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Quedarse quieto es motivo de detención, saltar es un delito. ¿Es posible mantener la mente y el corazón sanos?

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A veces solo quieres detenerte. En medio del ajetreo, el ruido y el caos, detenerte un momento para respirar... Quizás en una esquina, quizás al borde de una plaza. Te detienes. No hablas, no lanzas consignas, no gritas.

Simplemente existes. Pero en ese momento, alguien te toca el hombro: “No puedes quedarte aquí”.

Y resulta que quedarse quieto ha sido prohibido.

Anoche, 15 jóvenes que realizaban la protesta del “hombre que se queda quieto” frente al AKM fueron detenidos.

Si en un país las personas son detenidas solo por quedarse quietas, solo por existir, entonces hay que preguntarse qué es lo que ahora se considera “normal” allí. Este no es solo un asunto legal, sino también humano. Porque hay algo más allá de las leyes: la conciencia.

Pensábamos que una intervención sobre dónde pueden caminar o dónde pueden detenerse las personas solo ocurría en países como Afganistán o Irán.

No puedes detenerte, no puedes caminar, no puedes reír, no puedes saltar. Entonces, ¿cómo se vive así?

Como ciudadanos, proteger nuestra psicología ya no es solo un esfuerzo individual; es una forma de patriotismo.

Reír, tener esperanza, cantar... Estas son las formas en que un pueblo se mantiene en pie.

A veces no es posible mantenerse erguido como el tronco de un árbol. Pero las raíces están ahí. Y nosotros somos las raíces de los demás.

Si en un país incluso “quedarse quieto” es un delito, el verdadero problema no es de qué lado estamos, sino qué estado de humanidad podemos preservar.

Expresar las injusticias que vemos, no dejar solo a quien no calla y cuidarnos unos a otros es una receta vital para proteger nuestra salud mental.