Permítanme empezar diciendo esto: no soy un educador que esté totalmente en contra de los deberes. Las tareas escolares son un elemento que contribuye a que los estudiantes adquieran responsabilidad, refuercen los conocimientos adquiridos y hagan que lo aprendido sea duradero. En estos aspectos, los deberes son necesarios en la educación. Lo que es innecesario son las tareas excesivas que no cumplen su propósito y que suponen una carga para los estudiantes.
Desafortunadamente, la mayoría de los profesores actúan como si los estudiantes solo fueran responsables de su propia asignatura. El profesor de lengua, el de matemáticas y el de ciencias pueden asignar grandes cantidades de deberes al mismo tiempo. Como resultado, los estudiantes se ven abrumados por estas tareas. Los profesores asignan los deberes sin saber qué hacen los demás. Sin embargo, la cantidad de tareas debería determinarse en coordinación con los otros docentes que imparten clase en ese grupo, considerando cuánto pueden soportar los estudiantes y asignando las tareas en consecuencia. Pero, lamentablemente, como esto no se hace, los estudiantes terminan aplastados bajo una montaña de deberes de diferentes asignaturas.
Entonces, ¿qué sucede como resultado? Los niños hacen sus deberes de forma descuidada solo para poder terminarlos a tiempo. Especialmente si las tareas son de tipo test, marcan las opciones sin siquiera leer las preguntas para completar el trabajo. Bueno, ¿acaso los profesores no revisan estas tareas hechas sin cuidado y explican los errores? Lamentablemente, la respuesta a esta pregunta es, en gran medida, no. La mayoría de los profesores también revisan los deberes de forma superficial y siguen adelante, porque para ellos también es muy difícil controlar las tareas de tantos estudiantes.
En resumen, el asunto de los deberes avanza como un intercambio vacío, solo para cumplir con las apariencias. ¿Acaso los profesores no saben que este tipo de tareas son innecesarias y no aportan ningún beneficio? Por supuesto que lo saben. Entonces, ¿por qué se siguen asignando? Especialmente en las escuelas privadas, los padres y los administradores escolares presionan a los profesores para que envíen muchos deberes. La situación llega a tal punto que se crea la percepción de que cuanto más trabajo envíes, mejor profesor eres. Luego, los profesores entran en una carrera por ver quién manda más deberes, y quienes pagan las consecuencias son los estudiantes.
La mayoría de los padres, pensando que un estudiante que hace muchos deberes tendrá más éxito, presionan a los profesores en este sentido. Al final de todo esto, nos encontramos con tareas que no sirven para nada, que asfixian al estudiante y que hacen que se desentiendan de la escuela y del aprendizaje. Sin embargo, lo ideal es asignar la cantidad de deberes que los estudiantes puedan realizar sin agotarse. Solo así se puede obtener la eficiencia necesaria. Especialmente los padres deben actuar de manera consciente y estar en consulta constante con los profesores.
Mientras este fetichismo de los deberes, especialmente en las escuelas privadas y academias, no llegue a su fin, provocará que la nueva generación, de la cual ya observamos que su vínculo con la escuela se ha roto, se aleje aún más de la educación y del aprendizaje.
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