Mientras el discurso oficial en Irán ha rechazado durante años la producción de armas nucleares, un artículo publicado en junio de 2026 en la agencia de noticias Fars —conocida por su cercanía a los Guardianes de la Revolución— bajo el título "No hay otra salida que fabricar la bomba atómica" defendió abiertamente que Irán debe obtener una capacidad de disuasión nuclear. Aunque dicho artículo no refleja la política oficial del Estado, es considerado una ruptura significativa por ser la primera vez que discursos favorables a las armas nucleares en círculos de seguridad próximos al régimen se trasladan tan abiertamente a la opinión pública. En medio de estos debates, el 2 de julio la oposición israelí acusó al primer ministro Binyamin Netanyahu de utilizar la capacidad nuclear de Irán para generar alarma en la opinión pública.
Por un lado, el fortalecimiento de los discursos que abogan por las armas nucleares en Irán y, por otro, la conversión de la amenaza nuclear en un tema de política interior en Israel han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta fundamental que se debate desde hace muchos años: ¿Puede Irán realmente fabricar un arma nuclear? La respuesta a esta pregunta no reside únicamente en la capacidad de enriquecimiento de uranio del país, sino también en sus experiencias históricas, sus preocupaciones de seguridad y su concepción de política exterior.
El programa nuclear de Irán se asienta sobre tres elementos fundamentales: el enfoque ideológico, la concepción de soberanía nacional y las preocupaciones de seguridad. Irán, que por su posición geoestratégica ha sido históricamente escenario de rivalidad entre las grandes potencias, experimentó una grave crisis de confianza con Occidente especialmente tras la Revolución Islámica de 1979. En ese proceso, la tecnología nuclear se convirtió en símbolo de independencia, soberanía nacional y resiliencia del régimen, más allá de la mera producción de energía.
¿Cómo comenzó el programa nuclear de Irán?
El contacto de Irán con la tecnología nuclear se remonta a mediados de la década de 1950. Durante la Guerra Fría, las preocupaciones por la expansión del comunismo y el riesgo de que Irán volviera a caer bajo el control de la URSS llevaron a Estados Unidos a apoyar a Irán en materia de tecnología nuclear, a lo que posteriormente se sumaron Alemania y Francia.
En la década de 1970, durante la era del Sha, se iniciaron proyectos de centrales nucleares e Irán se propuso aprovechar la energía nuclear para la producción de electricidad. En aquella época, Irán era considerado uno de los aliados estratégicos más importantes de Estados Unidos. Por ello, las actividades nucleares iraníes contaron con el respaldo de la comunidad internacional y no fueron percibidas como ninguna amenaza para la seguridad.
Sin embargo, la Revolución Islámica iraní de 1979 cambió completamente este proceso. El ayatolá Jomeini consideró los proyectos de la era del Sha como una extensión de la influencia occidental y detuvo numerosas actividades nucleares. No obstante, este enfoque no fue duradero, y poco después las cambiantes condiciones de seguridad llevaron a Irán a retomar el programa nuclear.
La guerra Irán-Irak fue el punto de inflexión
Los ataques de Irak contra instalaciones militares iraníes y ciudades del país, el apoyo de los países occidentales al gobierno de Bagdad y las dificultades militares que Irán experimentó a lo largo de la guerra pusieron de manifiesto el enorme riesgo que la dependencia exterior suponía para la seguridad nacional.
En ese mismo período, el ataque de Israel a la central nuclear de Irak también constituyó una lección importante para Irán. Estos acontecimientos sentaron las bases para que en el gobierno iraní se consolidara una sólida concepción de disuasión, y propiciaron que la tecnología nuclear fuera vista no solo como un instrumento de producción de energía, sino también como un elemento de seguridad nacional.
Tras la guerra, la visión de las autoridades religiosas sobre la tecnología nuclear también cambió. La gran mayoría de los ayatolás apoyó la energía nuclear con la condición de que tuviera como fin proteger a los musulmanes y no fuera utilizada con fines ofensivos. Sin embargo, el régimen, siguiendo las lecciones extraídas de la era del Sha, rechazó recibir ayuda directa para no depender de Occidente; en su lugar, desarrolló cooperaciones nucleares con países como China, Pakistán y Rusia.
