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La República y la conciencia ciudadana

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Tanto lo que ocurre en nuestro entorno cercano, especialmente en Oriente Medio, como lo que presenciamos en nuestro propio país, demuestra qué grandes desastres provoca la politización de las identidades subyacentes.

Porque cuando las pertenencias, sensibilidades e identidades étnicas, religiosas y sectarias se politizan, son utilizadas muy fácilmente por el imperialismo. El imperialismo estadounidense hace todo lo que está en su mano para enfrentar a las naciones entre sí, y para fomentar e incitar a que las personas de la misma tierra se degüellen unas a otras.

Sin embargo, nuestra República partió con la identidad nacional, la identidad ciudadana y una identidad superior. Mi maestro Attila İlhan, a quien recuerdo con gratitud y nostalgia, solía enfatizar que un republicano debe tener, ante todo y especialmente, conciencia de patria, de nación y de historia. Siempre subrayaba que nuestra República, cuyo centenario celebramos, quería formar generaciones que poseyeran esta conciencia. ¿Hasta qué punto hemos alcanzado este objetivo? Debatamos...

En primer lugar, la República quiere ciudadanos republicanos en su conciencia, en su memoria y en su corazón.

En segundo lugar, la República es respetuosa con lo local, pero no lo coloca por encima de lo general, de lo nacional. No pone la identidad subyacente por encima de la identidad superior.

En tercer lugar, la República está en contra de la politización de las pertenencias étnicas, religiosas, sectarias, regionales y de las relaciones de paisanaje. Se opone a la pertenencia y representación basada en el linaje, la tribu, la religión, la raza, la secta, la región o el color. Conoce al ciudadano. Reconoce al ciudadano. Toma al ciudadano como interlocutor. Por eso, en la República no hay jueces alevíes, profesores suníes, médicos laz, fiscales kurdos o abogados de Rize. Hay jueces, profesores, médicos, fiscales y abogados. Todos ellos son ciudadanos. Quienes trabajan en el sector público son ciudadanos que prestan un servicio público.

En cuarto lugar, la República otorga gran importancia a la representación de los ciudadanos. Es decir, cada una de nuestras provincias elige un número diferente de diputados. Pero ese diputado no representa solo a su propia provincia, sino ante todo a la Nación Turca. La legitimidad, legalidad y reputación del diputado no provienen de su estatura, de su linaje o de su ascendencia, sino de ser elegido por la nación y de representar la voluntad nacional.

En quinto lugar, la República está formada por ciudadanos celosos y sensibles respecto a la independencia, integridad, soberanía y unidad política del Estado Turco y de la Nación Turca. La integridad del Estado, la unidad de la nación y la totalidad del país son fundamentales.

En sexto lugar, la República está en contra de abrir la puerta al federalismo a través del feudalismo. Acepta las diferencias y las características locales. Pero se opone a la división, fragmentación, separación y polarización mediante el uso, la instigación y la provocación de estas.

En séptimo lugar, la República es el Estado de la Nación Turca, no de comunidades, colectivos o grupos. Está formada por ciudadanos, no por comunidades, colectivos o grupos.

En octavo lugar, la República está a favor de un orden económico público, popular y social. Un liberal puede considerar la pobreza como algo natural. Puede desear que los pobres aprovechen las oportunidades que se les presentan para enriquecerse o, al menos, que se las arreglen por sí mismos. Un republicano, por naturaleza, es popular. Por definición, es partidario de lo público y de la igualdad. Está a favor del beneficio social, del bien común y del Estado social.

En noveno lugar, la República considera el laicismo, además de sus otros aspectos, como un elemento indispensable de la democracia y la base de la paz social. Como señala Regis Debray en su importante libro "Le explico la República a mi hija" (Kontiki Yay, Estambul, 1998), "el laicismo es el equivalente a la libertad, la democracia a la igualdad y lo social a la fraternidad".

Y la República defiende la igualdad de los ciudadanos. Es indiferente e imparcial ante las identidades subyacentes y las preferencias políticas de los ciudadanos. Lo que espera del ciudadano es lealtad y respeto a las leyes.