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Wimbledon, el torneo de tenis más prestigioso del mundo, es como el libro sagrado del deporte.

En Inglaterra, cuando se habla de Wimbledon, la vida se detiene.

En las calles, en pantallas gigantes, en restaurantes, cafeterías, pubs... Todo el mundo está frente a una pantalla.

Mientras se golpea la raqueta en la pista de hierba, todo un país contiene el aliento.

¡Este año, una chica turca también estaba en esas pistas!

Zeynep Sönmez...

Su participación en Wimbledon es un momento de ruptura histórica para el tenis turco.

En la primera ronda, derrotó a su rival rumana Jaqueline Cristian y avanzó a la segunda ronda.

Nunca antes una tenista turca había logrado clasificarse para el cuadro principal de Wimbledon.

Quizás no se habló tanto de ella en Turquía como de los futbolistas que son enviados a torneos de fútbol en aviones privados y con himnos compuestos en su honor...

Pero este año, al entrar al torneo, ocupaba el puesto 74 del ranking mundial; ahora está en el número 70.

Algunos podrían decir: "Solo cuatro puestos".

Pero esos cuatro puestos se ganaron viniendo de una cultura en Turquía donde todavía se dice: "¿Tenis? ¿Qué es eso?", y logrando inscribir su nombre en Wimbledon.

Tuve la oportunidad de conocerla durante su aventura en Inglaterra.

Estaba allí para el rodaje de un anuncio publicitario.

Se había convertido en la imagen de una marca de cosméticos.

¡Gracias a Dios que existen estas empresas, que pueden apoyar a quienes tienen éxito en disciplinas distintas al fútbol!

Pasamos largas horas con Zeynep durante el rodaje, dirigido por mi querido hermano Mehmet İmer, uno de los mejores directores del sector publicitario.

Y la famosa frase de Atatürk resonó en mi mente:

“Me gusta el deportista inteligente, ágil y moral”.

Zeynep es la encarnación viva de estas tres cualidades.

Ni arrogancia, ni caprichos...

Ni aires de “he participado en Wimbledon”...

Ni un séquito ruidoso, ni entradas y salidas ostentosas...

Silenciosa, profunda, digna...

Todo lo que corresponde a una mujer turca, o mejor dicho, a una chica de la República de Atatürk, está presente en ella.

Como decimos nosotros:

“Tira de la hierba y mira su raíz”.

Detrás de Zeynep hay una madre que ha dedicado su vida a ella.

En un sistema en Turquía donde todavía se dice que “las niñas no juegan a la pelota”,

una madre que construye un futuro en la pista...

La ha criado con la disciplina de la pista, sin quitarle a su hija su infancia y sacrificando su propia vida.

Porque el tenis es un deporte en el que, sin un padre o madre que dedique su vida a ello, el éxito es casi imposible.

En este negocio, no se puede sin la “familia”.

Y detrás de esta chica hay un modelo de madre de acero.

Si Zeynep hubiera sido futbolista...

Quizás ahora estaría en la sede de un club, subiéndose a su coche de un millón de dólares y publicando historias en redes sociales.

Sería una de esas “estrellas” que viven de tres patrocinadores, sin haber dado tres pases ni haber construido tres frases coherentes.

Pero el tenis no es ese tipo de deporte.

Quien sabe, sabe:

Estás solo en la pista.

No hay favoritismos arbitrales ni excusas de compañeros de equipo.

Si cometes una doble falta, caes solo mientras el mundo te observa.

Zeynep Sönmez no solo juega al tenis.

Lleva esperanza para este país.

En esta era donde el deporte se convierte en espectáculo y el carácter en caricatura,

nos recuerda que todavía se puede alcanzar el éxito con moral, disciplina e inteligencia.

Como dice el eslogan publicitario:

“¡Nuestra emoción no se apaga (Sönmez)!”

Y estoy seguro...

Tu camino está abierto, Zeynep.

Esto es solo el comienzo.

¡Nos seguirás llenando de orgullo!