados Unidos ignora el derecho internacional, los principios fundamentales, las normas y los valores de las relaciones internacionales, así como la igualdad soberana, la independencia, la integridad y la unidad política de los países. En el ataque a Venezuela, el presidente estadounidense Trump también violó la legislación interna de Estados Unidos al no contar con la aprobación del Congreso. 

Con su bandidaje en Venezuela y el secuestro de Maduro, Estados Unidos envió un mensaje a China. Porque China destaca en los últimos años por su creciente influencia en América Latina, sus inversiones y sus relaciones comerciales y diplomáticas en desarrollo, además de ser uno de los clientes más importantes del petróleo venezolano. Estados Unidos también envió un mensaje a Rusia, ya que Rusia también mantiene estrechas relaciones diplomáticas con Venezuela. Asimismo, envió un mensaje a los países de África, Oriente Medio y Asia, y en gran medida a los países del Sur Global, que han establecido relaciones estrechas con China y Rusia en los últimos años y se han acercado a la plataforma BRICS. Trump demostró, en esencia, lo siguiente: “No reconozco límites en mi bandidaje, no se acerquen demasiado a China y Rusia, y no confíen demasiado en ellos”.

Aunque Estados Unidos es un importante productor y vendedor de petróleo, y además está dando pasos importantes en la venta de GNL y gas de esquisto, actúa de forma más agresiva debido a que su participación en el comercio mundial ha disminuido y el uso del dólar estadounidense en el comercio global ha retrocedido. Pone en juego su poder armado con mayor frecuencia. Estados Unidos podría tomar otras medidas en el próximo periodo para presionar los recursos energéticos de otros países, las líneas de transporte de energía y a los proveedores de energía de China, su mayor rival. 

En resumen, en el tercer día del segundo trimestre del siglo XXI, lo que le sucede a Venezuela, con una superficie de 917 mil kilómetros cuadrados y una población de 30 millones de habitantes, se presenta ante nosotros como una prueba importante no solo en el plano ideológico y político, sino también en el plano humano, moral y de conciencia.