Las escuelas de ingeniería japonesas se abrieron durante el proceso de la "Restauración Meiji" en 1868, aproximadamente cien años después de la creación de la Mühendishane-i Bahrî-i Hümâyun (la actual Universidad Técnica de Estambul, İTÜ, fundada en 1773) en el periodo otomano. Este periodo inició una transformación profunda en Japón, no solo en su estructura política, sino también en su educación y sistema de producción. El tiempo que los estudiantes pasaban en la escuela aumentó, la educación en ingeniería se institucionalizó y nació una mentalidad de "desarrollo a través de la ciencia" en todo el país.
Sin embargo, los japoneses no lograron la industrialización copiando a Occidente punto por punto, sino adaptando la tecnología a sus propias condiciones. No introdujeron las innovaciones externas en el mercado interno sin pasarlas por el filtro de la producción local. El desarrollo de sistemas operados manualmente en calderas basadas en energía de vapor es un ejemplo típico de la búsqueda de adaptación a la estructura de la mano de obra japonesa del siglo XIX. Es decir, Japón no imitó la tecnología; la reprodujo.
Hoy en día, el Túnel Eurasia, que pasa por debajo del Bósforo en Estambul, fue también un punto de inflexión para la ingeniería japonesa: este proyecto, construido como el primer túnel sumergido bajo el lecho marino del mundo, se convirtió en uno de los ejemplos concretos de la capacidad de "adaptación y aplicación" de la ingeniería japonesa.
PRODUCTIVIDAD Y ESTABILIDAD CAMBIARIA
Durante muchos años, Japón intentó mantener bajo el valor del yen japonés para apoyar sus exportaciones, pero el factor que realmente proporcionó estabilidad fue el alto nivel de productividad derivado del desarrollo tecnológico. La base de la economía japonesa fue la producción basada en la tecnología y el carácter innovador de la ingeniería. A largo plazo, lo que determina el valor de una moneda es la capacidad tecnológica de ese país. Porque la tecnología trae consigo un aumento de la productividad; la productividad alimenta las exportaciones; y las exportaciones mantienen el valor estable de la moneda.
A lo largo del siglo XX, Japón creó esta "renta tecnológica" especialmente en los sectores de productos electrónicos y automotriz. Como país pobre en recursos naturales pero rico en capital humano, su única opción era el desarrollo tecnológico y la mano de obra cualificada.
COMPARACIÓN TURQUÍA-JAPÓN
A corto plazo, el determinante del tipo de cambio suele ser la inflación. El tipo de interés que rompe las expectativas de inflación es el instrumento clásico de política monetaria de la era neoliberal. Aunque el yen japonés se ha depreciado aproximadamente un 46 por ciento frente al dólar en los últimos cinco años, en el último año esta tasa es solo del 0,76 por ciento. Esto se debe a que el proceso de cambio tecnológico y productividad en Japón no se interrumpió.
La inflación de Japón en los últimos cinco años es de alrededor del 10 por ciento en total; en Turquía, los precios aumentaron aproximadamente 10 veces en el mismo periodo. El tipo de cambio subió 4,5 veces en 5 años. Aunque los salarios nominales en Turquía se cuadruplicaron, los salarios reales cayeron un 50 por ciento. En Japón, el nivel de salario real se mantuvo casi constante.
2020–2025 Turquía Japón
Inflación total +900 % +10 %
Aumento del tipo de cambio (frente al USD) +425 % +40 %
Aumento del salario nominal +375 % +11 %
Cambio del salario real -50 % 0 %
Mientras que en Turquía los salarios no pueden seguir el ritmo de los precios que aumentan 10 veces, en Japón la estabilidad de los salarios se equilibró con el aumento de la productividad. Es decir, la producción tecnológica es el seguro real contra la inflación. Mientras continúe el aumento de la productividad, el tipo de cambio no se dispara; las reservas siguen siendo solo un efecto secundario.
INTERÉS, RESERVAS Y ESTRATEGIA A LARGO PLAZO
En Japón, el tipo de interés se mantuvo en el rango del 0-2 por ciento en los últimos cinco años. En Turquía, en el mismo periodo, subió hasta el 50 por ciento. Las reservas de divisas de Japón son aproximadamente nueve veces mayores que las de Turquía. Esta diferencia no es el resultado de políticas monetarias a corto plazo, sino de una estrategia de desarrollo tecnológico a largo plazo.
CONCLUSIÓN: ADAPTAR, NO COPIAR
Hoy en día, "formar ingenieros" no significa solo enseñar tecnología, sino proporcionar la forma de pensar que adaptará la tecnología a las condiciones sociales. Japón lo logró en el siglo XIX. Para que Turquía pueda dar un salto similar, debe orientarse hacia una mentalidad de ingeniería que transforme en lugar de imitar. De lo contrario, la alta inflación, el tipo de cambio volátil y las políticas a corto plazo solo crearán una economía que se mantiene en pie mediante la gestión de la percepción.
La verdadera estabilidad pasa por la productividad, pero esta productividad debe venir acompañada de desarrollo tecnológico. Además, el aumento de los ingresos resultante de esta productividad debe compartirse de manera justa y lo más equitativa posible. Sin duda, la desigualdad podría ser tema de otro artículo, pero el aumento de ingresos que no se comparte de manera justa siempre es problemático.
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