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¿Qué se necesita para tener éxito en política exterior?

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Los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán, los conflictos entre Afganistán y Pakistán, y la guerra entre Rusia y Ucrania, que comenzó en febrero de 2022, cumplió cuatro años y entra en su quinto, demuestran que los principios fundamentales en la relación entre la política exterior y el poder armado no han cambiado. 

Vale la pena recordar estos principios.

En primer lugar, la racionalidad y el realismo son importantes en la política exterior. Es fundamental observar los equilibrios regionales y globales. La coyuntura es importante. Ser confiable y predecible es importante. Ser un elemento de estabilidad es importante. Ante todo, es importante confiar en la propia fuerza y, dependiendo de las circunstancias, la magnitud del problema y el volumen de las fuerzas o alianzas opuestas, ser capaz de establecer alianzas cuando sea necesario. Ser disuasivo es importante. Mantener sólido el frente interno es importante. 

En segundo lugar, la guerra es el método de último recurso en la política exterior. Para prevenir la guerra y detenerla una vez que ha comenzado, terceros países intentan llevar a cabo actividades de mediación. Sin embargo, ser mediador también tiene ciertas condiciones. La primera condición es que todas las partes en conflicto acepten la solicitud del país que desea ser mediador. La segunda es que el mundo también acepte la solicitud del país que intenta mediar. La tercera es que, una vez iniciadas las conversaciones bajo la supervisión del país mediador, si una de las partes desea levantarse de la mesa, el Estado mediador debe poseer el poder y las herramientas para mantenerla en ella. Tampoco hay que olvidar que, si existe un gran problema, se espera que el Estado mediador sea también una gran potencia. A un Estado de escala media o pequeña le resulta difícil mediar en un gran problema en el que las grandes potencias son parte. 

En tercer lugar, el interés de la opinión pública en las negociaciones llevadas a cabo para poner fin a la guerra o al conflicto armado es muy alto. Dado que la sensibilidad, la atención y la presión de la opinión pública son muy fuertes, la mayoría de las veces las negociaciones no se llevan a cabo ante los ojos del público. Los temas delicados no se discuten frente a la opinión pública. Se hacen lejos de las miradas. Los avances no se comparten momento a momento con los medios de comunicación o el público. Incluso a veces, se incluye a antiguos diplomáticos en el proceso. De esta manera, no solo se aprovecha su experiencia, sino que también se envía un mensaje al interlocutor de que se mantiene y se respalda la comprensión diplomática y las preferencias diplomáticas que estos diplomáticos representan. 

En cuarto lugar, es muy importante que los Estados cuenten con cuadros cualificados en la formulación de la política exterior y en la ejecución de la diplomacia tradicional, clásica y convencional. No debe olvidarse que la diplomacia pública y el poder blando, que han ganado mucha relevancia en los últimos años, no tienen mucha importancia si los elementos de poder clásico del Estado (poder político, económico y militar) son débiles. En otras palabras, es imposible que un Estado carezca de elementos de poder clásico y posea elementos de poder blando. Por ejemplo, Afganistán. Además, no todos los regímenes necesitan poder blando ni utilizan poder blando. Incluso si poseen tales elementos de poder, no los utilizan. Por ejemplo, Rusia. Es más, el poder blando no es un poder que resuelva todos los problemas ni una llave que abra todas las puertas. 

En conclusión, la política exterior no se hace solo con poder armado. Pero tampoco se puede hacer sin él. Junto a la racionalidad y el realismo, es imposible llevar a cabo una política exterior sin una economía fuerte, un ejército poderoso y un frente interno sólido.