El 1 de febrero fue el aniversario de la muerte de Barış Manço, cuyas canciones guardan un recuerdo especial en mi memoria. Mi hijo era apenas un bebé el día que me enteré de su fallecimiento. Nunca me perdía el programa “Adam Olacak Çocuk” (El niño que llegará a ser un hombre).
Ese programa daba voz en este país a los niños, a quienes confiaremos el futuro de la nación. Nos obligaba a cuestionarnos a nosotros mismos. ¿Cuánto escuchamos a nuestros hijos? ¿Hasta qué punto cumplimos con nuestra responsabilidad hacia ellos?
¿Qué clase de Turquía imaginamos para nuestros hijos? ¿Se lo ha preguntado alguna vez últimamente?
¿Una Turquía donde se suceden tragedias causadas por la negligencia humana, donde las muertes evitables se normalizan y los responsables no rinden cuentas?
¿O una Turquía donde lo esencial es “dar vida” y donde el Estado existe para su gente?
¿Una Turquía donde impera la ley de los poderosos? ¿O una Turquía que funciona según el Estado de derecho?
¿Una Turquía donde no llegamos a fin de mes, donde el salario mínimo cae por debajo del umbral de pobreza apenas en el primer mes tras su anuncio, y donde el salario mínimo se ha convertido en el sueldo que recibe la mayoría?
¿O una Turquía donde se aplican políticas salariales justas que permiten una vida digna?
¿Una Turquía donde el 20% de la población con mayores ingresos alcanza el 50% de la renta total, donde la clase media desaparece, la desigualdad en la distribución de la riqueza alcanza niveles sin precedentes y los pobres se vuelven aún más pobres?
¿O una Turquía donde se mejora la distribución de la renta y se implementan rápidamente políticas de Estado social para fomentar la paz, la tranquilidad, la justicia y la prosperidad, que son el anhelo común de la sociedad?
¿Una Turquía dominada por el amiguismo y el sistema de influencias? ¿O una Turquía donde el trabajo, el esfuerzo y el mérito sean valorados?
¿Una Turquía donde los productos que llegan a nuestra mesa no se inspeccionan, donde los productos que exportamos son devueltos y donde no se garantiza la seguridad alimentaria?
¿O una Turquía que antepone la salud humana a todo lo demás, que no contamina la tierra, el aire ni el agua, y que adopta un sistema agrícola respetuoso con la naturaleza, el clima y regenerativo para el suelo?
¿Una Turquía donde los jóvenes no encuentran trabajo, no pueden soñar y han perdido la esperanza en el futuro?
¿O una Turquía que invierte en sus jóvenes, crea oportunidades laborales y se fortalece gracias a ellos?
¿Una Turquía que considera una falta disciplinaria decir “Somos los soldados de Mustafa Kemal” y expulsa a sus jóvenes del ejército?
¿O una Turquía que ve en decir “Somos los soldados de Mustafa Kemal” un motivo de orgullo y que guarda en lo más profundo de su corazón a los tenientes cadetes que juran lealtad a nuestro Padre (Atatürk)?
¿Qué clase de Turquía imaginamos para nuestros hijos?
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