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Es fácil para una mujer trabajar, ¿por qué es tan difícil jubilarse?

Millones de mujeres sin seguro, sin protección, cuyos nombres ni siquiera aparecen en los registros... El activista Erkan Erdem escribe sobre el trabajo invisible del servicio doméstico...

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Es fácil para una mujer trabajar, ¿por qué es tan difícil jubilarse?

EL ACTIVISTA ERKAN ERDEM

En este país hay mujeres que se despiertan por las mañanas no para jubilarse, sino para limpiar. Porque sus nombres no figuran en los registros de la Seguridad Social (SGK). Sin embargo, sus cuerpos cansados se registran cada mañana en casas ajenas. Cada habitación limpiada, cada ventana fregada, es en realidad un fragmento de una vida que no consta en ningún registro laboral. ¿Puede una sociedad con casas tan impecables tener una conciencia tan sucia?

La historia de estas mujeres que el sistema "no ve" es la exposición no solo de un individuo, sino de toda una estructura.

EL ROSTRO VISIBLE DE UN TRABAJO INVISIBLE

La señora Hatice tiene 63 años. Entró por primera vez a limpiar una casa a los 17 años. Desde aquel día han pasado exactamente 46 años. Ningún empleador le dio un documento que acreditara su trabajo, ni se le pagó una sola cuota de seguridad social.

Si su marido tiene cobertura sanitaria, ella puede recibir tratamiento en el hospital. Si no, tendrá que pagar por su atención médica cuando enferme. Después de los 65 años, solo podrá recibir  una pensión de vejez de 4.664 liras turcas.

Según los registros del Estado, la señora Hatice es una "ciudadana" que no ha aportado nada a la economía de este país. Pero en realidad, trabajó durante años criando a los hijos de otros, limpiando sus casas y cuidando de sus ancianos.

Hoy en día sigue limpiando tres casas diferentes. Y lo hace siendo ya una mujer mayor. No tiene ahorros ni seguro social. Pero en el mercado laboral todavía se le considera "existente". Solo deja de existir cuando llega el momento de jubilarse.

Esto no es una historia. Es la vida de millones de mujeres que han sido excluidas del sistema.

TRABAJO DOMÉSTICO: NO ES EL DESTINO DE LA MUJER, SINO EL NOMBRE DEL OLVIDO INSTITUCIONAL

En Turquía hay cerca de un millón de trabajadoras domésticas. Estas mujeres no solo limpian; cuidan niños, acompañan a ancianos, preparan comida, limpian cristales, planchan, lavan ropa y hacen las compras.

Sin embargo, ante la ley del Estado, no son consideradas "trabajadoras" ni por un solo día. Porque su labor se clasifica como "doméstica". Porque este trabajo está codificado como "trabajo apropiado para mujeres". Porque este esfuerzo nunca ha sido entregado a la conciencia de los trabajadores de cuello blanco, sino a la ceguera del sistema.

El sistema de seguridad social excluye deliberadamente a estas mujeres. Si estas trabajadoras informales enferman, sufren una discapacidad o envejecen, el sistema solo les dice: "Tú no existes en mis registros".

Esto no es solo una cuestión de clase; es también una forma de exclusión sistemática basada en el género.

16 DE JUNIO, DÍA INTERNACIONAL DE LAS TRABAJADORAS DEL HOGAR: LA VOZ DEL TRABAJO NO REGISTRADO

El 16 de junio es el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar. Se estima que hay cerca de 76 millones de trabajadoras del hogar en el mundo. La gran mayoría son mujeres. Limpian casas, cocinan y se encargan del cuidado de enfermos, ancianos, personas con discapacidad y niños.

A pesar de producir tanto trabajo intenso, siguen siendo invisibles. No están en la categoría de trabajo, sino de "ayuda". Reciben un salario, pero no son consideradas trabajadoras. Se cansan, pero no tienen derecho al descanso. Se enferman, pero no tienen seguro médico.

Turquía aún no ha firmado el Convenio 189 de la OIT sobre las trabajadoras y los trabajadores domésticos, ni el Convenio 190 de la OIT sobre la eliminación de la violencia y el acoso en el mundo del trabajo.

La firma de estos dos convenios ya no es un favor, sino una obligación.

El 16 de junio debe dedicarse a todas las mujeres de este país que aún no pueden registrar su trabajo.

EL MUNDO LIMPIÓ, TURQUÍA BARRÓ LA SUCIEDAD DEBAJO DE LA ALFOMBRA

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) marcó un hito en este ámbito con el Convenio 189 preparado para las trabajadoras del hogar. Brasil garantizó este trabajo constitucionalmente. Filipinas promulgó una ley especial para el trabajo doméstico. Sudáfrica reconoció oficialmente los accidentes dentro del hogar como accidentes laborales.