Aunque el discurso oficial siguió rechazando las armas nucleares, resultan llamativas las afirmaciones de que, en los últimos años de la guerra Irán-Irak, el ayatolá Jomeini expresó en una carta dirigida a altos funcionarios que, en circunstancias extraordinarias para ganar la guerra, podría ser necesario recurrir a tecnologías de defensa avanzadas; esto ilustra la dimensión que alcanzaron las preocupaciones de seguridad.
Los equilibrios de seguridad regionales
Esta concepción de seguridad, forjada a lo largo del proceso histórico, ha llevado a que, en la actualidad, el programa nuclear de Irán haya dejado de ser un problema exclusivo entre Irán y Occidente para convertirse en un asunto de seguridad regional que afecta directamente a los equilibrios de poder en Oriente Medio.
Se considera que un Irán con alta capacidad de energía nuclear seguiría una política más agresiva en términos políticos y militares y brindaría mayor apoyo a organizaciones proxy. Desde una perspectiva sectaria, surgen preocupaciones de que un Irán que se convierta en potencia nuclear podría incrementar la influencia chií en la región, lo que podría representar una amenaza existencial para algunos gobiernos suníes.
El país que más enérgicamente se opone al programa nuclear de Irán es Israel. Israel, que desde finales de la década de 1960 posee potencial de armas nucleares, es el único país de Oriente Medio que dispone de armamento nuclear. Por ello, la posibilidad de que Irán desarrolle armas nucleares es percibida por Israel como una amenaza existencial directa. En este sentido, la defensa que Netanyahu hizo en una entrevista a CNN en 2015 de que "Irán tiene como objetivo destruir a Israel" y de que "el acuerdo nuclear ofrece a Irán un camino libre hacia la bomba" refleja esta concepción de seguridad. En contrapartida, Irán considera la capacidad nuclear de Israel y la presencia militar de Estados Unidos en la región como una de las mayores amenazas para su propia seguridad.
Los países occidentales, por su parte, temen que si Irán obtiene armas nucleares, Arabia Saudita, Egipto y otros países de la región también podrían orientarse hacia el armamento. Un desarrollo de este tipo podría desencadenar una nueva carrera armamentística nuclear en Oriente Medio.
¿Puede Irán fabricar un arma nuclear?
Desde un punto de vista técnico, teniendo en cuenta la capacidad de enriquecimiento de uranio de Irán, su tecnología de misiles y sus recursos humanos cualificados, existen numerosas evaluaciones que apuntan a que el país se ha aproximado a la producción de armas nucleares. Sin embargo, fabricar un arma nuclear no depende únicamente de la capacidad técnica. Una decisión de ese tipo también está relacionada con la voluntad política, los costes internacionales y los cálculos de seguridad.
Conclusión
El programa nuclear de Irán es una política de Estado estratégica en la que confluyen experiencias históricas, preocupaciones de seguridad, nacionalismo y enfoques ideológicos.
En el punto al que se ha llegado hoy, la pregunta que realmente debe debatirse no es si Irán puede o no fabricar un arma nuclear, sino si decidirá que producirla es necesario para su propia seguridad. Porque la capacidad técnica y la decisión política no son lo mismo.
Además, si se tiene en cuenta que Pakistán —que también posee armas nucleares— es uno de los actores importantes en las negociaciones entre Estados Unidos, potencia nuclear, e Irán, los enfoques centrados únicamente en limitar las actividades nucleares de Irán acarrean también críticas de doble rasero en el sistema internacional, dada la presencia de otras potencias nucleares en la región.
Por ello, no resulta sorprendente que, tras las sanciones, los ataques militares y la creciente presión a los que Irán ha sido sometido hasta la fecha por sus actividades de enriquecimiento de uranio, las opiniones que defienden la disuasión nuclear se hayan vuelto más visibles en la prensa iraní.
No obstante, en el período que se avecina, las posibles nuevas crisis con Israel, la política que adopte Estados Unidos, los equilibrios de seguridad regionales y el curso de las negociaciones internacionales seguirán siendo los factores más determinantes del programa nuclear de Irán. Por ello, el programa nuclear iraní continuará siendo uno de los temas más críticos de la agenda de la política internacional durante muchos años.
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