Envejecemos empobreciéndonos: esto no es un destino, es el resultado de una elección política
El activista Erkan Erdem escribe... Envejecemos empobreciéndonos: esto no es un destino, es el resultado de una elección política
En Turquía, la gente ya no solo envejece... Envejece hundiéndose lenta y silenciosamente en la pobreza.
Lo que alguna vez fue una vejez dedicada a disfrutar de los nietos, hoy se pasa seleccionando restos de frutas en los mercados.
Los ancianos ya no son la memoria de una generación; son testigos de un colapso económico.
Y este panorama no es un destino. Es el resultado de un régimen de pobreza construido paso a paso.
Sin embargo, la vejez es la conciencia de un país.
Si los ancianos de este país todavía tienen que trabajar para sobrevivir, ¿en qué podrán confiar los jóvenes para vivir?
Antiguamente, la vejez consistía en tomar el sol junto a las paredes. Era disfrutar de los nietos. Era contar el testimonio del tiempo. Ahora, la vejez se ha convertido en recibir una pensión por debajo del salario mínimo, en clasificar pimientos en una caja o en recoger tomates de la basura del mercado al final del día.
Hoy, la vejez no es solo un proceso de envejecimiento; se ha transformado en una lucha por la supervivencia donde la pobreza se profundiza un poco más cada año.
Turquía está envejeciendo rápidamente. Pero se está empobreciendo aún más rápido. Y ambos factores se complementan de la manera más cruel.
Al observar las cifras del TÜİK, la fotografía de la situación es clara: en 2023, la tasa de población anciana aumentó al 10,2%. En 2024, al 10,6%. (TÜİK, 2024)
En 2040, esta tasa será del 17,9%. Es decir, una de cada cinco personas será anciana. Entonces, ¿cómo vivirá una de cada cinco personas?
- El 21,7% de los ancianos vive por debajo del umbral de la pobreza. (TÜİK, Ingresos y Condiciones de Vida 2023)
- En Estambul, los inquilinos ancianos se acercan al 20%.
- En 2010, la pensión de jubilación era superior al salario mínimo. Ahora es un 35% más baja.
- El 12,2% de la población mayor de 65 años trabaja; dos tercios de ellos en el campo, la mayoría sin seguridad social. (TÜİK, Ancianos con Estadísticas 2024)
Esto no es una elección, es una necesidad.
No es una historia de "envejecimiento activo"; es un "drama de no poder llegar a fin de mes".
LA TÍA PAKİZE NO ES SOLO UNA PERSONA, ES LA REPRESENTACIÓN DE MILLONES
La tía Pakize, de 75 años, no tiene pensión ni ingresos regulares. Solo recibe 4.664 TL al mes como pensión de vejez. No tiene dientes en la boca ni zapatos decentes en los pies. Si puede, limpia escaleras de edificios o va a limpiar jardines. Forzando su energía insuficiente, se somete a trabajos físicos pesados.
La tía Pakize es hoy el resumen de la vejez en Turquía: un cuerpo cansado, una vida olvidada y un sueño de jubilación que nunca se cumplió.
Y no está sola. Hoy en Turquía, el 76% de las mujeres ancianas quedan fuera del sistema de seguridad social. Son mujeres viudas que han perdido a sus maridos o trabajadoras domésticas que han trabajado toda su vida sin seguro. No pueden recibir suficiente apoyo ni del Estado ni de la sociedad. La vejez femenina se teje con una pobreza mucho más profunda.
Antiguamente, los ancianos no trabajaban porque no tenían que hacerlo. Hoy, los ancianos trabajan porque si no lo hacen, no pueden sobrevivir.
Las estadísticas que adornamos como "larga vida" representan, en realidad, largos años de pobreza.
Los ancianos de Turquía están solos frente a pensiones bajas, casas de alquiler, colas para medicamentos y la ausencia de un sistema de cuidados.
¿DÓNDE ESTÁ LA DIFERENCIA CON EUROPA?
Cuando miras fotos de jubilados en las redes sociales o en la prensa, la realidad queda patente:
Los jubilados en Europa y los de Turquía parecen vivir no solo en épocas diferentes, sino en siglos distintos.
Allí, jubilados que pasean, leen libros, viajan...
Aquí, en cambio, ancianos que no pueden dar dinero a sus nietos, que limpian escaleras o trabajan en el campo...
La misma edad, pero vidas completamente diferentes.
En Europa, la tasa de población anciana es mucho mayor que la nuestra. Pero allí, los ancianos no viven con sus hijos, sino en sus propias casas. Pueden vivir con su pensión, irse de vacaciones y beneficiarse de los servicios sociales.
Por ejemplo, en los Países Bajos, la pensión de jubilación es el 110% del nivel de subsistencia mínimo, mientras que aquí ni siquiera llega al 65%. En Alemania, los municipios ofrecen programas de visitas semanales y servicios gratuitos de atención domiciliaria para los ancianos. En Turquía, los ancianos tienen que depender de la cuota de internet de sus nietos.