Turquía, por su parte, aún no ha firmado este convenio. El Estado, al declarar el trabajo doméstico como un "ámbito privado", hace la vista gorda ante la explotación sin reglas de esta labor. Es decir, el problema no es de los individuos, sino una elección estructural. Y esta elección se mantiene a costa de hacer invisibles a millones de mujeres.

PEDIR SERVICIOS DE LIMPIEZA POR APLICACIONES: LA ANATOMÍA DE LA ESCLAVITUD DIGITAL

La tecnología ha avanzado, pero la explotación solo ha cambiado de forma. Hoy en día, las trabajadoras del hogar son contratadas por horas a través de aplicaciones.

Armutcom, elemanbul, Hizmetburada, etc.

Las mujeres no tienen nombre, no tienen identidad, no tienen seguridad social. Solo tienen puntuaciones y comentarios de clientes.

Si enferman, se cancela el servicio. Si se quejan, son expulsadas del sistema. Si no complacen al cliente, son eliminadas por el algoritmo.

 Cuerpos alquilados, trabajos temporales, inseguridad permanente.

Las trabajadoras del hogar no solo carecen de seguridad; a menudo son portadoras de un trabajo despreciado, regañado y humillado. El acoso laboral al que se ven expuestas en silencio es otra cara invisible pero dolorosa de este trabajo.

OFICINAS DE EMPLEO: LA DIRECCIÓN CLARA DE LA INSEGURIDAD

Una parte de las trabajadoras domésticas son empleadas a través de agencias de empleo en los barrios. Aunque estos lugares se presentan con términos como "cartera de personal de limpieza", en realidad son una de las formas institucionalizadas de precariedad.

Aquí, las mujeres son reducidas a un número de expediente. No hay seguro, no hay contrato escrito, no hay mecanismo para reclamar derechos. Si se retrasan, no las vuelven a llamar; si enferman, se espera que encuentren a alguien que las sustituya.

La duración, el salario y las condiciones del trabajo quedan a merced del empleador. El Estado no supervisa y los municipios ignoran la situación.

Resultado: las mujeres sobreviven con trabajos temporales, pero no pueden integrarse al sistema de pensiones ni por un solo día. Tienen que trabajar todos los días. Si no trabajan, no tienen ingresos. No tienen vacaciones, permisos ni días festivos; porque no tienen derechos.

“SI VAN A TRABAJAR TODOS LOS DÍAS, ¿POR QUÉ SON VÍCTIMAS?” 

Hay quienes dicen: “Las mujeres que limpian ganan mucho, van a trabajar todos los días”.

Sí, trabajan. Pero este trabajo no es seguro. No tienen seguridad social.

Si mañana enferman, el sistema las ignora.

Además, trabajan todos los días con detergentes fuertes y tocan productos químicos con las manos desnudas.

Con el paso de los años, desarrollan hernias discales, rectificación cervical y dolores musculares crónicos.

Pero ni el sistema de salud ni las leyes laborales las ven.

Muchas mujeres limpian a veces dos casas al día. Regresan a casa por la noche con el cansancio de quien gana un salario mínimo, pero sin derechos sociales.

Y lo más importante:

El derecho a un trabajo seguro no se basa en el juicio de alguien sobre si "ganan mucho", sino en la dignidad humana.

Hoy, una mujer que realiza trabajos de limpieza puede ganar buen dinero  pero si mañana enferma o envejece y no tiene a nadie a su lado, ni cuenta con seguridad social, significa que hay un problema grave.

La objeción a este sistema no surge del nivel de ingresos, sino de la ignorancia de los derechos.

Porque el problema no es solo el salario, sino la ausencia de justicia e igualdad.

UN TRABAJO QUE NO DEBE SER IGNORADO, SINO GARANTIZADO

Las trabajadoras del hogar no están en la informalidad por casualidad; han sido excluidas deliberadamente. Esto no es una deficiencia, es una elección. Y esta elección solo puede cambiarse con otra voluntad política.

La solución es clara:

1) Las trabajadoras del hogar deben ser incluidas en la ley laboral,

Los convenios 189 y 190 de la OIT deben ratificarse de inmediato,

2) Los municipios deben institucionalizar los servicios de cuidado con apoyo público,

3) Las empresas de plataformas deben ser supervisadas y el trabajo sin seguro debe prohibirse,

4) Se deben establecer cooperativas de trabajo femenino y recibir apoyo público.

Si todavía queda una pizca de conciencia en este país, se debe empezar por el lugar más contaminado: reconociendo el trabajo de las empleadas domésticas, registrándolo y garantizando su derecho a la jubilación.


Fuente de la noticia: 12punto