La República, además de muchas otras cosas, es sobre todo una revolución que acelera el proceso de humanización.
En estas tierras, en un momento inesperado, las revoluciones republicanas abrieron las puertas a la libertad, la igualdad y la solidaridad, que son los valores fundamentales del proceso de humanización. En muy poco tiempo se lograron avances significativos en estas áreas. Se creó una base para que el pueblo viviera feliz, digno y libre.
Por ejemplo, se implementó el laicismo, que es el seguro de vida de una existencia libre.
Se inició una lucha seria contra la desigualdad de género y se llevaron a cabo importantes reformas legales.
Se promulgaron las primeras regulaciones legales con el objetivo de mejorar la vida de los trabajadores.
Se puso en marcha una educación contemporánea basada en la razón y la ciencia, especialmente diseñada para incluir a los más pobres.
Para fortalecer la solidaridad social y sentar las bases del Estado social, se implementó un modelo económico estatista moderado, con el fin de equilibrar el libre mercado y el beneficio social en el ámbito económico.
Atatürk señaló la importancia de la solidaridad social al decir: "Todos los seres humanos son miembros de un cuerpo social y, por lo tanto, están interconectados". De acuerdo con esta perspectiva, se establecieron instituciones como las Casas del Pueblo (Halkevleri) para desarrollar la solidaridad social, que es la clave del desarrollo y la democracia. Así, bajo la luz de este viento de solidaridad social, se construyó una nueva nación sobre la base de valores comunes.
De este modo, la República se convirtió en "la voz de los que no tienen voz". Al mismo tiempo, la República preparó el terreno para la formación de "generaciones de pensamiento libre, conciencia libre y sabiduría libre".
Estos avances perjudicaron los intereses de ciertos círculos internos y externos. Por ello, estos grupos lanzaron ataques despiadados contra estos logros de la República bajo el pretexto de los derechos humanos, la libertad y la justicia.
Como resultado, el tejido social solidario fue destruido. Las instituciones que alimentaban la solidaridad social fueron neutralizadas o liquidadas.
Se buscó criar una generación ahogada en el pensamiento individualista, que evita contribuir al bien común. A pesar de esto, hoy en día el porcentaje de votos de las fuerzas republicanas entre la juventud aumenta día a día.
En el nuevo siglo de la República, una de las tareas urgentes de las fuerzas republicanas es tejer redes de solidaridad social y encender fuegos de pastores para avivar la solidaridad...
Por ejemplo, poner en marcha casas urbanas que operen en áreas como el arte, la literatura y el apoyo educativo a los estudiantes, crear instituciones que informen a los trabajadores sobre sus derechos y formar iniciativas locales contra terremotos. El individuo, en el clima de felicidad y prosperidad que surge como resultado de su contribución a la solidaridad social, solo puede tener la oportunidad de beneficiarse de ello junto con el pueblo.
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