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Intervención en Irán: ¿Disuasión o caos?

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Un posible ataque contra Irán ya no se percibe únicamente como un elemento de negociación diplomática, sino como una posibilidad de ataque militar concreto. Sin embargo, esta posibilidad no debe entenderse solo en relación con el programa nuclear de Irán o el futuro del régimen. Un posible ataque iría mucho más allá, generando consecuencias que afectarían directamente los equilibrios de poder regionales y las alianzas internacionales. 

El debate sobre un posible ataque a Irán a menudo se reduce a la pregunta de "si ocurrirá o no". Sin embargo, la verdadera cuestión es cuáles serían las consecuencias de tal ataque para Oriente Medio y el sistema global. Teniendo en cuenta la situación económica actual, también sigue siendo incierto hasta qué punto la economía mundial está preparada para un escenario así.

Se evalúa que la operación esperada podría tener como objetivo instalaciones nucleares y energéticas, así como centros vinculados a los altos mandos administrativos, incluido el líder religioso, y a la Guardia Revolucionaria. Dado que una parte importante de las instalaciones de la Guardia Revolucionaria se encuentra dentro o muy cerca de zonas residenciales, un posible ataque supondría un alto riesgo en términos de víctimas civiles. Que tal operación se llevara a cabo en asociación entre Estados Unidos e Israel refuerza la posibilidad de que el conflicto se convierta en una guerra regional.

Aunque se observa que los vínculos de Irán con sus fuerzas subsidiarias se han debilitado debido a las condiciones económicas y políticas en las que se ha encontrado recientemente, la posibilidad de una guerra podría reactivar estas estructuras. Un escenario como el ataque al líder religioso, en particular, podría generar reacciones severas y difíciles de controlar, no solo en Irán, sino en todo el mundo chií.  

Aunque algunos países del Golfo han entrado en un proceso de normalización con Israel en el marco de los Acuerdos de Abraham y albergan presencia militar estadounidense, la mayoría de estos países expresan abiertamente su oposición a un ataque directo contra Irán. Esta postura demuestra que no desean una guerra que afecte a la región. 

En este punto, es necesario evaluar un posible conflicto no solo por sus consecuencias militares y políticas, sino también por sus efectos en la economía global.

El estrecho de Ormuz y la presión sobre la economía global

En este contexto, la importancia estratégica del golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz se vuelve determinante. El golfo Pérsico es uno de los puntos de tránsito más críticos del tráfico energético mundial. Aproximadamente el 20-25% del comercio mundial de petróleo y alrededor del 20% del gas natural licuado se transportan a través del estrecho de Ormuz. Las exportaciones energéticas de Irán, Irak, Kuwait, Baréin, Catar, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos dependen de esta estrecha vía fluvial. Por lo tanto, cualquier tensión militar en el Golfo o la posibilidad de que se cierre el estrecho de Ormuz tendría un efecto que aumentaría los precios mundiales de la energía, especialmente el precio del petróleo Brent.

Equilibrio externo

La postura distante de los países del Golfo ante una operación militar contra Irán también está estrechamente relacionada con esta vulnerabilidad económica. Incluso Arabia Saudita, que ha estado en competencia con Irán durante muchos años, parece haber seguido una línea más pragmática para reducir la tensión recientemente. Esta postura, aunque no significa que Arabia Saudita esté del lado de Irán, demuestra que es consciente de los costes de una guerra regional. Una posible guerra regional podría situar el acercamiento entre Arabia Saudita e Irán en un marco de relación basada en intereses, no en ideología.

Desde la perspectiva de Estados Unidos, está claro que no ve con buenos ojos la posibilidad de una guerra prolongada en Oriente Medio. Incluso si se tratara de una operación limitada contra Irán, podría ser el comienzo de un proceso con consecuencias incontrolables. Esto no coincide con los cálculos estratégicos de Estados Unidos.

Equilibrio interno

Para Irán, una intervención externa tiene significados diferentes tanto para el gobierno como para el pueblo. Para el gobierno, la amenaza y la intervención externas pueden verse como una oportunidad para restringir la libertad de expresión, aumentar aún más la presión y eliminar a la oposición. Como se vio en la Guerra de los 12 Días, la amenaza de una intervención externa puede unir a diferentes sectores de la sociedad bajo una misma bandera.

Por lo tanto, la expectativa de la sociedad iraní de una intervención externa para lograr un cambio político sería un enfoque extremadamente arriesgado. Porque, mirando los ejemplos de Irak, Libia y Siria, la intervención externa ha provocado el colapso del equilibrio entre el Estado y la sociedad junto con el cambio de gobierno. En Irán, un posible cambio de régimen solo puede configurarse a través de dinámicas internas; la intervención externa solo podría ser un elemento desencadenante de este proceso.

Incluso no se debe ignorar una posibilidad inversa. La intervención externa podría fortalecer aún más al régimen al reunir al pueblo bajo una sola bandera. Esto neutralizaría a la oposición interna y provocaría que las demandas de reforma se pospongan.

Conclusión

Al planificar una posible intervención externa contra Irán, se deben evaluar conjuntamente la estructura histórica y política de la región, los equilibrios de poder internacionales y las dinámicas sociales internas de Irán. No basta con seguir una política de disuasión utilizando únicamente la fuerza militar. Además, Irán no es un país que pueda ser fácilmente remodelado mediante intervenciones externas como Afganistán, Irak, Libia o Siria.

El esfuerzo de Estados Unidos por obligar a Irán a dar un paso atrás presionándolo, especialmente a través de sus actividades nucleares, no parece realista debido a la ubicación geográfica, las experiencias pasadas y la percepción de seguridad de Irán. Para Irán, la tecnología nuclear no se ve solo como un elemento de poder, sino como una razón existencial del régimen.

Si el objetivo es realmente garantizar la seguridad regional y global y limitar la proliferación nuclear, esto sería más creíble no solo con presiones sobre Irán, sino con un acuerdo justo y vinculante que incluya a todos los estados que poseen armas y tecnología nucleares. De lo contrario, Oriente Medio seguirá siendo un campo de competencia donde las grandes potencias no pueden decidir si habrá guerra o paz.