Nuestro país vive prácticamente una era de partido único. A pesar de que existen muchos partidos, los actuales son inexistentes desde el punto de vista de un Estado de derecho democrático y de la democracia. No tienen influencia ni eficacia en ninguna decisión económica o política. Entonces, cabe preguntarse: “¿Por qué son un partido separado o por qué existen?”.
Nuestro país lleva mucho tiempo luchando contra una crisis económica. Por otro lado, junto con la crisis económica, las crisis políticas y de corrupción son otro de los problemas de nuestro país.
Mientras el pueblo gime bajo el peso de la crisis económica, la corrupción, el despilfarro y la economía delictiva, ¿qué hacen estas estructuras políticas que no producen soluciones ni alivian ninguno de los problemas de la gente, más que explotar el sentimiento de pobreza y miseria de la población? Ante los discursos del poder, lo único que hacen es actuar como subcontratistas y responder con palabras vacías.
Mientras el pueblo, los trabajadores, los funcionarios, los jubilados y los comerciantes son aplastados bajo una lluvia de impuestos y aumentos de precios, la única función de los partidos políticos, que no alteran su comodidad, es anestesiar a la sociedad.
Los ciudadanos están desamparados. ¿En nombre de qué soportan tantos aumentos y altos impuestos? Estamos atravesando un proceso en el que se castiga la producción y se premia el consumo. El pueblo ya no tiene fuerzas para resistir.
Los impuestos son una fuente fundamental de financiación para el Estado. Por ello, siempre que se recauden y gasten para los fines previstos, son recibidos con tolerancia. Sin embargo, esta tolerancia en nuestro país ha superado sus límites. El pueblo ha comenzado a convertir su tolerancia ante estos altos impuestos y aumentos en una reacción.
La población siente una gran preocupación por estas políticas fiscales y de aumentos de precios. Estos impuestos y aumentos opresivos e injustos están aumentando la resistencia fiscal. La sociedad ha empezado a ver los impuestos no como un deber patriótico, sino como una carga. Esta es una advertencia para el gobierno y para todos los partidos.
La equidad del sistema fiscal es un tema de debate. Además, el hecho de que mientras algunos ciudadanos pagan sus impuestos a tiempo, otros los paguen tarde o de forma incompleta, ha provocado la formación de una creencia colectiva y ha hecho que la legitimidad del sistema sea cuestionable. Esto también daña el cumplimiento voluntario de las obligaciones fiscales.
Si esta situación continúa durante mucho tiempo, puede derivar en el abandono de la producción, la paralización de las inversiones, el retraso o impago de impuestos, e incluso llegar a la mentalidad de “si no evado impuestos, quebraré”.
La coacción fiscal también obliga a los ciudadanos que pagan sus impuestos regularmente a quedar fuera del sistema fiscal. La crisis económica ha dejado sin justificación el pago de impuestos elevados.
Como resultado de la presión fiscal y de los aumentos de precios, los contribuyentes y los responsables fiscales han comenzado a mostrar una reacción de resistencia y oposición.
La situación en la que los contribuyentes muestran una reacción dirigida a la eliminación total de un impuesto se denomina “rechazo al impuesto”. En consecuencia, la evasión fiscal por parte de un contribuyente significa, en la práctica, el rechazo del impuesto. En este contexto, mientras que la elusión y la evasión fiscal son reacciones individuales, el rechazo al impuesto es un fenómeno social.
Mientras que el rechazo fiscal es una reacción individual frente al impuesto, la huelga fiscal es un indicador de comportamiento social. Es una reacción colectiva que surge como resultado de la percepción de una carga fiscal elevada por parte de los contribuyentes.
Si esta reacción no se puede prevenir, aunque el impago de impuestos comience como una reacción individual, la respuesta social inicial pierde esta característica después de un tiempo y se transforma en una reacción y organización política.
Hago un llamamiento al poder político y a todos los partidos: la carga de los impuestos y los aumentos de precios se vuelve más pesada cada día, y esto está provocando graves reacciones sociales en la sociedad. Para evitar que estas reacciones se transformen en una naturaleza política, abandonen los altos impuestos y los aumentos de precios, y faciliten la tributación. Retiren los aumentos y los impuestos realizados en el último año o apliquen una reducción fiscal.
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