En nuestro país, además de otras injusticias, la injusticia fiscal ha sido objeto de debate durante mucho tiempo. Sin embargo, según el artículo 73 de nuestra Constitución, que lleva por título el deber de contribuir, todos están obligados a pagar impuestos de acuerdo con su capacidad económica para cubrir los gastos públicos. La distribución justa y equilibrada de la carga fiscal es el objetivo social de la política financiera.
Es un hecho que, tanto en nuestro país como en el mundo, la capacidad de pago se toma como referencia para garantizar la justicia fiscal. La capacidad de pago no es un concepto estático, sino dinámico. Lo importante aquí es la capacidad financiera y el nivel de pobreza absoluta. La capacidad financiera surge en el punto en que se supera el nivel de pobreza absoluta. Superar el nivel de pobreza absoluta representa un umbral en el que los ciudadanos cubren sus necesidades básicas como alimentación, bebida, vestimenta, vivienda y calefacción.
Si nuestros ciudadanos pueden cubrir sus necesidades de alimentación, bebida, vivienda, vestimenta y calefacción, no deberían ser contribuyentes fiscales. Deberían ser contribuyentes en situaciones que superen estos aspectos. La justicia y la injusticia fiscal comienzan precisamente aquí.
Para garantizar la justicia fiscal, existen tres criterios fundamentales aceptados en nuestro país y en el mundo.
El primero es la deducción mínima de subsistencia; es decir, la cantidad que cubre las necesidades básicas de una persona o de su familia se deduce del impuesto o de la base imponible. En otras palabras, se deja fuera de impuestos una renta suficiente para el sustento de la persona y su familia.
El segundo es la progresividad; es decir, que el tipo impositivo aplicado aumente o disminuya según aumente o disminuya la base imponible. Es decir, que pague menos impuestos quien menos gana y más quien más gana.
El tercero es el principio de separación; es decir, la tributación diferenciada de las rentas del trabajo y las rentas del capital. Esto significa aplicar impuestos adicionales sobre las rentas del capital y establecer deducciones fiscales y límites en las tarifas impositivas para las rentas del trabajo.
El gobierno eliminó la deducción mínima de subsistencia, que es un criterio importante en la práctica de la capacidad de pago. Esto no es el salario mínimo. La progresividad mencionada en el segundo punto, es decir, que pague menos quien menos gana y más quien más gana, ha perdido su realidad en la práctica. En nuestro país, se cobra más impuestos a quien menos gana y menos a quien más gana. Otro problema es que los contribuyentes del impuesto de sociedades tributan con un tipo fijo. Mientras pagan el impuesto de sociedades, los asalariados y trabajadores pagan impuestos progresivos. El 60% del impuesto sobre la renta lo pagan los trabajadores y asalariados. Por su parte, los contribuyentes del impuesto de sociedades pagan el 23% de sus beneficios anuales como impuesto corporativo. Mientras que el primer tramo impositivo de los asalariados es del 15%, este puede llegar hasta el 45% con la progresividad.
Además, como las ganancias de los asalariados se retienen en la fuente cada mes, no hay evasión fiscal, y tampoco pueden beneficiarse de las amnistías fiscales. Sin embargo, los contribuyentes del impuesto de sociedades tributan con un tipo fijo y pagan sus impuestos 17 meses después.
Si consideramos la evasión fiscal, las deducciones, las amnistías que se producen cada año y medio y los gastos fiscales (impuestos renunciados), el impuesto que pagan los contribuyentes del impuesto de sociedades cae hasta el 8%.
Asimismo, somos el país con el sistema fiscal más injusto del mundo en términos de impuestos directos e indirectos. Los impuestos indirectos se aplican sobre el gasto y los directos sobre los ingresos. En nuestro país, el 75% de los impuestos son indirectos y el 25% son directos. Para lograr la justicia fiscal, los impuestos directos deberían ser del 75% y los indirectos del 25%.
La historia de la tributación y la justicia fiscal es la historia de la democracia. Si no hay justicia fiscal, no hay democracia ni justicia en ese país.
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