En las últimas semanas, hemos discutido las formas en que los medios digitales generan miedo, los discursos sobre la inmunidad psicológica que el individuodesarrolla frente a este miedo y la falsa sensación de seguridadque ofrecen los algoritmos.Hemos analizadoestos temas.Todoeste escritotenían un punto en común. Los medios digitales no sololoquepensábamos, sinotambién lo que sentimos y lavida cotidianadetermina también cómo vivimos. Hoyen díanos enfrentamosa uno de los resultados más visibles, pero menosdebatidosde este proceso.Nos enfrentamos a la adicción a los medios y su impacto en las emociones y sus efectosefecto aburrido.
Cuando se habla de adicción a los medios la mayoría de las veces solo se piensa en pasar mucho tiempo mirando la pantalla. Sin embargo, el asunto es mucho más profundo que eso. Elverdadero problema es la intensidad del flujo de datos al que estamos expuestos y el hecho de que este flujo esté diseñadopara atacar nuestro sistema nervioso.La forma en que está estructuradoes clave. SLos contenidos en flujo constante, las notificaciones instantáneas, las series de videos ininterrumpidas y los titulares optimizados para captar la atención no solo consumen nuestra atención, sino que también fragmentannuestras emociones.Al despertar por la mañana,
extender la mano hacia el teléfono se ha convertido casi en un reflejo.¿Ha llegado un mensaje nuevo? ¿Me he perdido algo?Es una pregunta constante.¿Me he perdido algo?, ¿qué pasó anoche? son preguntas que invaden nuestra mente incluso antes de levantarnos de la cama. La respuesta en la literatura para esta situación es FOMO, es decir, el miedo a perderse algo. Pero hoy en día, este miedo no es un sentimiento excepcional, sino parte de la vida cotidianase ha convertido en su estado normal.
Especialmente los niños y los jóvenes crecen bajo un bombardeo de comunicación mucho másintenso. Crecen bajo un bombardeo de comunicación mucho másintenso. Constantemente estimulados,siemprellamados,siempreen un constante una estructura mental de la que se espera que reaccione aalgo, la gestión de lasemocionesse vuelve cada vez más difícil.Incluso yendo más allá, la emoción misma se vuelve problemática. Se multiplican los individuos que no pueden distinguir lo que sienten y no saben qué hacer con lo que sienten. Estoocurre porque los medios digitalesno para vender,sino paraactivar, estátrabajando.En este punto,
entra en juego la cuestión de la inteligencia artificial.Las investigacionesrealizadas muestran que las personas utilizan la inteligencia artificial más facilita mucho lastareas yacorta losplazos, por lo que se considera útildemostrando que es así. Realmente lo es. Un estudiante que normalmentetardaría cuatro horas en una investigación puede completar su tarea con la ayuda de la inteligencia artificial en media hora. A primera vista, esto parece un gran logro.Pero aquí hay una
pregunta crítica que debemos hacernos.¿Qué pasará en las tres horas y media restantes?
A medida que la inteligencia artificialacelera los trabajosy nos hace ganar tiempo,surge la cuestión de cómo se llena este vacíoque se genera. Estoaparece.¿Se dedica a actividades creativas, a la reflexiónprofunda,alaactividad física o a las relaciones sociales?¿O se consume haciendo scroll entre TikTok e Instagram?Hoy en día, el creciente vacío
en la vida cotidianael tiempo, la mayorparte del tiempo no genera liberación, sino un nuevo estado de aburrimiento y agotamiento. Porque los medios digitales producen. Ya que los medios digitalesespera listo parallenar el vacío.Ganamos tiempo, pero no podemos vivirlo. Nos cansamos menos, pero nos agotamos más. Terminamos el trabajo másrápido, pero nos aburrimos máspronto.
La adicción a los medios, precisamente en este punto, deja de ser solo una cuestión de pantallas emergey se convierte en un problema de práctica vital. Nuestras emociones cambian rápidamente, nuestra atención se dispersafácilmente y nuestra paciencia disminuye. Vivir enun estado constantede estimulaciónhace queel cuerpo y la mente sean incapaces de descansar.
Si se dan cuenta, aunque la tecnología nos ahorra tiempo, no nos ofrece ninguna guía sobre cómo vivir ese tiempo. Nos dirige directamente. Los algoritmos no solo nos dicen directamente qué ver; sino que también determinan a qué estaremos expuestos, qué será visibley qué emociones se activarán una y otra vez. No lo hacen dando órdenes, sinoaclarandolas opciones. No nos ordenan abiertamenteloquedebemos sentir, perola posibilidadde sentir de otra manera se debilita progresivamentenos están agotando. No nos dicen directamente qué hacer, peronos dificultan hacerotras cosas. No declaran quiénes debemos ser; sin embargo, nos enseñan silenciosamente qué identidades son aceptables y cuáles se vuelveninvisibles.De esta manera, losalgoritmos,solosno solo nuestros hábitos de visualización, sino también nuestras reacciones emocionales, nuestras prácticas cotidianas y cómo nos construimos a nosotros mismos con el paso del tiempo. Los algoritmos no dan órdenes; estrechan nuestro horizonte. Y cada paso que damos en ese horizonte limitado, con el tiempo, comienza a parecer una elección propia.Por eso,
el debate sobre la adicción a los medios no debe limitarse solo al tiempo de pantallao a la dependencia de los dispositivos,sino que debe abordarse desde una perspectiva más amplia.también a través de su duraciónsino de cómo la vida emocional y el ritmo cotidianose ven alterados es necesario reflexionarsobreello. Porque el cansancio que experimentamos hoyno es solo físico. Es, enUna fatiga emocional provocada por estar en un flujo constante.
Quizás la pregunta fundamental de la era digital sea ahora esta.
Ganamos tiempo, pero ¿para quién y con qué lo estamos llenando?
Y tal vez la respuesta sea másmás simple de lo que pensamos, pero más inquietante.
El tiempo parececomo el nuestro, pero nuestrasemociones ya estánen otro lugar trabajando.
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