En nuestro país, la vejez se ha convertido en una lucha. Es más, es una lucha silenciosa.
Porque los ancianos no se quejan en voz alta; sus hábitos los mantienen callados.
Pero no hay que callar.
Envejecer puede ser un destino. Pero envejecer en la pobreza no es un destino.
Es una elección.
Y quienquiera que haya tomado esa decisión, debemos oponernos a ella.
LA VEJEZ TAMBIÉN ES CUESTIÓN DE CLASE
En Turquía, la vejez también es una cuestión de clase.
Porque envejecer no significa lo mismo para todos.
Para algunos, la vejez significa recibir a los nietos en la casa de verano, tomar el café de la mañana con vistas al mar, realizar controles regulares en hospitales privados y participar en viajes culturales.
Para otros, la vejez significa luchar por pagar el alquiler, buscar el queso más barato en el supermercado, limpiar suelos con rodillas desgastadas y recoger tomates de la basura del mercado al caer la noche.
No es la misma edad, ni el mismo cuerpo. No es el mismo país, ni la misma vida.
Por eso, la vejez no es solo un proceso biológico; es una profunda desigualdad moldeada por condiciones económicas, sociales y culturales.
Algunos pasan a un "descanso placentero" en su vejez, mientras que otros se enfrentan a la jornada laboral más agotadora de sus vidas.
Aquellos que no tienen un sueño de jubilación, nunca podrán jubilarse a lo largo de sus vidas. Porque han trabajado sin seguro, han permanecido en la economía informal y su trabajo doméstico ha sido invisible. Especialmente para las mujeres, la vejez es un período en el que la pobreza se vuelve permanente y se define más por la carencia que por el apoyo.
Por eso, incluso la vejez es un privilegio en este país.
Mientras algunos asisten a conferencias sobre "envejecimiento activo", otros limpian en los huecos de las escaleras.
Mientras algunos dicen con paz "qué rápido pasaron los años", otros todavía intentan encontrar un trabajo.
No solo la vida, sino la forma de vivirla también es una cuestión de clase.
Y esta diferencia no es solo individual, es sistemática.
Si en un país el sistema de seguridad social es débil, las pensiones son insuficientes y los servicios de cuidado están privatizados, esta diferencia se profundiza. Las administraciones locales no pueden eludir su responsabilidad mirando solo al gobierno central. Ningún municipio que no pueda llegar al anciano ni entenderlo es un municipio centrado en las personas.
Por eso, el problema no es solo envejecer; es cómo envejecemos.
Y lo que es más importante: quién puede envejecer con dignidad.
¿DÓNDE ESTÁN LAS ADMINISTRACIONES LOCALES?
Además, este panorama no puede explicarse solo con las políticas del gobierno central. Las administraciones locales también son parte de este proceso.
Los municipios tienen la obligación de crear ciudades amigables con los ancianos:
- Transporte sin barreras
- Centros de apoyo público
- Apoyo a los cuidados
Redes de solidaridad a nivel de barrio para los ancianos que viven solos...
Pero, ¿cuántos municipios identifican a las mujeres ancianas que viven solas en sus barrios? ¿Cuántos producen soluciones para la crisis de soledad de los ancianos? Hoy en Turquía, una mujer jubilada, mientras mira por la ventana, es empujada lentamente fuera de la sociedad. El nombre de este silencio es tanto soledad como pobreza.
Porque una ciudad que prioriza al anciano es una ciudad que prioriza al ser humano.
Y ninguna estructura que no priorice al ser humano se mantiene en pie.
¿QUÉ HACER?
1. Las pensiones de jubilación deben reestructurarse según el índice de subsistencia mínimo.
2. Se deben crear paquetes especiales de ayuda al alquiler para los ancianos que viven de alquiler.
3. Se deben establecer "consejos de ancianos" a nivel municipal y sistemas de apoyo al cuidado basados en los barrios.
4. Se deben generalizar los servicios gratuitos de salud, cuidado y apoyo psicológico.
5. Se deben desarrollar modelos de empleo flexible basados en el voluntariado para los ancianos.
Y los destinatarios de todas estas demandas están claros:
- El gobierno central tiene la obligación de reestructurar el sistema de seguridad social.
- Los municipios son responsables de llegar a los ancianos, identificar a los que están solos y apoyarlos.
- La sociedad civil tiene la tarea de mantener el tema de la vejez en la agenda.
- Y nosotros, la de ser la voz de esta mayoría silenciosa...
ÚLTIMA PALABRA
La civilización de un país se mide por cómo viven sus ancianos.
Y hoy estamos suspendiendo ese examen.
Pero esta nota no es definitiva.
Si hoy cuidamos de nuestros ancianos, podemos construir una sociedad que cuide de nosotros mañana.
No abandonemos a nuestros ancianos a la soledad, la pobreza y el silencio.
Porque el espejo de una sociedad se esconde en las arrugas de los rostros de sus ancianos.
*ERKAN ERDEM*
Fuente de la noticia: 12punto
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