"En el tronco de todo gran plátano hay heridas abiertas por el tiempo. Quienes niegan esas heridas no pueden leer el futuro; y quienes solo miran las heridas y lloran, no pueden construirlo. La política es, ante todo, el coraje de rendir cuentas ante la propia conciencia. Hoy, al mirar hacia atrás, no estamos escribiendo un panegírico ni un acta judicial. Solo queremos que uno de los movimientos políticos más arraigados de la República se mire al espejo. Porque ningún movimiento que no se enfrente a su pasado puede caminar hacia el futuro."
Hace unos días, en nuestro artículo titulado "¿Qué hará el CHP?", recordamos los puntos principales del manifiesto electoral de 1961 del Partido Republicano del Pueblo (CHP). Lo que estaba escrito en aquel manifiesto no era solo una promesa electoral; era una hoja de ruta para los ideales de democratización, desarrollo y Estado social de Turquía.
Derechos y libertades...
Desarrollo...
Justicia fiscal...
El agricultor que produce...
Movilización educativa...
Derechos laborales...
Salud para todos...
Que los sectores de bajos ingresos tengan vivienda propia...
Han pasado más de sesenta años.
Ahora es el momento de plantear la segunda parte de la misma pregunta.
¿Cuáles de estos objetivos logró realizar el Partido Republicano del Pueblo, en cuáles tuvo éxito, dónde tropezó y en qué infortunios se vio envuelto?
El periodo entre 1961 y 2002 no solo fue el más turbulento para el CHP, sino también para la democracia turca.
Durante estos años, los gobiernos cambiaron, se formaron coaliciones, se vivieron crisis económicas, se produjeron golpes de Estado, se emitieron memorandos y la política fue rediseñada.
Y en medio de todo esto estaba el Partido Republicano del Pueblo.
El partido, especialmente en la década de 1970, logró conectar la socialdemocracia con el lenguaje de Anatolia. El concepto de "la tierra para quien la trabaja, el agua para quien la usa" no era solo un eslogan; era la respuesta del trabajo y la producción en la política. Se dieron pasos importantes hacia el fortalecimiento del Estado social, el desarrollo de los derechos sindicales y el aumento de la representación política de campesinos y trabajadores. La seriedad estatal mostrada en un punto de inflexión histórico como la Operación de Paz en Chipre también ocupó su lugar como una de las páginas importantes de la historia republicana.
Sin embargo, la política no consiste solo en lo que se hace bien.
El 12 de marzo y, posteriormente, el 12 de septiembre...
Estas dos fechas no solo hirieron a los gobiernos, sino también a la democracia.
El Partido Republicano del Pueblo fue clausurado.
Su memoria institucional fue desmantelada.
Sus cuadros fueron purgados.
Se impusieron prohibiciones políticas.
Durante años no pudo hacer política bajo su propio nombre.
Esta fue una pérdida no solo para el CHP, sino también para la democracia turca.
Pero tampoco sería correcto cargar todo el peso sobre los hombros de los golpes de Estado.
Porque, como todo movimiento político, el CHP también tuvo periodos en los que debió hacer su propia autocrítica.
Mientras la sociedad cambiaba, a veces su lenguaje no lo hacía.
Mientras Turquía se transformaba, a veces sus reflejos permanecían iguales.
Las luchas internas, las facciones y los cálculos personales se antepusieron a menudo a los problemas del país.
Se crearon distancias entre la agenda del pueblo y las prioridades de las direcciones del partido.
Una parte importante de la energía que podría haber sido una alternativa de poder se consumió en discusiones internas.
Sin embargo, la misión histórica del Partido Republicano del Pueblo no era solo hacer oposición, sino ser capaz de reproducir la mente fundadora de la República según las necesidades de la época.
El CHP, reabierto en 1992, se encontró esta vez con una Turquía completamente diferente.
La globalización se había acelerado.
La economía había cambiado.
La urbanización había aumentado.
Las expectativas de las nuevas generaciones se habían diversificado.
Pero el partido no siempre tuvo éxito en combinar el legado del pasado con el lenguaje del futuro.
Las elecciones de 2002 no fueron solo un resultado electoral.
Aquellas elecciones fueron un punto de ruptura en el que se liquidó el antiguo orden político en Turquía.
La centroderecha colapsó, la era de las coaliciones terminó y la política entró en una nueva etapa.
Aunque el Partido Republicano del Pueblo regresó al Parlamento como principal oposición, ya se enfrentaba a un clima político completamente distinto.
Hoy, al mirar atrás, vemos que la historia del CHP no se limita a las elecciones.
Esta historia es la de los golpes de Estado, las prohibiciones, los renacimientos, las esperanzas y las decepciones.
Esta historia es la del coraje, pero también de los momentos en los que no se pudo mostrar valentía.
Lo más importante es esta realidad:
Lo que mantiene en pie a un movimiento político no es solo lo que hizo en el pasado.
Es qué lecciones ha aprendido de él.
Porque la nación no lleva al futuro a quienes no cometen errores, sino a los cuadros capaces de enfrentarse a sus errores, ver sus carencias y renovarse a sí mismos.
Los principios escritos en el manifiesto electoral de 1961 siguen vigentes hoy.
Democracia...
Estado de derecho...
Economía productiva...
Estado social...
Igualdad de oportunidades...
Justicia...
Quizás el verdadero problema no sea que estos principios hayan envejecido, sino cómo se manifestará la voluntad para ponerlos en práctica nuevamente.
Hacer la contabilidad del ayer es fácil.
La verdadera responsabilidad es poder dar respuesta al mañana.
Entonces, ¿qué hará ahora el CHP? Ya lo veremos...
Prof. Dr. Duran Bülbül
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