Encuentra noticias publicadas en el siguiente rango de fechas
y y
y y
y y
Limpiar
Euro
Arrow
55,3716
Dolar
Arrow
47,8585
Libra esterlina
Arrow
64,7825
Oro
Arrow
6778,5295
BIST 100
Arrow
14.175

La necesidad de Turquía no es una nueva constitución, sino una nueva ley fiscal

No dejes que el algoritmo elija tus noticias, decide tú qué leer. ¡Añade 12punto a tus fuentes preferidas!

En nuestro país, cuando aumentan la crisis social, el colapso y la inestabilidad, y entramos en una crisis económica, lo primero que le viene a la mente al gobierno es una reforma constitucional. Como si la causa de todas las crisis y colapsos fuera la constitución. Esta vez, a la constitución se han sumado el Modelo Educativo del Siglo de Turquía, el ÇEDES, los talleres sobre el califato y las marchas a favor de la sharia. No es casualidad que todo esto coincida en el tiempo. No se trata de los pasos previos a que nuestro país sea arrastrado a la oscuridad, sino de una contrarrevolución que anuncia su llegada a gritos.

El régimen cree que puede desviar la atención hacia agendas especulativas para hacer olvidar la pobreza, el empobrecimiento, la distribución injusta de la riqueza y el aplastamiento de los jubilados y trabajadores. Muchos sectores se están prestando a este proceso.

Nuestro país está siendo aplastado bajo leyes fiscales muy despiadadas. Según el artículo 73 de la Constitución, todos tienen la obligación de pagar impuestos de acuerdo con su capacidad económica para cubrir los gastos públicos. La distribución justa y equilibrada de la carga fiscal es el objetivo social de las políticas financieras. Sin embargo, en los últimos años, debido a las prácticas injustas del gobierno, el artículo 73 de la Constitución ha quedado invalidado. Los conceptos de capacidad de pago y capacidad económica del artículo 73 han perdido su validez en la práctica. Los conceptos de capacidad de pago y capacidad económica solo se aplican a los jubilados, los pobres, los necesitados y los asalariados. La riqueza, el consumo, los gastos y las condiciones de vida de las empresas de capital y de la clase capitalista no se siguen ni se gravan. Además, el hecho de que estas empresas de capital y la clase capitalista sean recompensadas con exenciones, excepciones, incentivos, deducciones, gastos fiscales y amnistías fiscales es otra dimensión de la injusticia.

Nuestro país necesita urgentemente una nueva ley fiscal. El sistema fiscal turco se ha identificado con la mentalidad de injusticia e ilegalidad del gobierno. Un sistema donde el 60% del impuesto sobre la renta lo pagan los asalariados y el 75% de los impuestos al consumo los paga el pueblo, los pobres y los jubilados, es un impuesto injusto. La historia fiscal del país y la historia de su democracia son dos fenómenos fundamentales que se complementan. La historia de la democracia es la historia de la fiscalidad. Cuanto más injustos son los impuestos en un país, más injusta es la democracia en ese país.

El sistema fiscal turco no es simple, no es eficaz y no es justo. La base imponible existente se reduce con exenciones, excepciones y deducciones. Debido a los gastos fiscales renunciados y a las amnistías fiscales, el país se endeuda más. Como resultado de esta injusticia fiscal, los trabajadores, los jubilados y las personas de bajos ingresos se vuelven aún más pobres.

El principio de justicia o igualdad en la fiscalidad consiste en tener en cuenta la capacidad de pago de los contribuyentes al determinar sus obligaciones. Es decir, quienes están en la misma situación deben ser gravados de la misma manera, y quienes están en situaciones diferentes deben ser gravados de manera diferente. Esto significa que se debe cobrar más impuestos a quienes ganan más y menos a quienes ganan menos. Sin embargo, en nuestro país se cobra más a quienes ganan menos y menos a quienes ganan más. ¿Es posible hablar de justicia fiscal si un funcionario o trabajador que acaba de empezar su carrera paga más impuestos que un comerciante?

Una de las condiciones más importantes del principio de justicia en la fiscalidad es si el parlamento, al promulgar leyes, tiene en cuenta los intereses del pueblo, de los trabajadores, de los empleados y de los pobres. Si durante el proceso legislativo se tienen en cuenta los intereses de los grupos de presión y de renta, y se elaboran leyes fiscales que favorecen sus intereses, esto pone en entredicho al parlamento. Es decir, hace que los proyectos de ley que entran al parlamento como un pescado salgan solo como espinas. En nuestro país, las leyes fiscales entran al parlamento como un pescado; durante las negociaciones de la ley, la carne del pescado se queda para los grupos de presión y de renta, mientras que las espinas se quedan para el pueblo.

En conclusión, donde no hay justicia fiscal, no hay seguridad jurídica ni democracia.