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El coche Devrim, el coche de su época

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En Turquía, el automóvil nacional ha existido a menudo en el ámbito del discurso antes que en la línea de producción. En 1961 fueron los coches Devrim, hoy es TOGG... En los más de 60 años transcurridos, la tecnología y el mercado automotriz global han cambiado drásticamente; sin embargo, el significado atribuido al automóvil nacional ha mostrado una continuidad sorprendente a través del lenguaje mediático y el discurso político.

Esta continuidad narrativa se observa claramente en la diferencia entre la recepción inicial de los coches Devrim en la prensa y cómo han sido recordados con el paso del tiempo. Contrariamente a la creencia popular actual, los coches Devrim fueron recibidos con elogios por gran parte de la prensa tras su lanzamiento. Haber sido producidos en 129 días con recursos limitados se presentó como un gran éxito de la ingeniería turca. Sin embargo, esta narrativa inicial no perduró. Con el tiempo, Devrim se transformó en la prensa y en la memoria social más en una narrativa de decepción y de algo inacabado que en un experimento técnico.

Con la imposibilidad de pasar a la producción en serie, la incapacidad del Estado para convertir el proyecto en una política industrial permanente y la orientación hacia otras preferencias en el sector automotriz, Devrim cayó rápidamente en el olvido. El aplauso del primer día dio paso al silencio... Con el tiempo, este silencio llevó a que Devrim fuera recordado reduciéndolo a un solo momento. En realidad, los Devrim llegaron al jardín del parlamento como dos hermanos. ¿Habría cambiado el destino del proyecto si Cemal Gürsel hubiera subido al Devrim blanco en lugar del negro? No se sabe, pero lo que sí se sabe es que el Devrim blanco llegó al hipódromo sin problemas y saludó al pueblo en el Día de la República. Pero después, los coches Devrim se convirtieron más en un símbolo de decepción que en un experimento técnico. Aquel éxito de ingeniería superior, el sudor y las lágrimas fueron olvidados. Los límites estructurales del proyecto, las condiciones económicas de la época y las preferencias políticas quedaron en segundo plano; lo que permaneció en la memoria fue la metáfora del 'coche que se quedó en el camino'.

Además, los coches Devrim estaban todavía en fase de prototipo. Que un vehículo prototipo experimente problemas técnicos durante el proceso de prueba es una parte natural del camino hacia la producción en serie. Sin embargo, cuando se trató de Devrim, esta realidad técnica no pudo ser explicada al público. La diferencia entre el prototipo y la producción en serie se desdibujó; el fallo técnico ocurrido se convirtió en un símbolo que determinó el destino de todo el proyecto.

Desde este punto de vista, la experiencia de Anadol ofrece un contraejemplo más marcado. A diferencia de Devrim, Anadol, que pasó a la producción en serie y salió al mercado de la mano del sector privado, fue un automóvil producido durante unos 17 años, que llegó a una amplia base de usuarios y encontró una respuesta social; la cultura de fans que persiste hoy en día es prueba de ello. Sin embargo, a pesar de toda esta continuidad, como Anadol no estuvo rodeado de altas expectativas políticas y simbólicas, no se convirtió ni en una narrativa de 'éxito nacional' ni de 'decepción nacional'. Esto demuestra que el discurso del automóvil nacional se construye de forma selectiva por el contexto político más que por el éxito técnico o social.

TOGG Y LA HISTORIA DEL AUTOMÓVIL NACIONAL DE LA NUEVA ERA

La narrativa construida en torno a TOGG, por otro lado, fue enmarcada desde el principio como una 'historia de éxito'. En un periodo global donde la transformación hacia los vehículos eléctricos se acelera, se presentó no solo como un automóvil, sino como el escaparate de la ambición tecnológica, industrial y competitiva de Turquía. Posteriormente, el rendimiento concreto de las ventas respaldó esta narrativa. El hecho de que TOGG recibiera una gran demanda poco después de salir al mercado, obtuviera un lugar visible en el mercado turco de automóviles eléctricos y llegara a miles de usuarios, reforzó la percepción de que el proyecto había 'tenido éxito'.

Desde que se anunció TOGG al público, el lenguaje utilizado por el presidente Recep Tayyip Erdoğan también ha sido muy determinante. TOGG no se explicó como un experimento que buscaba la respuesta a la pregunta '¿podemos hacerlo?', sino con el énfasis de 'lo estamos haciendo y lo hemos logrado'. La mayor parte de las noticias en los medios también apoyaron este discurso reproduciéndolo. Las críticas, por su parte, no se percibieron como un debate técnico o económico, sino como un cuestionamiento de la voluntad detrás del proyecto.

Es decir; mientras que en Devrim el éxito o el fracaso se discutían después de completar el proceso y de forma retrospectiva, en el caso de TOGG se operó un proceso que funcionó a la inversa. El éxito se definió cuando aún se estaba al principio del camino; la transformación global y la apropiación política constituyeron los pilares fundamentales de esta narrativa.

Lo que cambia es la tecnología del automóvil, el contexto de producción y las condiciones de competencia global. Lo que no cambia es el significado simbólico atribuido al automóvil nacional. Devrim carecía de la base institucional para soportar esta carga; TOGG, precisamente por esta razón, se explicó como un proyecto que no debía quedarse en el camino. Pero la historia demuestra que el destino del automóvil nacional no solo lo determinan las intenciones o las narrativas, sino las políticas a largo plazo que sustentan estas narrativas.

Quizás la verdadera pregunta que debe hacerse hoy es: ¿cuándo podrá hablarse del automóvil nacional en Turquía simplemente como un automóvil? La línea que va desde Devrim hasta TOGG muestra que el debate sobre el automóvil nacional ha estado moldeado en cada periodo más por la memoria que por la industria; más por las narrativas que por la ingeniería.

Precisamente por eso, cuando se trata del automóvil nacional, la pregunta sobre con qué se mide el 'éxito' se vuelve inevitablemente ambigua. ¿Son determinantes las cifras de ventas, el conocimiento acumulado que aporta a la industria, o cómo es recordado años después? Devrim fue recordado más como una decepción colectiva que como un experimento técnico; TOGG, en cambio, fue posicionado dentro de una narrativa de éxito desde el principio. Este panorama muestra que el destino del automóvil nacional en Turquía ha estado determinado, la mayoría de las veces, no tanto por ser un coche Devrim, sino por cómo se cuenta como el coche de la época en la que se encuentra.