En cualquier asunto, el procedimiento es anterior a la esencia. En lo que respecta a la Constitución, el procedimiento es sumamente importante. La cuestión más vital en cuanto al procedimiento es que un diputado que ha entrado en el Parlamento tras jurar bajo una Constitución vigente, independientemente del cargo o posición que ocupe, no está facultado para redactar una nueva Constitución, salvo para proponer las enmiendas necesarias a la actual. Este procedimiento también vincula a quien ocupa el cargo de presidente. Dado que el equipo político en el poder, incluido el presidente, ha prestado juramento según la Constitución vigente, el voto del pueblo solo es válido bajo esta premisa. Los procedimientos para la redacción de una nueva Constitución son muy claros: se crea una asamblea constituyente dotada con la tarea de redactar una nueva Constitución, este organismo redacta un nuevo texto, el borrador puede someterse a referéndum y, posteriormente, la asamblea constituyente se disuelve.
La segunda debilidad importante respecto a la redacción de una nueva Constitución es que un equipo político que ha intentado gestionar el Estado con un estilo casi ajeno a la ley, no está facultado para redactar una nueva Constitución, no solo desde el punto de vista jurídico, sino también ético.
Siendo la situación clara tanto desde el punto de vista jurídico como ético, el equipo político actual intentará forzar dichos límites. Es evidente que una redacción constitucional emprendida por el actual poder político debilitará enormemente la posibilidad de proteger la estructura del Estado-nación, que ya se encuentra desgastada en el marco de las condiciones de la globalización. Percibimos esta situación con mayor claridad en el orden actual, donde el imperialismo ataca desde todos los frentes y donde, en las condiciones actuales, Oriente Medio ha sido desmantelado por el arquitecto imperialista del Gran Proyecto de Oriente Medio. No parece posible pensar que un político y un equipo político que, a pesar de ser el presidente electo de un país, han sido designados para el cargo por otro país poderoso, puedan estructurar una nueva Constitución sobre la soberanía nacional y las libertades, o que posean tal autoridad.
Para hacernos una idea sobre la mentalidad de gestión del actual gobierno que pretende redactar una nueva Constitución, debemos observar algunas partidas de gasto. La imagen que se muestra en el país, tanto en salud como en educación, que es un derecho ciudadano fundamental, no tiene nada que ver con la situación económica ni con las necesidades. Porque los recursos del país son suficientes para establecer y operar tanto una educación de calidad como un sistema de salud de calidad. El problema no es la falta de recursos, sino la mentalidad y la consolidación de la base electoral. Pues, a medida que la población joven se educa, la base electoral del AKP se erosiona. Siendo así, el equipo político existente intenta lograr su única ambición, que es permanecer en el poder, poniendo en peligro incluso la seguridad del país. No debe ser difícil imaginar cómo se podría implementar esta mentalidad en la supuesta nueva Constitución.
En el punto al que se ha llegado como resultado del callejón sin salida al que el AKP, que lleva más de veinte años en el poder, ha arrastrado al país desde el punto de vista económico, se pretende basar todas las esperanzas en fuentes de dinero caliente extranjero explotador. El primer ejemplo de esto, como se sabe, es el proyecto FMI-Derviş del año 2000. La apariencia de que los primeros años del AKP fueron positivos es el período de abundancia en el que los proyectos de capital e inversión extranjeros, que nuestro país abrió, trajeron sus inversiones para saquear. Mientras pagamos las facturas de ese período que parecía de abundancia, luchamos con tales dificultades. Dado que el capitalismo global, debido a su profunda crisis, intenta explotar los países periféricos con sus metales preciosos y recursos subterráneos, no es muy difícil pensar de quiénes podrían ser los deseos ocultos detrás de la nueva Constitución que intenta crear una estructura política que ha sumido al país en una profunda crisis económica y que no quiere perder el poder a cualquier precio.
Se esperaría que un equipo político que se levanta para redactar una nueva Constitución sea, al menos, respetuoso con las disposiciones constitucionales vigentes. Siendo este el caso, el deseo del actual poder político de redactar una nueva Constitución será, en realidad, una Constitución diseñada por ellos mismos, de la cual ya han dado pistas con algunas prácticas hasta ahora. Esta iniciativa del equipo político existente debe considerarse preocupante, tanto por el objetivo de asegurar su supervivencia política ocultando su imagen sumamente desgastada, como por el hecho de que, a pesar de ser una figura política elegida por la nación, aceptó ser designado para el "Gran Proyecto de Oriente Medio" del imperialista sin recibir autorización de la nación. Mientras que la opinión pública debería prevalecer en la redacción de una nueva Constitución, mantenerse alejado de las influencias de los imperialistas es una condición indispensable.
¡Deseo que el Año Nuevo traiga salud, felicidad y bienestar a todos los amigos, a nuestro pueblo y a toda la humanidad!
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