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Ni es fiesta ni es celebración… ¿Por qué Trump se convirtió en un 'Ángel de la Paz'?

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Cuando Marco Polo recorría la Ruta de la Seda en el siglo XIII transportando especias y seda a lomos de un caballo, probablemente no imaginó que, siglos después, esta ruta se convertiría en el panel publicitario político de Donald Trump. Aquel día había mercancías transportadas por caravanas; hoy, millones de toneladas de carga que se moverán por ferrocarril. Aquel día había caravasares; hoy, créditos de miles de millones de euros. Pero lo único que no cambia es esto: al final del camino, el que gana es el comerciante, y el que pierde sigue siendo el pueblo que barre el camino.

Hace unos días, Armenia y Azerbaiyán firmaron un protocolo de paz. ¿Adivinen quién estaba en la mesa? Sí, Trump. Posando como enviado de paz, en primera fila. Como decimos nosotros: “Ni es fiesta ni es celebración, ¿por qué me besa mi cuñado?”. Pues exactamente así. El hombre que hasta ayer levantaba muros y provocaba peleas en las redes sociales, hoy se ha convertido en un “ángel de la paz”. Pero bajo este beso no hay sentimientos puros, sino cálculos logísticos de miles de millones de dólares.

Miren el panorama: Turquía ha dado el primer paso en un gigantesco proyecto ferroviario que comenzará en Kars, se extenderá hasta Najicheván y desde allí conectará China con Inglaterra. Esta línea, llamada “Corredor de Zangezur”, tendrá capacidad para transportar 5,5 millones de pasajeros y 15 millones de toneladas de carga al año. Turquía ha destinado 2.400 millones de euros al proyecto. En la financiación participan el banco japonés MUFG, el sueco EKN, el austriaco OeKB y el Banco Islámico de Desarrollo. Es decir, los grandes actores están involucrados. Esa es la razón por la que Trump está sentado en la mesa: no es la paz, es el comercio.

Además, el nombre de la línea es pomposo: “Línea Internacional de Paz y Prosperidad Trump”. Qué emotivo, ¿verdad? No se sorprendan si mañana abren un “Corredor de Çiğköfte Trump” o un “Expreso de Baklava Trump”. Si el hombre escribiera su nombre en papel higiénico, el mundo casi lo comercializaría como una “revolución comercial”.

Preguntémonos: ¿Quién ganará qué con este proyecto?

Turquía será el puente principal de la logística este-oeste y aumentará su poder estratégico. Azerbaiyán y Najicheván fortalecerán su integración económica y política. Armenia abrirá sus puertas, cerradas durante años, y obtendrá ingresos por tránsito. Estados Unidos, bajo la máscara de un “proyecto de paz”, meterá la mano en las venas comerciales de la región.

En resumen, Estados Unidos vuelve a jugar su partida clásica. Cada vez que dice “paz”, sepan que allí se está abriendo un nuevo corredor. Cada vez que grita “democracia”, sepan que allí se está estableciendo una nueva base. Las poses de “ángel de la paz” de Trump son el cartel de la misma obra.

Pero al final del día, la pregunta que nos toca es: ¿Qué llegará a nuestra mesa de la carga de estos proyectos gigantescos? ¿Cuántos kilos de esos 15 millones de toneladas de carga entrarán en nuestros bolsillos? ¿O acaso, mientras nosotros pesamos el kilo de tomates en el mercado, miles de millones de euros saldrán silenciosamente de las arcas en nombre de la “paz internacional”?

Marco Polo llevaba seda a sus espaldas; Trump lleva un pañuelo de seda en la mano. Pero en ese pañuelo no hay rastro de paz, sino el brillo del dólar. La Ruta de la Seda se está reconstruyendo, sí. Pero aunque escriban “Línea de la Paz” en el cartel, lean la letra pequeña: “Patrocinado por EE. UU.”