¡Asesinato en el pueblo!
¡Acoso en la calle!
¡Violencia en el hogar!
¡Crisis en la economía!
¡Migración descontrolada!
¡Aumento de la drogadicción!
Y más…
Cada día que comenzamos diciendo “no puede ser peor”, nos golpea de frente un estado de decadencia moral que nos hace avergonzarnos de nuestra humanidad.
Esta vez, tenemos en nuestra agenda a los “bebés asesinados” en unidades de cuidados intensivos…
Nosotros, que evitamos incluso pisar una hormiga, vivimos la desesperación de “cómo proteger a nuestros hijos de esta decadencia moral”.
Los problemas causados por la corrupción en las instituciones estatales, que deberían brindar confianza al ciudadano, también están siempre en un rincón de nuestra mente.
Estamos atravesando días en los que sentimos la necesidad de vigilar nuestras espaldas en la calle, sin distinción de género.
A este proceso en el que hemos perdido la fe en la justicia, se ha sumado la “decadencia moral en el sistema de salud”.
Estoy seguro de que todos ustedes han leído las noticias sobre los bebés pacientes abandonados a su suerte en unidades de cuidados intensivos.
También habrán visto el contenido de los mensajes en el caso en el que están involucrados incluso los médicos jefes de algunos hospitales privados.
Creo que no hay nadie que haya leído esos mensajes y no haya cuestionado el “amor por el prójimo” que contienen.
Sin embargo, no estoy seguro de si las imágenes de las detenciones o el juicio que se llevará a cabo servirán de bálsamo para el trauma social que estamos viviendo.
Porque somos personas que ni siquiera podemos imaginar tal decadencia moral y maldad…
Este incidente también ha demostrado que hay mucho trabajo por hacer, muchas decisiones que tomar y mucho camino por recorrer para poner al Estado en pie.
Por otro lado, mientras nos vemos en un túnel oscuro, “aquel fiscal de la República” que protege los derechos de los bebés asesinados y no se doblega ante las amenazas, “se convirtió en la luz al final del túnel”.
Otro acontecimiento que nos dio esperanza en toda esta oscuridad absoluta fue la sentencia dictada en el caso del asesinato de Meryem Çap.
El tribunal impuso una pena de cadena perpetua agravada al autor, Ş.Ç., por el delito de homicidio calificado en el caso de feminicidio cometido contra su esposa.
Otra importancia de la decisión tomada en este caso fue que “no se aplicó ninguna reducción de pena al autor”.
Una vez que la decisión pase por los procesos de apelación y casación y quede firme, el autor permanecerá en prisión hasta el final de su vida y cumplirá una parte importante de su condena en una celda de aislamiento.
Aunque la decisión judicial nos dio un respiro en el proceso que atravesamos, los datos publicados en las horas en que se redactaba este artículo revelan que los feminicidios siguen siendo el problema más acuciante de nuestro país.
En una época en la que las instituciones colapsan y la injusticia se expresa abiertamente, el crecimiento de esa luz al final del túnel depende del aumento del número de personas que piensan en el futuro del país y no en sus intereses personales.
No estoy desesperanzado; veo ese potencial en la gente de mi país y creo en ello.
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